11 de agosto de 2019
11.08.2019

El regreso del cabestrante viajero

El Museo Massó de Bueu adquiere una pieza del siglo XVIII hallada en Burela y que pasó por las manos de varios coleccionistas ingleses

11.08.2019 | 03:10
El cabestrante, junto a una bitácora y un telégrafo de máquinas.//G.N.

La Sala Noble del Museo Massó de Bueu cuenta con un nuevo y llamativo invitado. Se trata de un cabestrante de ancla que se puede fechar en el siglo XVIII, una pieza que se encontró en su día en Burela. Las dificultades para localizar un elemento de estas características llamase la atención de anticuarios especializados en Inglaterra, desde donde acaba de regresar a Galicia. "Resulta excepcional recuperar una pieza del siglo XVIII, procedente de un desguace efectuado en su momento y, por lo tanto, no sometida al deterioro de los fondos marinos", explica la directora del Museo Massó, Covandonga López de Prado.

El cabestrante tiene una altura de 120 centímetros, el diámetro de la parte inferior es de 63 centímetros y el de la superior de 66. Está fabricado en madera de teca y cuenta con seis aberturas cuadrangulares, numeradas con números romanos, para introducir las barras con las que se hacía girar el cilindro para recoger el ancla. Según el informe de adquisión, por su porte y número de barras se deduce "sin ningún tipo de duda" que formaba parte de una goleta o un bergantín.

La pieza fue encontrada en 1995 en la buhardilla de una antigua conservera de Burela. Fue rescatada por Julio César Barrionuevo, que la traslada a su vivienda. Posteriormete la vende a un coleccionista inglés llamado Peter Laurie, con un establecimiento en Greenwich, y especializado en antigüedades náuticas. Laurie restaura "con muy buen criterio" el cabestrante, sin alterar la pátina inicial, y luego lo vende a un coleccionista del sur de Inglaterra por una "elevada cantidad". La azarosa trayectoria de este elemento náutico continúa en 2015, cuando reaparece en una subasta generalista en Plymouth. Aparece de nuevo en una subasta de decoraciones de jardines en 2018, donde fue adquirido por un local de Ferrol, volviendo así a Galica. Y ahora, al Museo Massó.

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