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Las claves de la evolución

"Si algún día se diseñan seres humanos será por criterios de utilidad"

El paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga no cree en la inteligencia artificial pero apuesta por la informática para entender el ser humano y otros sistemas complejos

El paleontólogo Juan Luis Arsuaga trata de explica los orígenes de la vida.

El paleontólogo Juan Luis Arsuaga trata de explica los orígenes de la vida. Universidad de Zaragoza

"Todos nos hacemos 'la gran pregunta' y todos nos la tenemos que contestar. Eso es, precisamente, lo que nos hace humanos: la necesidad de preguntarnos por qué estamos aquí", defiende con fervor Juan Luis Arsuaga (Madrid, 1954), director científico del Museo de la Evolución Humana de Burgos y uno de los mayores divulgadores de paleoantropología de nuestro país.

Y precisamente eso es lo que ha tratado de explicar en 'Vida, la gran historia', un libro que invita a recorrer los grandes descubrimientos científicos que arrojan pequeños destellos de luz sobre el origen de la vida en la Tierra, hace unos 4.000 millones de años, hasta hoy.

Impulsor de la Fundación Atapuerca y galardonado con el premio Príncipe de Asturias por su trabajo como codirector del equipo de investigación de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca, hace un receso entre palada y palada para charlar con nosotros. "Vengo de allí ahora mismo. Estamos excavando nuevos yacimientos de otros periodos que no conocíamos, a ver qué puede salir", cuenta ilusionado Arsuaga, que en 1992 descubrió el cráneo humano más completo del registro fósil de la humanidad, el cráneo número 5, perteneciente al Homo heidelbergensis, antepasado de los neandertales.

-¿Qué tenemos en común con Luca, Ardi o Lucy, algunos de nuestros ancestros a los que la ciencia ha puesto rostro y nombre?

-Tenemos mucho en común, más del 98% de los genes. Lo que tenemos de diferente los Homo sapiens es la autoconciencia, la conciencia de uno mismo.

Juan Luis Arsuaga lleva décadas estudiando la evolución humana.Javier Trueba

-¿Ellos no la tenían?

-No. Un chimpancé está en el límite y nosotros vamos mucho más allá, tenemos incluso la capacidad de penetrar en la mente de otros, sobre todo si lo que queremos es vender un producto.

-A pesar de todos los avances científicos que ha habido hasta ahora, ¿cree que el ser humano se siente igual de perdido que hace 3.500 millones de años, cuando apareció la raza humana?

-Bueno, ahora estamos más perdidos que nada. Hasta hace muy poco, no se tenían grandes problemas existenciales. Llevábamos nuestra vida sin grandes expectativas, pero también sin grandes preguntas. A misa los domingos, reuniéndonos en bautizos, bodas y funerales... Todo previsible. Una vida sin grandes angustias, si quieres plana, pero es lo que había. En cambio, el pasado siglo XX es el del existencialismo. La duda existencial es la demostración de que ya no tenemos certezas. El mundo ha cambiado.

-Pero desde Tales de Mileto, el primer filósofo conocido en Occidente, nacido en el año 526 antes de Cristo, la filosofía ha tratado de dar respuestas a estas preguntas...

-Sí, los griegos sí le daban vueltas al asunto de qué hacemos aquí. Yo soy de la línea de Demócrito, Epicuro y el romano Tito Lucrecio Caro, que ya plantean todas estas cosas del sentir, de la existencia y se preguntan si estamos aquí por casualidad. Sí, ha habido unas élites angustiadas y preocupadas, pero luego estaba la mayor parte del pueblo, que vivía su existencia sin grandes tensiones vitales porque les daban los problemas resueltos. No fue hasta el siglo pasado, cuando la gente de pronto se quedó sin certezas en un mundo violento sacudido por las grandes guerras, dando paso a muchísimas inseguridades.

-En la actualidad, ese existencialismo ¿puede estar de capa caída?

-Una vez abierta la caja de los truenos ya no se puede cerrar. El existencialismo es la filosofía del siglo XX, básicamente. Hay un poco de epistemología, es decir, de la filosofía de la ciencia, aparecen Sartre, Camus, Ortega y Gasset, Unamuno o Gustavo, que hablan de la angustia, el existencialismo, el sentido... porque es el siglo donde se quedan todos estupefactos al ver caer todas las certezas. Se empieza con la Teoría de la Evolución, se pierde la creencia en Dios como creador, luego vienen las guerras y es el acabose.

