27 de septiembre de 2019
27.09.2019

¿Por qué se oye el mar en las caracolas?

La mitología dice que guardan el sonido de las olas en su interior, pero, ¿qué ocurre en realidad?

27.09.2019 | 09:48
¿Por qué oímos el mar en las caracolas?

¿Quién no se ha puesto una caracola en la oreja para evocar el sonido de las olas? ¿Cómo es posible que escuchemos el mar a través del caparazón de un molusco? En realidad, se trata de una sensación creada por nuestro cerebro, que nace de una ilusión acústica.

Lo que escuchamos exactamente en el agujero de la concha es un murmullo que nos recuerda al sonido del mar, ya que es un sonido que va y viene, fluctuante, como las olas. Ese ruido se produce porque en el interior hay aire vibrando.

Los sonidos se propagan mediante ondas, a través del aire, el agua u otros materiales (madera, acero, vidrio€). Cuando éstas chocan con los objetos, se dividen en tres: una onda traspasa el objeto, otra hace vibrar el objeto y la última onda sale rebotada y continúa en el exterior del objeto.

Se trata de una sensación creada por nuestro cerebro, que nace de una ilusión acústica

Por tanto, las ondas pueden entrar en contacto con otro objeto y hacerlo sonar. De hecho, dichas ondas hacen vibrar nuestro tímpano del oído y por eso somos capaces de oír diferentes ruidos.

Las caracolas son cajas de resonancia

Las caracolas son incapaces de producir sonidos, sin embargo, sí pueden reproducirlos como si fueran un potente amplificador o altavoz, gracias a una fuente que sí lo haga como, por ejemplo, el ambiente.

Shutterstock

En el caso de la caracola, cualquier alteración a su alrededor hace vibrar el aire contenido dentro del caparazón y refuerzan algunas frecuencias. Ya sea alguien hablando cerca, o incluso un soplo€ estas perturbaciones golpean suavemente el exterior de las paredes de la caracola.

Debido a que las perturbaciones externas son fluctuantes, el resultado que oímos en la caracola es parecido al que emiten las idas y venidas de las olas del mar. En realidad, no se oye el sonido del mar, pero lo imaginamos; es una especie de ilusión acústica, producida por nuestro cerebro.

Desde el punto de vista romántico, las caracolas guardan en su interior el sonido de la playa. Sin embargo, este ruido lo podemos obtener por otras vías, por ejemplo, a través de un vaso. En realidad, cualquier objeto mediano que esté semicerrado y rígido provoca un efecto amplificador, de la misma manera que lo hace la caracola.

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