19 de mayo de 2019
19.05.2019
GALLEGOS EN LA CIMA

Marcos Rubal García: "El mejillón presta servicios de gran valor al ser humano y al ecosistema"

El experto del Centro Interdisciplinar de Investigación Marina y Ambiental (CIIMAR) de Oporto participa en un proyecto europeo que utiliza el molusco como indicador de la salud ecológica

19.05.2019 | 03:43
Marcos Rubal, durante un muestreo de mejillones en la costa portuguesa.

El mejillón es merecedor de muchos más agradecimientos que los gastronómicos. En estado salvaje, además de proveer de semilla al cultivo en bateas, está asociado a una enorme biodiversidad a la que alimenta y proporciona un hábitat, además de eliminar contaminantes del agua. Marcos Rubal (Ferrol, 1977) forma parte del proyecto ECOS, financiado por la UE y la Fundación para la Ciencia y la Tecnología de Portugal, que evalúa el papel del Mytilus galloprovincialis como indicador de la salud de la costa atlántica rocosa. "Presta servicios de gran valor al ser humano y al ecosistema", destaca este experto del Centro Interdisciplinar de Investigación Marina y Ambiental (CIIMAR) de Oporto.

"Veíamos esta diversidad cuando trabajábamos en la playa, pero apenas existe literatura científica sobre el tema. El mejillón está asociado a una cantidad enorme de invertebrados. Sin incluir a los crustáceos de los que es fuente de alimento, en los muestreos hemos encontrado cerca de 70 especies de moluscos, como caracoles y almejas, y de poliquetos", revela sobre los primeros resultados de un proyecto que todavía no ha alcanzado su primer año de vida.

Los trabajos de campo se desarrollan en Portugal - Peniche y la desembocadura del Miño-, donde está permitida la extracción no profesional de mejillones, y también en Galicia -Baiona y Monte Louro (Muros)-. "Siempre intentamos estudiar la costa atlántica como un conjunto porque los límites de distribución de las especies no coinciden con los de los países. Se mueven a uno y otro lado del Miño sin pasaporte desde mucho antes de la UE", bromea Marcos.

En el proyecto también participan otros dos científicos gallegos con los que colabora de forma estrecha desde hace años: el investigador de la UVigo Jesús Souza Troncoso, que fue su profesor, y Juan Moreira da Rocha, biólogo de la Autónoma de Madrid que se doctoró en As Lagoas-Marcosende.

"El proyecto continuará hasta 2021 y en colaboración con la USC se va a intentar cuantificar económicamente el valor de todos los servicios que presta el mejillón, por ejemplo, el ahorro que nos supone la depuración de contaminantes del agua que realiza", añade.

Dentro del Laboratorio de Biodiversidad Costera al que pertenece, también lidera otro proyecto sobre las arribazones de algas en las playas lusas: "En Galicia se ha desarrollado una gran investigación, pero aquí se desconocen las especies, la frecuencia y la cantidad. Y sospechamos que tendremos resultados muy diferentes. Hay una tradición cultural muy grande en torno a ellas, aquí existía el oficio de sargaçeiro, pero su papel ecológico nunca ha sido estudiado".

Antes de recalar en Vigo con su familia, Marcos vivió en diferentes localidades gallegas debido a la profesión de su padre. Su hermana estudió Ingeniería de Telecomunicación y él eligió Ciencias del Mar siempre pensando en la investigación. Mientras realizaba el doctorado en la USC le ofrecieron una beca en el grupo de Ecotoxicología del CIIMAR y después se trasladó a su equipo actual.

"Vine por dos años y ya llevó trece. Durante la época de la troika, la ciencia en Portugal no sufrió hachazos, sino una bajada paulatina. Y a pesar de que España es cinco veces más grande, el número de contratos postdoctorales es parecido o incluso superior", destaca sobre la mayor apuesta del país vecino.

La gallega es "la segunda nacionalidad" en el CIIMAR, una sociedad privada sin ánimo de lucro cuyos investigadores se reparten entre la Universidad de Oporto y la terminal de cruceros de Leixões. Marcos combina el laboratorio y el trabajo a pie de campo con alguna experiencia puntual como docente en másteres de Portugal y Galicia: "De alguna manera, formar a las nuevas generaciones también es una parte de la investigación".

"El nivel de los alumnos gallegos y portugueses es similar. Las únicas diferencias en lo académico están relacionadas con los departamentos que son más fuertes en cada universidad. Lo que sí cambia es el tratamiento, aquí son mucho más formales. La gente en general es muy educada y hablan bajísimo. Cuando voy a España me parece que estoy en una discoteca", reconoce entre risas.

Marcos, que está casado con otra investigadora gallega y tienen dos hijos en común, también se ha acostumbrado al horario: "Cuando llegué no me entraba en la cabeza cenar tan temprano. Y me sorprendió mucho que aquí meriendan. Yo no lo hacía desde que era chaval, pero ahora a las cuatro y media de la tarde, toca".

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