María Vázquez se mueve cómoda entre televisión y cine, tanto en Galicia como fuera de sus fronteras. Es Julia en la nueva película de Paco Plaza, Quien a hierro mata, que llega hoy a los cines gallegos tras un preestreno ayer en A Coruña al que también acudió Luis Tosar, protagonista de la cinta. Las heridas del narcotráfico en Galicia sirven como telón de fondo para un thriller en el que el deseo de venganza por los traumas del pasado es el indiscutible hilo conductor.

- ¿Qué fue lo que te atrajo de interpretar a Julia, su personaje en Quien a hierro mata ?

-Me gustó mucho la historia por dos motivos. En primer lugar, porque habla del otro lado del narcotráfico, de lo que destruye, la cantidad de familias que pulverizó y me pareció muy interesante. Era otro punto de vista, ya que veníamos de otras historias sobre el narcotráfico gallego, era el contrapunto en todo ese mundo de oscuridad, que era un mundo muy masculino, la parte femenina era importante y le daba la otra cara a la historia. Luego el final, me pareció muy impactante y pensé, qué bonito hacer eso.

- Sin spoilers . ¿Se esperaba ese desenlace para su personaje?

-No, para nada. Y viendo la película, a medida que avanza, tampoco me lo espero.

- Su personaje, como esposa de Mario, tiene gran importancia pese a no ser principal. ¿Cuál cree que es su principal función en la trama?

-Su función es mostrarle lo que él tiene ahora, lo tiene todo, tiene una vida normal, buena. Tiene mujer, esperan un hijo, y están enamorados. Mario tiene un enganche al pasado que no le deja vivir el presente. Ella le muestra todo el rato que está ahí para él, para que se olvide, y él es incapaz. Pasa mucho en la vida, no hacen falta casos tan extremos, pero nos pasa que miramos demasiado al pasado, y no valoramos lo que tenemos.

- Hay una escena de un parto real en la película, en la que está insertada su cara. ¿Cómo consiguió combinar sus expresiones faciales con el cuerpo?

-He parido dos veces, eso me facilitó bastante la situación. Era raro porque tuve que ver mucho lo que ella hizo, cada parto es un mundo. Luego Paco [Plaza] quería algo más cinematográfico. La chica tuvo un parto estupendo, más relajado que el personaje. Eso fue lo difícil, que encajase con todo lo que había pasado, estar yo más fuerte pero que encajase con ella. Me resultó más fácil porque yo ya había parido, Luis [Tosar] también es padre, entonces fue como revivir eso, el ginecólogo también era un ginecólogo real. Es tirar de lo sensorial, el cuerpo al final recuerda.

- Quien a hierro mata trata un tema hasta hace poco tabú como es el narcotráfico en Galicia. ¿Cree que ese tabú empieza a romperse?

-Sí, creo que sí. Somos un país de mucho callar, por eso ese silencio ha durado tantos años, se dice que si el narcotráfico sigue, de alguna manera es por esta cultura del silencio y porque no estaba del todo mal visto. Esas cosas impedían un poco meterse con gente que tenía cierto poder, de hecho cuando se estrenó la serie Fariña se vio, hubo denuncias, llamadas telefónicas... no es un tema del que a la gente le gusta mucho que se hable, los políticos estaban metidos y contar eso, ya ves. Me parece increíble, es algo que como quien dice pasó ayer. El narcotráfico en Galicia realmente es una mina, se puede contar desde muchos puntos de vista que hoy en día no se han contado. La película es un thriller pero se cuenta el otro lado, se puede explorar mucho más.

- No es un tema nuevo para usted, que ya participó en Fariña .

-Sí, yo estoy en todas. Tuve un papel pequeñito en Fariña, también entro en la segunda temporada de Vivir sin permiso, y estoy ensayando la versión teatral de Fariña. No sé si me estaré encasillando en el narcotráfico.

- Son visiones totalmente diferentes. Fariña fue criticada por glamurizar a los narcotraficantes. ¿Cree que debería imperar la versión de los estragos?

-Gerardo Herrero hizo ya una película aquí, Heroína, contando ese lado. Es un poco inevitable, no es que fueran héroes ni muchísimo menos, pero sí que eran gente muy bien vista en sus pueblos en general, y eso también es lo que cuenta la serie. Cualquiera, aunque fuera buena persona, se metía ahí y la gente del pueblo lo veía como un vecino, no como un monstruo. Poco a poco se fueron viendo los destrozos que hizo, pero refleja el lado de esos personajes, que lo vivieron de esa forma. Está bien que cada uno lo cuente desde el punto de vista que quiera, todos son bienvenidos. Es ficción, al fin y al cabo.

- El hilo conductor del argumento es la lacra que aún supone la droga en Galicia pasados tantos años. ¿Cree que se ajusta a la realidad actual?

-Yo creo que sí. Hace poco veía el documental Ni locas ni terroristas, sobre las madres. Claro, se les murieron sus hijos, a Mario se le muere su hermano. Es algo que no se te va a pasar nunca. Te arrebatan mucha vida, no es al que matan, a la madre le arrebatan un hijo, a los hermanos? es terrorífico. Eso perdura hoy día, y yo creo que para siempre.