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David Trueba: "Ni siquiera una persona que lo tiene todo consigue ser feliz"

"La pérdida de empatía empobrece mucho la forma de vivir - "Vamos a ver si el nuevo Gobierno es capaz de trabajar, hay esperanza"

David Trueba.

David Trueba.

El río baja sucio es la última publicación de David Trueba, que combina en esta obra sus dos facetas más conocidas, como escritor y director de cine, incluso en sus viajes.

- En El río baja sucio trata muchos temas: la frustración, la corrupción, la pérdida de inocencia, la importancia de la naturaleza... ¿Dónde está su raíz?

-Surgió cuando vaciábamos una casa de vacaciones familiar. Había un cuadro, que aparece en el libro, una especie de holograma de La última cena de Da Vinci. Feísimo. Más tarde descubrí que era un premio que había conseguido mi hermana por sacar buenas notas. Era horrible, pero yo lo tenía muy asociado a mi juventud. En aquel momento dije que lo quería. De pronto, pensé, con estupefacción: ¿Y para qué querré yo este cuadro? A partir de ahí fueron surgiendo ideas y se fue trenzando la novela durante años.

- El relato se narra desde la mirada de un niño. ¿Cuánto ha tenido que desaprender para ello?

-Más que desaprender, tienes que volver a ver el mundo desde esa perspectiva. Creo que tenemos que hacerlo siempre. Tiene que ver con eliminar todo lo que crees que sabes y volver a tratar las cosas con una cierta pureza, borrar prejuicios, observar de una manera más directa las cosas. Es el gran reto, pero no solo en una novela en la que habla un adolescente, sino en todas: tratar de ser honesto y meterte en el personaje para ver la vida desde su perspectiva. Ser otro gracias a los personajes es un gran regalo para el escritor y el lector.

- Volviendo a su condición de adulto, ¿ha revisado alguna de sus convicciones?

-Sí. Siempre haces una proyección de ti mismo en los personajes. Pero intento hacerlo en la vida cotidiana. Tenemos cierta tendencia a juzgar de manera inmediata. La pérdida de empatía empobrece mucho la forma de vivir.

- ¿Por qué las preguntas de los más pequeños suelen dejar sin palabras a los adultos?

-Porque no hay respuesta. Crecer significa descubrir que aquellos adultos que son tus padres y que hasta ese momento tenían respuesta para todo, se quedan sin respuesta cuando las preguntas empiezan a ser más complejas. Y se dan cuenta de que no han sabido ni encontrarla en su propia vida. Hacerse adulto consiste no en pensar que tienes todas las respuestas sino en saber que hay muchas cosas que no la tienen.

- El paisaje de El río baja sucio es un pueblo que solía ser idílico, que se ha convertido en una "desventaja del progreso". Cuénteme más sobre esa idea.

-No todos los cambios son siempre para bien. Cuando vemos un barrio que era bonito, destrozado por nuevas construcciones, la culpa no es del progreso, sino de la forma del progreso. Lo mismo pasa con la naturaleza, cuando por avaricia se destruyen rincones que eran idílicos, llega el desasosiego. Te das cuenta de que nadie está libre de esa degradación.

- ¿Este nuevo Gobierno progresista implicará progreso?

-Pasar de tener una situación de ingobernabilidad a tener un Gobierno, ya es un progreso. Debe haber mucha gente que trabaja en la administración pendiente de esto. Lo peor que nos puede pasar es que la política se lo coma todo. Hay muchos elementos que no tienen ideología, sino que tienen que ver con el día a día. Cuanto más se tarda en ponerse en marcha peor es la situación. Algo es algo, hay un Gobierno después de mucho tiempo. Pienso que llega con retraso. Vamos a ver si son capaces de trabajar, hay esperanza en que así sea. Y eso no significa que no tenga que haber un control de la oposición.

- ¿Cómo ha vivido la situación política estos últimos días?

-Tengo la sensación de que los ciudadanos españoles se ríen del Gobierno de coalición, y no saben que probablemente esto va a tener que ser así en los próximos años. No va a gobernar un partido en solitario como ha pasado en los últimos 40 años. Y no puede ser que siempre estemos mirando por encima del hombro a los gestores, los gestores tienen que ser juzgados en igualdad. Pero lo de la coalición, como concepto, lo tenemos que ir aceptando.

- José Guirao ha sido sustituido por Rodríguez Uribes como ministro de Cultura. ¿Qué le parece el cambio?

-No lo conozco. Pero es filósofo, ¿no? Curiosamente el Ministerio de Cultura es uno de los menos dotados económicamente. Y por lo que se habla de ella en campaña electoral, se le da muy poca importancia. Hay que pelear por esa relevancia de la cultura española.

- ¿Seríamos un país diferente si se hablara más de cultura en la esfera política?

-Sí. Y también si la cultura estuviera más valorada en la calle. Pero no la cultura únicamente como expresión artística, sino como comportamiento, sensibilidad. Que la gente entienda que la cultura le va a ayudar a tomar decisiones correctas, a disfrutar de partes de la vida que se le escapan. ¿Destrozar lugares idílicos, romper la armonía de los barrios con nuevas construcciones? Todo esto forma parte de la cultura. Sin cultura no se pueden hacer bien esas cosas.

- ¿Siente nostalgia por la vida de antes, más conectada con la naturaleza, con cabañas y bicis?

-No soy una persona nostálgica. Pienso que las grandes ciudades hacen que las personas tengan muy poco contacto con la naturaleza. Y la naturaleza, en su crueldad o en su generosidad y belleza, nos enseña muchas cosas. No se puede observar el ciclo de la vida a través de ella si tienes un bloque de cemento delante. Eso me apena de nuestra forma de vivir, creo que la gente ha perdido algunos placeres de la vida, aunque haya ganado otros. Pero cuidado, que los que pierde los está perdiendo para siempre.

- Un personaje adulto tiene la sensación de haber tirado los mejores años de su vida a la basura. ¿Cómo nos han enseñado a vivir para sentir esa frustración?

-Nos han enseñado que el final lo condiciona todo. En nuestras relaciones y vivencias con otras personas tenemos que hacer el ejercicio de valorar todo el tiempo y no solamente el final. Las cosas no son ni un éxito ni un fracaso, forman parte de un proceso. Esa impotencia para aceptar que las cosas no son solo su conclusión es lo que nos hace enormemente infelices y desgraciados.

- La frustración está al orden del día.

-Alguien muy inteligente nos ha puesto a competir. No una persona, sino una forma de explotación del sistema. Nos empuja a la competición en lugar de recordarnos que aquí hemos venido a ayudarnos, a darnos placer. Ni siquiera una persona que lo tiene todo consigue ser feliz, porque hay algo que le dice que no es suficiente.

- Si el río es la vida y el río baja sucio, ¿cuál tendría que ser nuestra actitud?

-No contribuir a esa suciedad, porque ya hay suficiente. Es una solución muy modesta, pero es la única que hay.

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