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Nieves Herrero: "Pilar de Valderrama vivió encerrada en la nostalgia del amor por Antonio Machado"

"Los idilios prohibidos están condenados a ser eternos, siempre permanecen, intactos de fuego y pasión"

Nieves Herrero. // Luis Malibrán

Nieves Herrero. // Luis Malibrán

Si en "Lo que escondían sus ojos" Nieves Herrero relataba la pasión secreta de Sonsoles de Icaza, esposa del marqués de Llanzol, y Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco; en "Esos días azules" la escritora madrileña se adentra en la relación prohibida entre Pilar de Valderrama, la musa de Antonio Machado, quien desveló ya en su vejez que ella fue la Guiomar que inspiró versos inolvidables del poeta.

-Flaubert: "Madame Bovary soy yo". ¿También usted se mimetizó con Guiomar?

-Yo no soy Guiomar, no he llegado a mimetizarme con la protagonista de mi novela hasta el punto de no saber dónde acaba ella y dónde empiezo yo. Lo que sí he hecho ha sido empatizar con ella, situándola en su tiempo: una mujer de principios de siglo. Como persona, admiro a ese grupo de mujeres que pertenecían al Lyceum Club, donde consiguieron reivindicarse a sí mismas y pelear por sus derechos.

-De evocar una historia de amor (imposible) de un ministro franquista a otra (imposible) de un exiliado de Franco. ¿Las ideologías no entienden de amor o el amor no entiende de ideologías?

-Prefiero pensar que el amor no entiende de ideologías. Ellos dos estaban en las antípodas, ella monárquica y él republicano. Eran dos espíritus solitarios unidos por la poesía. El amor y el arte consiguen unir a personas dispares que conectaron con la pasión por la literatura y la belleza.

-¿Pilar de Valderrama fue una víctima de su tiempo por ser una adelantada a él?

-A las dos cosas contesto que sí. Fue una víctima de su tiempo. Una mujer que tuvo que vivir aprisionada en un matrimonio roto por las infidelidades de su marido. Por encima de todo fue madre y aguantó esa situación por su familia y por el escándalo que hubiera supuesto huir con otro hombre abandonando a sus hijos. Y, por otra parte, fue una adelantada a su tiempo sabiéndose enfrentar al mundo tan convencional al que pertenecía. Era muy activa a nivel intelectual y le gustaba romper moldes.

-¿Dónde empieza la ficción y dónde termina la realidad en su obra?

-Hay más realidad que ficción en esta novela que trata de reflejar el último capítulo de la vida de Antonio Machado. Pilar de Valderrama ocupó ese último tramo de su vida y ahí están las cartas de puño y letra de Antonio Machado dirigidas a ella. He novelado la realidad que quiso dejar por escrito esta poetisa antes de morir. Pilar, para asombro de sus hijos, confesó que su verdadero amor fue Machado y que ella era la auténtica Guiomar. No quiso llevarse a la tumba el mayor de sus secretos: su amor incondicional por el poeta sevillano.

-¿La dama se ha convertido en la defensora de lo indefendible? ¿Pilar, de derechas, monárquica y católica, sería hoy una ferviente feminista?

-Pilar se convirtió en la defensora de lo defendible, su amor por el poeta. Además, a lo largo de su vida tuvo que enfrentarse a muchas situaciones arcaicas derivadas de la época. No estaba bien visto escribir y se tuvo que enfrentar a su marido, a los editores, y a la propia sociedad. Desafió los convencionalismos de la época donde tampoco estaba bien visto que una mujer anduviera sola por la calle. Ella se atravesaba todo Madrid para quedar furtivamente con su poeta. Eso, aunque no lo creamos, ya era todo un desafío. Al final, en esta novela no dejo de narrar algo universal: un amor prohibido entre un hombre y una mujer. Ella, no sé lo que sería hoy, pero sí sabemos lo que fue: una mujer que peleó junto a otras de su generación, de diferentes ideologías por cierto, por los derechos de las mujeres.

-¿Qué pensaría Machado de la situación política actual?

-Yo creo que Antonio Machado seguiría siendo crítico con las esferas políticas y como los coetáneos de la época (Ortega, Unamuno, Marañón) se apuntaría al "no es esto, no es esto".

-¿Qué momento de su novela le pone los pelos de punta al releerlo?

-El final de la novela. Al releerlo no deja de recorrerme un escalofrío. Me hubiera gustado ponerle otro final, pero ahí la propia historia mandaba. Me encantará poder compartir con los lectores la vida de ambos.

-¿Qué le dice la mirada de Pilar en las fotografías?

-La mirada de Pilar que cualquiera puede ver en las fotografías del libro habla de soledades, de infelicidad, de una mujer atrapada por la circunstancia que le ha tocado vivir. Es la mirada de alguien que está pidiendo que la rescaten del abismo.

-¿Cómo era ese tercer mundo imaginario con Machado?

-"El tercer mundo" de Machado y Valderrama era ese mundo imaginario en el que se sentían completamente libres para hacer y decir lo que querían. Decía Machado que se estaba volviendo loco de dedicarle más tiempo al tercero que al primero. En el mundo corriente tenían mil impedimentos para verse y, sin embargo, en el tercero eran libres para verse y amarse. Los dos a las doce de la noche, pensando uno en el otro, eran espíritus libres de imaginar lo que la propia vida les impedía hacer.

-¿Hubo conocimiento carnal entre ambos?

-Esta es la pregunta del millón. Ese secreto se lo llevaron a la tumba. Los estudiosos de ambos dicen que no. Sin embargo, la nieta de Pilar de Valderrama, Alicia Viladomat, me expresó sus dudas: "Mi abuela y Machado... Nunca sabremos a ciencia cierta qué pasó". Por lo tanto, nos dejaremos llevar por lo que contó el propio Machado en alguno de sus poemas: "Y en la tersa arena / cerca de la mar, / tu carne rosa y morena, / súbitamente, Guiomar"? O cuando dice el poeta: "En el nácar frío de tu zarcillo en mi boca, / Guiomar, y en el calofrío / de una amanecida loca?".

-Machado murió pronto, "cada día más triste y más loco"; ella vivió décadas sin él. ¿Fue una vida atormentada por ello?

-Sí, ella fue muy longeva, murió en el año 1979. Ahora se cumplen 40 años de su muerte. Vivió atormentada pensando que la historia de su amor secreto se apagaría tras su muerte. Por ese motivo, dejó por escrito unos folios que posteriormente publicaron sus hijas bajo el título: "Sí, soy Guiomar". Quería que todo el mundo supiera que ella fue el último amor de Machado.

-¿Los amores prohibidos están condenados a ser eternos?

-Sí, los amores prohibidos son los que siempre permanecen, intactos de fuego y pasión. Creo que vivió Pilar con un recuerdo idealizado de los ocho años que duró esa relación medio epistolar, medio furtiva, desafiante y, en cualquier caso, apasionada? Solo hay que leer las cartas que están en la Biblioteca Nacional dirigidas a Valderrama. En el libro reproducimos una para que quede constancia de ello. Como dices, estos amores están condenados a ser eternos.

-La imagino llorando al escribir "Sí, soy Guiomar".

-Pilar lloró mucho, era muy sensible, aunque en sociedad pareciera todo lo contrario. Fue una mujer que se enamoró en silencio del hombre al que más admiraba como poeta. Vivió siempre encerrada en la nostalgia del amor que sintió por él y que se truncó tan pronto. Yo escribiendo sus vidas confieso que también lloré. Es como si las lágrimas tuvieran vida propia. Me era imposible pararlas. Será difícil escribir una novela tan bonita como esta.

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