Pese a confesar ser "un ateo convencido", García Ortega aseguró ayer en el Club FARO que muchas veces durante la investigación previa de la novela se sintió "acompañado" por los tres amigos coruñeses. "Esos tres personajes han estado presentes en todo momento. La última palabra de la novela la escribí el 24 de marzo", apuntó al respecto de que se trata de la misma fecha en la que murieron los tres jóvenes, aunque 45 años antes, entre otras coincidencias.

Así, tras asegurar creer "en lo fantasmagórico" y acto seguido bromear con una posible invitación a "Cuarto milenio", el programa televisivo de misterio, el escritor insistió en que "en todo momento tuve la sensación de que no lo he escrito solo, que alguien me lo dictaba, deberíamos haber puesto los cuatro nombres como los autores", recalcó.

"Pasaron de ser tres fotos a ser toda una historia, eran unos trabajadores que empezaban sus vidas, la novela también relata su amistad muy sólida y tierna, inmensa y rota por los hechos que sabemos", dijo.

Durante su intervención, el autor vallisoletano también confesó que es habitual en sus novelas que trate de resarcir las vidas truncadas de protagonistas que en su momento fueron personas reales. "Mi punto de vista es de reivindicación de la memoria o dar una vida a quien no la tenía, siempre me han interesado mucho las vidas truncadas de una manera feroz", explicó García Ortega, que hizo referencia a personajes suyos de otras novelas como un niño en el campo de concentración de Auschwitz, víctimas anónimas del 11-M o mujeres que fueron violadas en la guerra de Bosnia. "Siempre hay personajes que responden a una vida truncada injustamente y abordo la vida de las víctimas y también de los criminales, pongo el dedo sobre el asesino", indicó.