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Albert Espinosa: "El cáncer me enseñó que si aprendes a morir aprendes a vivir"

Ha presentado en Vigo su última novela, "Lo mejor de ir es volver"

// FdV

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"Lo mejor de ir es volver" es una historia sobre los recuerdos, el perdón y el amor que transcurre el 23 de abril, día de San Jordi, entre la ciudad de Barcelona y las islas de Ischia y Menorca. Su autor Albert Espinosa, presentó en la Casa del Libro de Vigo esta novela, "su favorita", confiesa, cuatro años después de su última visita a Galicia. Espinosa, que sufrió cáncer de huesos de los 14 a los 24 años, relató su experiencia y la de sus compañeros de planta en la obra de teatro "Los Pelones", que fue llevada al cine por Antonio Mercero con el título de "4ª planta", y que también tuvo su versión televisiva en "Pulseras rojas".

- Esta novela habla, entre otras cosas, del perdón. ¿Se puede perdonar todo?

-En la contraportada hay una frase que dice: "Hay un día en la vida en que debes decidir si deseas tener la razón o la tranquilidad". La protagonista se debate entre seguir odiando y temiendo a las tres personas que le han hecho daño en su vida o perdonar. A punto de cumplir cien años, recorre con su mirada hacia donde ha ido la sociedad. Es un canto al perdón y a la búsqueda de los problemas o las pérdidas que hemos tenido. Y mi novela favorita.

- Supongo que porque es la última que ha escrito.

-No. Es por el proceso. Mientras la escribía tuve la sensación de que se estaba produciendo algo mágico y de que contenía todo lo que quería contar, esos dos polos, la persona mayor y el niño, y una historia que transcurre en un futuro no muy lejano pero donde ha cambiado la forma que comunicarse de la gente.

- De hecho, ya ha cambiado.

-Yo soy muy fan de Twitter, Instagram y Facebook, pero también creo que hay gente que solo te llama porque va de un sitio a otro y quiere que le dinamices el trayecto. Los humanos pertenecemos a los mamíferos sociales y necesitamos interaccionar. Sin embargo, esto se ha olvidado. Cuando coges un AVE, un avión... pasas dos horas o tres al lado de una persona y a veces ni te presentas. A mí me tiene muy extrañado esa sensación de formar parte de tu propia burbuja y de interesarte más por algo que proviene de una máquina que por algo que proviene de una persona que respira a tu lado. La gente cree que la inmediatez trae la felicidad, cuando muchas veces es al revés. Tanto a ti como a mí aún nos falta conocer a cinco o seis desconocidos que nos cambiarán la vida y la forma de ver el mundo, y esas personas llegarán, queramos o no, en un aeropuerto, en una fiesta... y para ello tenemos que estar abiertos al mundo.

- Usted puede que no, porque sobrevivió a un cáncer, pero ¿pasamos por la vida sin vivirla?

-A mí con 14 años me diagnosticaron un osteosarcoma con un 3% de posibilidades de sobrevivir, y he perdido una pierna, un pulmón y un trozo de hígado. Tal vez vea la vida de otra forma, pero también porque partía de la base de que moriría. No tenía previsto vivir tantos años. Hay una frase que me decía una mujer en el hospital: "Para vivir hay que vivir", que no deberíamos olvidar.

- ¿Cómo encaja un chico de 14 años un pronóstico así?

-Nosotros en el hospital teníamos un pacto de vida: vivir las vidas de los que perdíamos. En mis diez años de hospital me tocó vivir 3,7 vidas más la mía. Llevaba 4,7 vidas cuando me dijeron que me fuera a Menorca a morir y que solo tenía un mes de vida. Y quizá ese fue el mes de mi vida donde más aprendí porque vi a la gente despedirse, gozar de sus semanas o días de vida... De todo se aprende, incluso del cáncer.

- ¿Qué aprendió de él?

-El cáncer es una enfermedad coral que te enseña muchas cosas, y una de ellas es a entender que toda pérdida es una ganancia. Por eso no tuve la sensación de perder una pierna, sino de ganar un muñón, ni de perder un pulmón, sino de ver que con la mitad de lo que tienes puedes vivir, y pienso que esa felicidad me la enseñaron aquellos desconocidos del hospital.

- ¿No sería quien es sin el cáncer?

-No. Me permitió entender que si aprendes a morir, aprendes a vivir, y que hay que disfrutar el día a día, y luego está esa promesa que le hice a un chico de que contaríamos la historia para cambiar la idea de los chicos con cáncer y que se cumplió.

- Y de ahí, "4ª planta" y "Pulseras rojas", cuya versión estadounidense produjo Steven Spierlberg.

-Ha sido como un sueño, como pasar de una pequeña habitación de hospital a la gran pantalla. Y luego, conocer a Spierlberg fue uno de los mejores momentos de mi vida.

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