Nacido en Neda, en la ría de Ferrol, en 1841, Eugenio Serrano de Casanova fue un empresario gallego que impulsó la Exposición Universal de Barcelona de 1888, un acontecimiento que atrajo a la ciudad condal a más de dos millones de visitantes y que contribuyó decisivamente a la modernización de la ciudad, a través de la rehabilitación del barrio de la Ribera y la creación y mejora de infraestructuras. Además, el evento fue un elemento clave para la introducción del modernismo, estilo que, gracias en gran parte a Antonio Gaudí, dejó obras emblemáticas en Barcelona. Sin embargo, la figura de Serrano de Casanova cayó en el olvido. El Centro Galego de Barcelona ha querido recuperar su memoria con una exposición y una conferencia a cargo del secretario de la entidad, Alfonso Pérez Guerra.

Además de empresario, Eugenio Serrano de Casanova fue escritor, periodista y crítico de varias exposiciones europeas. A los 18 años comenzó sus estudios mercantiles en Madrid y se alistó en el ejército carlista.

Llegó a ser comisario regional de España en todas las exposiciones universales celebradas en Europa, y en 1885 se trasladó a Barcelona con el propósito de organizar un evento similar en esa ciudad, un proyecto que comenzó con la aprobación del alcalde, Francesc Rius i Taulet. Sin embargo, un aumento de presupuesto que impusieron las autoridades locales y que Serrano no pudo afrontar hizo que abandonase el proyecto, por lo que Rius i Taulet se atribuyó todo el mérito de la Exposición Universal, y el emprendedor gallego cayó en el más absoluto olvido. A su muerte, en 1920, fue enterrado en una fosa común de Montjuic, donde aún permanecen sus restos.

Hace cerca de una década, el gallego Juan Prados y el catalán Jaume Rodón recuperaron su figura tras una investigación en la que descubrieron que la Barcelona de la Plaza Cataluña, el Arco del Triunfo y la estatua de Colón le debe mucho a este gallego olvidado.