21 de abril de 2019
21.04.2019

La que ha liado el pollito

La red social Twitter se enfrenta al reto de sobrevivir al naufragio en un mar infestado de "trolls", acosadores digitales y noticias falsas

21.04.2019 | 03:43

Jack Dorsey, el fundador de Twitter, lleva un año pidiendo disculpas por haber diseñado una red social, con 300 millones de usuarios activos, donde el acoso, la ira, la desinformación y los mensajes radicales son el pan de cada día. Sin embargo, pese a las disculpas, no acaba de concretar cómo va a solucionar el desaguisado. Dice que hará un cambio profundo pero que llevará su tiempo. Lo apodan ya el "capitán del Twittanic": nos lleva de frente al iceberg del desacuerdo absoluto que hundirá nuestra convivencia. Y no vira, no vira.

Hace un par de años se hizo viral en España el vídeo de una niña pequeña que hacía los deberes en casa mientras un pollito no dejaba de importunarla. El pollito llenaba la mesa de trabajo de comida y la pequeña le reñía: "La que has liao, pollito...", decía en un vídeo grabado por sus padres que hoy tiene más de 6,5 millones de reproducciones en Youtube.

Jack Dorsey, fundador y consejero delegado (CEO) de Twitter, parece igual de molesto que aquella niña con su pollito particular: la red que tiene como icono a un pájaro y emite en directo los tuits (píos) de los más de 300 millones de usuarios activos por todo el mundo. Y, como aquella niña, parece desbordado. No sabe cómo arreglar el desaguisado que se está montando en su mesa de deberes. Lo cierto es que el pollito de Dorsey, diseñado en origen para favorecer la libertad de expresión y que cada uno piase al mundo entero lo que le viniera en gana, con el único límite de los 140 caracteres, está montándole un buen pollo a la convivencia social. Twitter se ha convertido en un nido de trolls, acosadores, linchadores digitales profesionalizados, en un aspersor de propaganda conspiranoica y ultraderechista, en un imparable surtidor de mentiras.

Dorsey lo sabe y, de hecho, lleva un año diciendo que está intentando arreglarlo, parar la bola de nieve que echó a rodar y que le ha hecho inmensamente rico. Cobra un simbólico sueldo de 1,40 dólares de su empresa (un guiño a los 140 caracteres de Twitter), pero según "Forbes" tiene una fortuna personal de 5.000 millones de dólares y vive de los beneficios de sus acciones.


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Su última aparición para seguir pidiendo disculpas por la que ha "liao" el pollito de Twitter fue esta semana en Vancouver (Canadá) en la conferencia anual de TED, la organización sin ánimo de lucro (acrónimo de "Tecnología, Entretenimiento y Diseño") que se dedica a la difusión de nuevas ideas. Lo entrevistaron ante el público y allí Dorsey reconoció que si hoy tuviera que volver a diseñar Twitter lo haría de otra manera. Por ejemplo, eliminaría el botoncito de "Me gusta" (un icono en forma de corazón) y, añadió, que "no enfatizaría tanto el recuento de seguidores". Es consciente de que la creación de esta nueva economía del seguidor y los clics de aprobación estimula la búsqueda a cualquier precio de la viralidad por parte de los usuarios de la red. Con estos dos simples detalles de diseño, no hay mejor gasolina para avivar el incendio de masas enfurecidas digitales y también para reorientar la existencia individual al constante reconocimiento de los demás. Eres los "megustas" que recibes.

En su intervención en la conferencia TED, Dorsey reconoció que está preocupado por el deterioro que se está produciendo en el debate mundial a través de Twitter. "Nuestro propósito es servir a la conversación pública, y hemos visto una serie de ataques contra ella. Hemos visto abuso, hemos visto hostigamiento, hemos visto manipulación, con coordinación automática y humana; hemos visto desinformación. Estas fueron todas las dinámicas que no esperábamos hace 13 años cuando pusimos en marcha la compañía", explicó Dorsey. Nadie le dijo que el hombre suele ser un lobo para el hombre.

Pero hasta ahí se queda su piar. Dorsey no acaba de concretar cómo va a arreglar semejante desbarajuste. En su entrevista pública dentro del encuentro TED respondió a las preguntas de dos periodistas, Chris Anderson y Whitney Pennington Rodgers, que no pudieron ponérselo más claro y con un ingenioso juego de palabras. "Estamos en un gran viaje con usted en el 'Twittanic' y estamos preocupados por el iceberg que tenemos delante. Y usted dice: 'Nuestro barco no se ha construido para ser manejado'. Muestra una calma extraordinaria, pero todos estamos preocupados, estamos en cubierta diciéndole: 'Jack, gira el maldito timón'. ¡Es la democracia la que está en juego! ¡Es nuestra cultura la que está en juego!" Pero Jack no acierta a responder, dice que en vez de hacer "un montón de cosas superficiales", habría que "profundizar" y redigirir el "Twittanic" a una red donde la gente, en vez de acudir a indignarse o a acosar a otros, vaya a aprender. No dice cómo lo va a hacer y añade que esa reforma total que planea llevará su tiempo.

"Wired", una de las publicaciones de referencia del sector tecnológico, le ponía esta semana las peras al cuarto al CEO de Twitter. Le recordaba que las medidas que está tomando para frenar la difusión de contenido radical o de acoso aún no son suficientes. Y eso que, según Dorsey, el 38% de los "tuits abusivos" son eliminados por una compañía que, no obstante, aún no ha explicado cómo funciona la tecnología que usa para marcar esos contenidos o el equipo humano que ha destinado a limpiar la red. Mientras tanto, siguen pasando casos como el que "Wired" incluye en su reseña de la intervención de Dorsey. Ilham Omar, la musulmana que representa a Minnesota en el Congreso estadounidense, vio cómo se incrementaban las amenazas de muerte que recibía a través de Twitter después de que Trump tuiteara un vídeo en el que se intercalaban imágenes de un discurso de la congresista con otras de los atentados yihadistas del 11 de septiembre. Omar tuiteó para expresar sus condolencias a las víctimas de los atentados y, a cambio, recibió más amenazas de muerte. Más datos: un estudio de Amnistía Internacional dice que cada 30 segundos se envía un tuit "problemático o abusivo" y que las mujeres negras de Estados Unidos reciben uno de cada diez mensajes de este tipo.

Kara Swisher, una de las periodistas de referencia en Silicon Valley, que conoció a los dioses de la tecnología cuando aún estaban en un garaje, sostiene que "Mark Zuckerberg (el fundador de Facebook) o Jack Dorsey han construido una ciudad sin señales, sin alcantarillado, sin policías, sin basureros. Imaginen esa ciudad. No es una buena ciudad para vivir, pero ellos van acumulando los alquileres de todo".

Dorsey, el capitán del "Twittanic", se mostró casi impasible en su aparición en TED. Será por la vida espartana que lleva: levantarse a las cinco de la mañana, ducha helada de tres minutos y una única comida al día. Después, una hora de meditación. ¿Hay alguien que en Twitter medite algo siquiera un segundo?

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