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Vámonos de viaje

Al norte de Cerdeña, burros albinos y aguas cristalinas

Capo Falcone y el Golfo de Asinara son de las zonas más bellas de la isla italiana, cargada de arena blanca y reservas naturales

La playa de La Pelosa se caracteriza por el color de sus aguas. Miriam Cos

Es la segunda isla por tamaño del mar Mediterráneo, aunque su extensión no reduce ni un ápice la belleza que la rodea. Cerdeña es un lugar por descubrir en el que los arenales de arenas blancas y las aguas cristalinas son principal reclamo de un turismo que, a día de hoy, aun no se ha masificado. Y ese rollo hippie al más puro estilo años 90 en Menorca es lo que la convierte en un lugar más que atractivo donde pasar las vacaciones y deleitarse de paisajes y manjares espectaculares.

LA PELOSA

Es uno de los lugares más paradisíacos de la costa norte de Cerdeña. Frente a la misma, varios chiringuitos hacen las veces de mirador donde degustar productos típicos de la zona, como la cerveza Ichnusa. También hay la posibilidad de comer algo rápido como hamburguesas y bocadillos.

Así pues, la parte norte de la isla, conocida como Costa Esmeralda, se caracteriza por aguas turquesas y arenales privados y escondidos, además de pueblecitos con ese encanto que solo Italia puede atesorar. En concreto, la localidad de Stintino, en la punta noroeste, guarda en sus costas unas de las playas con las aguas más azules que se puedan encontrar.

La zona, denominada Capo Falcone, se ha convertido en destino idóneo de los que buscan un paraíso natural a los pies de un tradicional pueblo de pescadores. Stintino ha sabido reconvertirse con los años para ofrecer actividades lúdicas y servicios hoteleros, aunque su esencia no se ha llegado a perder. Frente a La Pelosa, dar buena cuenta de una cerveza Ichnusa y unas aceitunas de la zona puede llevar a cualquiera al séptimo cielo. Sumergirse en sus aguas es otra historia, ya que se puede caminar por toda la zona ya que solo cubre hasta las rodillas.

Frente a la misma, el Golfo de Asinara, donde hay un parque natural del mismo nombre. A través de varias empresas, desde el puerto de Stintino -también desde las localidades de Porto Torres o Castelsardo-, los turistas pueden contratar excursiones a la isla, pasar el día y conocer a los animales más famosos de la misma, los burros albinos. Asinara estuvo habitada desde la Edad Media, pero el gobierno italiano obligó a evacuarla en 1885 para convertirla en penal de alta seguridad y centro de cuarentena. Cien años después se cerró el centro y en 1997 se constituyó la reserva protegida donde se pueden recorrer senderos temáticos a ir a pié o bicicleta.

Torre defensiva aragonesa propia de la costa sarda./ M.C.

El acceso a La Pelosa es totalmente libre y gratuito./ M.C.

Al fondo, el Golfo de Asinara./ M.C.

El color de sus aguas atrae a miles de turistas cada año./ M.C

Toda la zona turquesa es transitable a pie./ M.C

La Pelosa es lo más llamativo de Stintino./ M.C

Uno de los burros de Asinara./ Shutterstock

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CASTELSARDO

El castillo de la localidad es accesible las 24 horas del día. En cuanto a la iglesia, destacan sus criptas románicas, las cuales albergan el Museo Diocesano de Arte Sacro, su órgano, los frescos del crucero, y el retablo de la Virgen con Niño y Ángeles Músicos del pintor llamado, 'Maestro de Castelsardo'.

Pero el norte sardo tiene muchos más lugares por descubrir. En Castelsardo, pasear por sus empinadas calles o sacar unas buenas fotografías desde el puerto del pueblo bajando por la ladera es algo obligado. También subir hasta la Catedral de San Antonio el Grande. El edificio es una mezcla de elementos góticos catalanes y renacentistas, y mira directamente el mar. Además, tiene un campanario alto, coronado por una pequeña cúpula decorada con mayólica.

Hasta llegar al templo, el visitante puede pasear por callejuelas de estilo medieval y ver desde lo alto, cuando el cielo está despejado, la isla de Córcega. En lo alto, su histórico castillo está abierto a los turistas de manera gratuita, desde donde se pueden captar imágenes impresionantes del atardecer

Castelsardo fue fundado por la familia Doria, originaria de la ciudad de Génova. Desde el año 1400, y durante 300 años, el castillo perteneció a España. Al caer en manos españolas se le denominó Castillo Aragonés y se convirtió en la sede episcopal del obispado de Ampurias. Sin embargo, en torno al año 1720, Italia, en concreto la Casa de Saboya, reconquista el castillo.

Las rocas rosas de Isola Rossa./ M.C.

DÓNDE COMER

Ristorante La Torre: Los spaguetti con bogavante de las rocas o el solomillo de buey con salsa de hongos son dos de los platos más suculentos.

Lo Spizzico: En el centro de la localidad, pizzas a la italiana para llevar o comer en la terraza frente al mar.

Cerca de Castelsardo, la localidad de Isola Rossa es perfecta para familias y grupos de amigos y, sobre todo, para descubrir una parte de la costa que como su propio nombre indica cuenta con un arenal de color rosa. Este pequeño pueblo de pescadores cuenta con todos los servicios que un lugar de veraneo puede ofrecer además de unos atardeceres de infarto frente al mar. Por otro lado, todos los que sean amantes del buen comer, sobre todo de frutos del mar, se encontrarán en el lugar perfecto. Toda la zona de la playa está copada de terrazas y restaurantes donde comer una buena pizza o algo de marisco. Además, esta localidad se encuentra muy cerca de otros puntos de interés de la zona norte de la isla.

Isola Rossa es un lugar de orígenes antiguos ya que su posición estratégica lo ha convertido en un punto de arribo y de vigía. Como testimonio se erige una torre, legado del dominio español que se remonta a 1595. Durante un paseo por el puerto turístico vale la pena hacer una parada para disfrutar del atardecer.

Aventura entre calas

Más allá del turismo familiar, los más aventureros pueden acudir a Costa Paradiso a descubrir sus calas escondidas. Muy cerca de Isola Rossa, es un pueblo privado en el que al final se puede encontrar un pequeño embarcadero donde alquilar un bote para acudir a las calas, a las que también se puede acceder caminando por una pista. La belleza de la primera de ellas llega a enmudecer. Aguas cristalinas, un río por detrás, merece la pena ir hasta allí pese al calor, ya que el aspecto de Li Cossi es de una playa virgen.

Li Cossi, en Costa Paradiso./ M.C.

Pasar por impresionantes bosques hasta llegar a las calas es otro de sus pros. Otros de los arenales que se pueden encontrar son: playa Tinnari, es una cala rodeada de grandes y extrañas rocas de tonos rojizos a la que solo se puede acceder en barco o Le Sorgenti, con piscinas naturales rodeadas de rocas coloridas que ofrecen un espectáculo único. Por supuesto, sus aguas son totalmente cristalinas, por lo que resulta un lugar ideal para practicar esnórquel. Otras playas recomendables de la Costa Paradiso son I Tamerici y Le Baiette.

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Oporto

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