18 de septiembre de 2019
18.09.2019
Publica un libro dirigido a los jóvenes interesados en la música clásica

James Rhodes: "Después de Londres, España es para mí como Disneylandia"

El artista británico asegura que estudia solicitar la nacionalidad española, sobre todo tras el brexit - Su "Playlist" es "un trampolín a un mundo nuevo" que a él le "salvó la vida"

18.09.2019 | 01:32
James Rhodes, con su libro "Playlist", ayer en Madrid. // Paco Campos

La forma en que relató los abusos que sufrió de niño y cómo la música le mostró un mundo que merecía la pena vivir convirtieron al pianista James Rhodes en un gurú de la divulgación cultural. Con una nueva obra que abunda en esa línea, cuenta cómo España ha tenido un efecto balsámico similar.

"Después de Londres, España es para mí como Disneylandia, tiene una calidez muy rara. Estoy honrado de compartirla y siento que tengo una nueva familia aquí", ha señalado el artista británico este martes, tras anunciar que estudia solicitar la nacionalidad española, sobre todo tras el brexit.

Provisto de sus gafas de gruesa montura negra, zapatillas de colores, el pelo cano despeinado y expresiones coloquiales como "más chulo que un ocho", Rhodes (Londres, 1975) ha reconocido que "sería maravilloso" tener el pasaporte del país en el que reside desde hace ya dos años. "Pedro Sánchez, ¡no me mandes de vuelta, por favor!", ha pedido, tirando del mismo tono cómico y cercano con el que aborda su tercer libro.

El autor de "Instrumental", al que siguió un manual sobre cómo aprender a tocar el piano de manera fácil, insiste en "Playlist" (Planeta) en su idea de restituir la música clásica a un lugar central en nuestras vidas a través de siete compositores fundamentales, humanizados en sus virtudes y defectos.

"Es el libro que me habría gustado leer de niño, pero entonces no existían, y estoy muy orgulloso de él, del que más", asegura.

Su punto de partida, cuenta a Efe, es que es falsa la idea de que para disfrutar de la música clásica "necesitas ser muy rico y educado, porque es alta cultura". "¡Qué chorrada!", protesta.

Desde esa óptica ha escrito un libro que es "una celebración de la música", con el lenguaje "ligero" de los adolescentes pero concebido "para todo el mundo", como "un trampolín a un mundo nuevo" que a él le "salvó la vida".

"Entendí que este no era un mundo tan horrible si contenía esta parte hermosa, como un rayo de luz, y no solo me pasó a mí, también a muchos otros niños que sufren bullying o maltrato familiar", dice, antes de denunciar que "la educación musical está en crisis" porque "los niños no votan" y a los políticos les da igual.

Desde Bach y por riguroso orden cronológico ("soy un tiquismiquis", apunta), Rhodes repasa "los autores más chulos" de la historia y recuerda cómo "abusaban del alcohol, se metían en peleas, ligaban con las gruppies y pillaban enfermedades como sífilis".

"En lugar de lanzar televisiones por las ventanas de los hoteles, se lanzaban ellos. Eran como auténticas estrellas de rock", opina ante un libro al que ha dado el sobrenombre de "Rebeldes y revolucionarios de la música".

El órdago de Mozart

Así cuenta el órdago que lanzó Mozart cuando compuso "Las noches de Fígaro" (amenazó con prenderle fuego a la partitura) y cómo su genio le permitía escribir notas sin tachones ni vacilaciones, con un nivel de producción tal que es como si "Serrat o Calamaro hubiesen escrito seis discos al año".

También describe lo que la música significaba para ellos, en algunos casos una forma de sobreponerse a la pérdida continua en la que se había convertido sus vidas, en otros un método de empoderarse frente a la marginalidad, especialmente en el caso de Beethoven, su favorito. "Hay pocos momentos en la historia en los que puedas decir que hubo un antes y un después, ya fuese la penicilina o la electricidad. También con la 'Sinfonía Heroica'. Adiós a la música clásica, hola a la romántica, como un golpe en la cara", destaca.

Es el carácter rupturista que aprecia en autores contemporáneos, como el "Bohemian Rhapsody" de Queen. "Existe una línea desde Bach hasta Rosalía y, si pudiésemos enseñárselo a los niños, sería muy chulo. Sobre todo es muy triste que haya muchos chicos que nunca hayan escuchado una orquesta", lamenta.

"Este es el libro que me habría gustado leer de niño, pero entonces no existían, y estoy muy orgulloso de él, del que más", afirma.

Lo más duro, la decisión de qué autores dejar fuera. "Cómo elegir a qué hijo quieres más", explica, antes de calcular las opciones de escribir un segundo volumen que incluya a Brahms, Shostakóvich, Tchaikovski, Lizst... "o Schubert, ¡coño!", exclama.

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