26 de agosto de 2019
26.08.2019

Lucrativos pajarillos

Película técnicamente notable, que recupera a los protagonistas del popular videojuego

26.08.2019 | 02:16
Una secuencia de "Angry Birds 2: la película". // FdV

La gallina de los huevos de oro es roja y vuela a toda pastilla. La primera entrega de "Angry Birds", estrenada en 2016, fue un éxito bastante notable, que cobró mayor realce al lograr un triunfo en un terreno en el que Hollywood siempre ha patinado: la adaptación al cine de grandes éxitos del videojuego. Un terreno resbaladizo en el que, solo en los últimos años, se han atascado grandes producciones como "Prince of Persia", "Assassin's Creed" o la, por otro lado notable, adaptación de "Warcraft". Pero allá donde fracasaron esas propuestas, a priori con mayor atractivo para el aficionado a los videojuegos, logró imponerse la adaptación del adictivo juego de puzzles en el que los pajaritos kamikazes que tratan de demoler las estructuras erigidas por una banda de cerdos.

La primera entrega, con un tono bien medido para un público familiar, con chistes dirigidos a los niños y un ritmo lo suficientemente ágil para que sus padres no se durmiesen en las butacas, logró hacerse un hueco en la cartelera y abrió la espita para esta secuela que, tres años después, trata de reeditar aquel éxito.

Esta segunda aventura de los lucrativos pajarillos diseñados por Rovio parte de una estrategia tradicional de las secuelas, como es la aparición de un nuevo y poderoso enemigo que lleva a dos antiguos y enconados rivales a aliarse para mantener el statu quo precedente. En este caso, el villano en cuestión es Zeta, reina de una isla helada -lástima no disfrutar del diálogo original, a cargo de la cómica Leslie Jones- que llega al idílico archipiélago de las aves y los cerdos buscando nuevos horizontes.

Partiendo de esta sencilla premisa, "Angry Birds 2: la película" juega con inteligencia sus bazas, insistiendo en combinar los chistes para niños -aunque incorporando alguna referencia velada para disfrute de los adultos- con un ritmo muy ágil, frenético por momentos, con el que logra esquivar el aburrimiento.

Técnicamente notable -aunque sin alcanzar la distinción de Pixar o el encanto en el diseño de Dreamworks- "Angry Birds 2: la película" aspira a hacerse un hueco en el competidísimo panorama de la animación contemporánea, y lo hace jugando sus propias bazas. Una película, en definitiva, que gustará a su público objetivo, los pequeños de la casa, y que resultará lo suficientemente amena y ágil para que los mayores estén entretenidos la hora y media que dura la función.

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