"En el siglo XX caen todas las certezas. Se empieza con la Teoría de la Evolución, se pierde la creencia en Dios como creador, luego vienen las guerras y es el acabose"

En cambio, en el siglo XXI no veo yo una filosofía potente. Está la deconstrucción, que es interesante para ver cómo se construyen los paradigmas, pues hay que desmontar muchas cosas para verificar, y está la filosofía posmoderna, que da como pereza. A la juventud no la veo yo leyendo a Unamuno. Parece que la gente cae en el adormecimiento. Igual lo han dicho todas las generaciones de las siguientes, no lo sé, el tiempo dirá.

El existencialismo está muy ligado a la guerra de Argelia, a los procesos de descolonización, con el maoísmo, Mao Tse-tung, la revolución cubana, el pacifismo, los derechos humanos, mayo del 68... hay una conexión filosófico-política en todo el mundo. En el XXI no sabría decir qué está pasando. ¿Qué hay?

-El ecologismo, por ejemplo, está teniendo mucho calado entre los jóvenes.

-Sí, es verdad. Y luego están esos debates sobre el transhumanismo. Interesan las máquinas, qué van a producir... También hay mucha sananería en si vamos a ser inmortales, que eso no es un debate filosófico, eso es que la gente no se quiere morir y ya está, no tiene más profundidad.

Dibujo de los Homos heidelbergensis.Museo de la Evolución Humana de Burgos

La evolución del futuro

-¿Cuál será, en su opinión, la evolución del futuro?

-La modificación del genoma. Podríamos cambiar nuestro genoma si quisiéramos, aunque espero que no lo hagamos porque sería inhumano. ¿A quién cambiaríamos los genes? ¿A nuestros hijos?

-¿Ni tan siquiera para evitar enfermedades?

-Bien, eso sí. Si tienen un gen que predispone a la fibrosis quística, por ejemplo, pero en ese caso no estarías cambiando su personalidad, sino una molécula. No estaríamos hablando entonces de producir un ser humano con unas características físicas concretas, que sea una casta dócil... esas aberraciones. Si algún día se diseñan seres humanos no será por criterios de perfección, sino de utilidad, pues ¿qué es un ser humano perfecto? ¿Alguien que no sea un tarado tiene un modelo de hijo?

-Como Hitler en busca de la raza aria...

-Claro, solamente los tarados tienen una idea de lo que puede ser un ser humano perfecto. Una persona normal no tiene un ideal de ser humano, afortunadamente. Y el peligro no sería eso, vendría más bien de que diseñáramos seres humanos útiles. En 'El mundo feliz', la novela de Huxley, por ejemplo, son esclavos. Diseñan seres humanos que hagan trabajos de esclavos.

"La evolución del futuro será poder cambiar nuestro genoma, aunque espero que no lo hagamos porque sería inhumano"

-Para eso están los robots (risas).

-Sí, claro. Las máquinas están para liberarnos a nosotros.

-¡Pero también existe el peligro de que nos quiten el trabajo y además sigamos siendo esclavos!

-(Risas). Pero eso es política, no ciencia. Sí, sería bueno que tuviésemos un robot que trabaje por nosotros. Ya lo hay. Tenemos un robot que limpia, una lavadora que lava...

-Sólo hacen trabajos no remunerados...

-Cierto, pero hay riqueza para todos. Se podría hacer también con los trabajos remunerados. Ahora bien, ¿cómo queremos el mundo? Yo tengo mi utopía y no es una utopía de transgénicos humanos o transhumanos.

-Ahora que hablamos de la evolución de la robótica, ¿de qué forma cree que la tecnología será capaz de reproducir nuestros algoritmos cerebrales en estos humanoides?

-El genoma es una programación, somos programas al fin y al cabo. Y el cerebro está formado por neuronas, pero no es posible reproducir el cerebro, eso está claro. Un ordenador no funciona a base de neuronas, sino a base de chips que tienen instrucciones y programaciones. No se parecen en nada.

Los yacimientos de Atapuerca, en la sierra de Burgos, son el escenario de grandes descubrimientos.Efe

-¿No será reproducible entonces? Algunos científicos dicen que la inteligencia artificial aún está lejos de llegar a alcanzar el nivel de una cucaracha.

-La inteligencia artificial no llegará a nada. Lo de la cucaracha es un buen ejemplo porque no tiene mente, sólo tiene programaciones, entonces se puede parecer a eso. A lo que no hay forma de que se parezca es a un ser humano, pues un ordenador nunca tendrá una mente.

