La necesidad de transparencia para abordar los casos de abusos por parte del clero resonó ayer con fuerza en la cumbre vaticana sobre protección de menores organizada por el Papa Francisco y en la que surgió la propuesta de eliminar el secreto pontificio, una de las medidas que urgen las víctimas. Fue una jornada en la que el Papa rezó ante un joven chileno, víctima de abusos, que leyó su testimonio ante los participantes de la histórica cumbre. Francisco pidió a Dios "valentía" para que la Iglesia diga la verdad sobre estos casos. "Confiando en tu amor y bondad, te pedimos, que nos des valentía para decir la verdad y sabiduría para reconocer que hemos pecado y que necesitamos tu perdón", manifestó.

Dirigiéndose a los 190 líderes de la Iglesia, entre ellos 114 representantes de las Conferencias Episcopales, el presidente de la Conferencia Episcopal alemana, el cardenal Reinhard Marx, indicó que "cualquier objeción basada en el secreto pontificio sería relevante solo si es posible indicar razones convincentes" pero que "tal y como están las cosas, no conozco estas razones".

Marx añadió que "en la era de las redes sociales, donde es posible que todos y cada uno establezcan contacto casi inmediatamente e intercambien información a través de Facebook, Twitter... es necesario redefinir la confidencialidad y el secreto, y hacer una distinción con respecto a la protección de los datos", agregó.

Pero, además, Marx reveló que, según los informes realizados para el episcopado alemán sobre los abusos, se ha comprobado que "los expedientes que deberían haber documentado los hechos terribles y los nombres de los responsables fueron destruidos o ni siquiera se crearon".

La eliminación del secreto pontificio, que las víctimas de abusos por parte del clero han pedido en numerosas ocasiones al considerar que protege a los agresores, es una de las propuestas que más se ha oído desde que comenzó la reunión.

También el presidente de la Comisión para la Protección de Menores, el cardenal estadounidense Sean Patrick O'Malley, afirmó que "es importante revisar todo el concepto de secreto pontificio" para estos casos. La experta en Derecho Canónico Linda Ghisoni había insistido este viernes en ello.

Tras tres días de ponencias y debates, ayer llegó el momento de preguntarse qué sucede a partir de ahora. En este sentido, el cardenal Marx reconoció que las víctimas acusan a la Iglesia de que "se habla mucho y estas cosas no se traducen a la práctica".

"Este encuentro es una etapa de un camino, no hemos llegado al objetivo, tenemos que tomar decisiones, y ver cuáles son las repercusiones. El tema de los abusos no se cierra aquí, con ayuda de la Santa Sede, tenemos que encontrar un punto, un camino para traducirlos en decisiones concretas", agregó.

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal española, el cardenal Ricardo Blázquez, leyó ante todos los asistentes de la cumbre antipederastia la guía para el examen de conciencia sobre su gestión de los abusos a menores sus países. "¿Qué pasos se han dado en mi país para prevenir nuevas injusticias? ¿He hecho lo posible en mi diócesis para llevar justicia y reparación a las víctimas y a los que sufren con ellas?", inquirió el purpurado español.

"Confesamos que obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos en la Iglesia hemos ocasionado violencia a niños y jóvenes, y que no hemos protegido a quienes más necesitaban de nuestra ayuda. Hemos protegido a los culpables y hemos silenciado a los que han sufrido el mal. Confesamos que no hemos reconocido el sufrimiento de muchas víctimas, ni hemos ofrecido ayuda cuando la necesitaban", reza la petición de perdón que ha leyó el cardenal y arzobispo de Wellington (Nueva Zelanda), John Dew.