El proceso iniciado con el referéndum de 23 de junio de 2016 y con la activación del artículo 50 del Tratado de la Unión culminará el próximo 29 de marzo con consecuencias en la fiscalidad del sector vinícola gallego. Sumariamente, y en clave hipotética, algunas de estas consecuencias podrían ser las siguientes.

La primera secuela de un 'Brexit' duro es la salida de Gran Bretaña de la Unión Aduanera. La Unión Europea pasará a tratar a Gran Bretaña como un país tercero. Lo mismo ocurrirá con Gran Bretaña respecto al vino importado de Galicia. Se aplicarán aranceles fijados unilateralmente por el Reino Unido, lo que afectará a la competitividad de los vinos gallegos en el mercado británico. Más aún si Gran Bretaña firma acuerdos comerciales preferenciales con países productores como Estados Unidos, Sudáfrica o Australia, que puedan suponer un tratamiento arancelario mejor para el vino importado de estos países.

En segundo lugar, dejarán de aplicarse a los vinos exportados al Reino Unido el régimen de entregas intracomunitarias en el IVA. Las ventas de vino gallego a importadores británicos exigirán declaración de exportación como justificante de la exención en IVA. Ello generará mayores costes de gestión.

En tercer lugar, al ser las bebidas alcohólicas productos sometidos a impuestos especiales (el impuesto sobre el vino y bebidas fermentadas) su envío al Reino Unido ya no podrá realizarse en régimen suspensivo, ni será factible aplicar los procedimientos de envíos garantizados ni de ventas a distancia.

Por último, y como toda situación crítica siempre abre posibilidades, es imaginable que Gran Bretaña adopte una estrategia a la irlandesa, de captación de empresas con tipos bajos, al estar liberada de la prohibición de ayudas de Estado. Si así fuera podría ser atractivo utilizar compañías trading británicas en la comercialización de vinos gallegos a terceros países.Pero, en todo caso, este panorama se clarificará en los próximos meses.

*Catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la USC.