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Antonio Martínez Ron: "Solo somos un chispazo fugaz en la eternidad"

"La ciencia demostró que la experiencia humana tiene un sustrato material, un puñetazo a vendehúmos paranormales"

Ron. // J.L. Roca

Ron. // J.L. Roca

Ha colaborado como divulgador científico en Radio Nacional, Cadena SER, Onda Cero y La 2 y ha publicado títulos como "El ojo desnudo" y "Papá, ¿dónde se enchufa el sol?". Ahora, reúne un centenar de historias publicadas en esos medios en el libro "¿Qué ven los astronautas cuando cierran los ojos?" (Crítica).

- ¿Busca en la ciencia la respuesta a alguna pregunta trascendente?

- La verdad es que no, a mí lo que me engancha es el camino de la sorpresa, encontrarme con una historia que me hace saltar de la silla y preguntarme: "¿Cómo es posible?". Y resulta que en ciencia abundan esos historiones que atrapan más que una novela.

- Como la que da título a su libro.

- Dígame si no es fascinante: en el primer viaje a la Luna, los astronautas empezaron a ver chiribitas al cerrar los ojos y años más tarde se descubrió que eran los rayos cósmicos previstos por el físico Víctor Hess en 1921. O la historia de Thomas Harvey, que robó el cerebro de Einstein y lo tuvo 20 años en un bote en la cocina de su casa. O el caso de Neil Davis, que ideó un sistema para provocar auroras boreales en Alaska y los soviéticos lo confundieron con un ataque nuclear. ¿Y qué me dice de los que intentaron crear un repositorio de semen de premios Nobel para fabricar una generación de genios?

- ¿Nos fascina lo que no entendemos?

- Nos fascina el proceso de entender, ese momento en el que las piezas del puzle encajan. Está comprobado: en ese instante se produce una descarga de dopamina en el cerebro y se activa el circuito de la recompensa. Es universal, lo sentimos todos cuando resolvemos un sudoku, entendemos una explicación matemática o acertamos una pregunta de "Saber y ganar". Ese mecanismo nos hace adictos al deseo de comprender.

- ¿Somos unos yonquis de darle al coco?

- Desde la cuna. En el MIT hicieron experimentos con niños pequeños exponiéndolos a dos tipos de juegos, uno cuyo funcionamiento conocían y otro que no, y ellos buscaban los juegos cuyas instrucciones desconocían y desechaban los que ya entendían. Algunos estudios aseguran que ese circuito neuronal de recompensa fue lo que nos hizo avanzar en la evolución hasta llegar a lo que somos. Más que la curiosidad por hacernos preguntas, lo que nos convirtió en humanos fue el placer que sentimos cuando encontramos las respuestas.

- ¿Aunque lo hagamos con un órgano como el cerebro, que a menudo nos engaña?

- No comparto esa afirmación. En realidad, el cerebro no nos engaña, porque entonces se engañaría a sí mismo, pero en ocasiones, para sobrevivir, saca conclusiones que pueden ser erróneas. En la evolución nos fue de gran ayuda identificar el patrón de manchas negras sobre fondos amarillos con la presencia de un tigre, pero a veces solo era un efecto óptico. Nos fascina descubrir nuestra propia tara porque nos permite comprobar que lo que vemos no es la realidad, sino la interpretación que nuestro cerebro elabora a partir de nuestras percepciones.

- Quién lo diría, con lo seguros que solemos estar de lo que vemos.

- Creemos que el mundo gira a nuestro alrededor y que podemos entenderlo todo. En realidad, somos unos pobres diablos abandonados en un rincón de la galaxia dotados de unas capacidades limitadas que nos impiden comprender todo lo que vemos.

- ¿También de comprendernos a nosotros mismos?

- Antes habría que aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de nosotros mismos. Pacientes con lesiones cerebrales han cambiado radicalmente su carácter y la concepción que tenían de ellos. Entonces, ¿qué somos? Solo un amasijo de células rodeadas de impulsos nerviosos. Deberíamos rebajarnos los humos, no somos almas etéreas que vagan eternamente por el universo, solo somos un chispazo fugaz en medio de la eternidad.

- Más de uno se va a sentir decepcionado con esa definición.

- La ciencia ha demostrado que la experiencia humana tiene un sustrato material. Esto es un puñetazo contra todos esos vendehúmos y programas de fenómenos paranormales que cuentan como misterios situaciones fácilmente explicables. Por ejemplo, las experiencias cercanas a la muerte. Quienes han estado a punto morir y finalmente se han salvado coinciden en describir sensaciones místicas. En realidad, solo han sentido los efectos de someter a sus cerebros a estados de hipoxia. Ese túnel blanco que dicen ver no es una puerta al cielo, sino una creación de sus neuronas tras pasar un cierto tiempo sin recibir aporte de oxígeno.

- ¿Ve al hombre colonizando el universo?

- Ojalá, pero las distancias en el espacio son tan grandes que seguramente nos extinguiremos antes de llegar a la estrella más cercana. Los astrónomos sostienen que hemos aparecido en una época benigna en la historia del universo y que es posible que haya por ahí otras civilizaciones distintas a la nuestra, pero dadas las dimensiones del espacio-tiempo, veo difícil el encuentro. Fíjese qué drama: no solo estamos solos, sino que es posible que no seamos los únicos que están solos.

- ¿Le preocupa el mundo que le va a dejar a sus hijos?

- Lo que más me inquieta es la escalada de irracionalidad en la que hemos entrado. Hemos colonizado el planeta por encima de nuestras posibilidades y del propio planeta, pero lo más terrible es que, en ese escenario tan delicado, la gente se está echando en manos de los peores instintos. Por eso es tan importante defender el uso de la razón, de la ciencia y del pensamiento crítico.

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