De hecho, hemos avanzado muchísimo en informática y los ordenadores son ahora infinitamente más potentes que los de hace treinta años, pero en cambio, hemos avanzado cero en mente. Tiene la misma mente un móvil que el termostato que regula la temperatura. Las máquinas no tienen mente. La inteligencia artificial es una forma de hablar, pero son meros algoritmos.

La ciencia de los sistemas

-Nació un año después del hallazgo de la doble hélice del ADN y ha asistido a la conclusión de la teoría de la tectónica de placas, el descubrimiento del bosón de Higgs o la primera fotografía de un agujero negro.

-Sí, he sido testigo de un montón de descubrimientos. El siglo XVII es el de las matemáticas, con Descartes; el XVIII el de la química, con Newton; el XIX el de la biología, con Darwin; el XX, el de la geología; y ahora, en el XXI, viene la informática y la biotecnología, que están muy relacionadas, porque el código genético es un código digital. La informática y la genética son lo mismo.

"No solamente no hemos acabado con la ciencia, sino que en realidad empezamos ahora, porque lo que hemos hecho hasta ahora ha sido descomponer"

-¿Qué les depara el futuro a los científicos?

-En el futuro queda mucho. No solamente no hemos acabado con la ciencia, sino que en realidad empezamos ahora, porque lo que hemos hecho hasta ahora ha sido descomponer. Descomponer el organismo en células, deconstruir las células en moléculas de ADN, las moléculas en bases, la materia en átomos, los átomos en partículas... Todo hacia abajo.

-¿Es preciso entender primero lo pequeño para abordar después lo complejo?

-Claro, hay que desmontar el aparato para ver de qué está hecho, pero nos falta hacerlo hacia arriba, con los sistemas complejos. No sabemos por qué de una célula sale un caballo o un pavo real, por ejemplo. Nosotros, los seres humanos, tenemos tres mil millones de pares de bases por cada célula y nuestro genoma tiene cerca de 20.000 genes. Eso no hay manera de entenderlo.

No sabemos cómo funciona todo lo que es imprevisible y demasiado complejo, como los ecosistemas, la atmósfera, el cerebro, la economía, las sociedades... De manera que el futuro será el futuro de los sistemas. En la ciencia ahora empieza el futuro. Con la ayuda de la informática se podrán abordar esos sistemas tan complejos, que en el fondo son digitales.

Arsuaga trabajando en los yacimientos de Atapuerca.Archivo

La filosofía existencial

-Afirma que lo que nos hace humanos es precisamente la necesidad de preguntarnos 'por qué estamos aquí', 'a dónde vamos'... ¿Ha hallado usted la respuesta?

-Sí, yo soy como Lucrecio, sigo la línea de los epicúreos. Tengo malas noticias, pero bueno, ¡el mundo es maravilloso!

-¿Es negativista entonces?

-(Risas). Creo que no estamos aquí para nada, pero estamos aquí y es una suerte. Podemos disfrutar, desayunar, cuidar la ética y hacer que la humanidad viva mejor y que la gente crea en la justicia, que haya más tolerancia... Hay trabajo que hacer. Esta línea epicúrea no es de cruzarse de brazos, es de hacer cosas. Ahora, si tú me preguntas si encontramos grandes sentidos a la vida y si esto obedece a un plan cósmico pues te respondo que no.

"Nuestros ancestros también tenían preguntas y las contestaban, aunque me gustaría saber lo que pensaba un campesino. En más de una cosa diría 'yo esto no me lo creo'"

-¿Y qué pasa con la gente que no se pregunte ninguna de estas cosas?

-Pues que no es humana (risas).

-¿Qué hay entonces de nuestros ancestros?

-Nuestros ancestros pensaban que tenían respuestas, por eso iban a misa y bautizaban a los niños. Ellos también tenían preguntas y las contestaban. Ciertamente me gustaría saber lo que pensaba un campesino cualquiera. En más de una cosa diría 'yo esto no me lo creo'. Disimularía, iría a misa, pero estoy seguro de que tenía también sus dudas.

Imagínate que tienes una hija de cuatro años y se te muere. Viene el cura y te dice 'bueno, es la voluntad de Dios'. Puede que te lo creas o puede que no. Lo que pensaba el campesino nunca lo sabremos, sólo sabemos que vivía en una sociedad en la que eso no se podía cuestionar.

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