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José Antonio Flórez: "Un cerebro feliz también mantiene a raya el colesterol y la presión arterial"

"Nosotros mismos somos generadores de enfermedades por un problema de responsabilidad, disciplina y preocupaciones sin límite"

El catedrático Flórez Lozano, en una de sus conferencias. / R. Vázquez

El catedrático Flórez Lozano, en una de sus conferencias. / R. Vázquez

El doctor José Antonio Flórez Lozano, catedrático de Ciencias de la Conducta de la Universidad de Oviedo, imparte el taller terapéutico "Cerebro feliz, trabajo feliz". Una sesión para recordar que, al final, todo empieza en la cabeza y, de paso, que "casi todo lo resuelve el amor".

-¿Qué tenemos que hacer para tener un cerebro feliz?

-Lo primero es ser conscientes de que tenemos un cerebro y de que el cerebro se alimenta de sensaciones positivas, que es precisamente lo que tenemos que desarrollar: alegría, satisfacción, euforia, bienestar, calma, serenidad y algunos otros elementos que sí son difíciles de alcanzar, como es la paz del espíritu. Tener un cerebro feliz es tremendamente importante, porque de lo contrario empieza a funcionar la máquina patológica y el cerebro fabrica sustancias tóxicas que cristalizan finalmente en una enfermedad, especialmente las hormonas del estrés como el cortisol.

-¿Todo el mundo lo puede conseguir?

-¿Hay algo fácil de conseguir? ¿Es fácil hacer una fabada, un arroz con leche, un dibujo? Incluso contemplar y disfrutar un buen paisaje supone poner en marcha capacidades del cerebro que en general no se desarrollan. Pensemos que aproximadamente el 50% del tiempo lo pasamos en distracción, y con esa dimensión en un hospital o en un centro residencial, conduciendo un camión... somos conscientes de las consecuencias que puede tener. Pero al mismo tiempo, al no ser capaces de desarrollar esa capacidad de atención y de plena concentración, el cerebro no es capaz de aprovechar al máximo las mieles de la vida, que son múltiples.

-¿Tenemos que hacer un ejercicio de atención?

-Por supuesto, entre otras muchas cosas porque está en juego nuestra seguridad. Ahora mismo estamos viendo cómo las multifunciones en las que estamos metidos y las múltiples preocupaciones que tenemos producen mucha distracción, baja eficacia en el trabajo, aumento de los errores y alta peligrosidad.

-¿Cuáles son los beneficios de tener un cerebro feliz?

-Sin duda, con un cerebro feliz tendremos una mente feliz, un trabajo feliz, mantendremos a raya indicadores biológicos que no sólo tienen un componente nutricional o alimenticio, como es el colesterol o la presión sanguínea. Es necesario porque activa comportamientos relacionados con la autoestima y el bienestar, como sencillamente pasear o disfrutar de una buena conversación, que nos produce un gran chute de endorfinas y bienestar en nuestro cerebro.

-¿Cómo se le puede explicar a alguien que tenga elevados niveles de estrés y de ansiedad?

-Ése es el gran problema que tenemos en esta sociedad, todos estamos envueltos en una dinámica de vértigo. La frase más utilizada es "tengo prisa". Y la ansiedad dinamita realmente el equilibrio de nuestro organismo. Debemos ser capaces de aprender a tener más calma, a tener más paciencia. Diría que tenemos que tener algo así como la conducta de la tortuga, ir despacio, porque así somos más eficaces.

-¿Tenemos que cultivarlo desde la infancia?

-No cabe la menor duda. La familia tiene que ser el gran centro de salud, la gran fábrica de salud, en lugar de una fábrica de enfermedades. El problema lamentable que tenemos es que más del 60% de las familias están sufriendo componentes estresantes muy importantes que cristalizan finalmente en patologías infantiles, como puede ser la dermatitis atópica.

-¿Qué pueden hacer las familias para mejorar estos marcadores?

-Comunicar, escuchar, mirar, amar y, sobre todo, dar un regalo importantísimo que no se vende, que se llama tiempo. Parece fácil, pero lo más sencillo es lo más complicado. Pero inequívocamente es lo más eficiente para alcanzar el nivel de equilibrio. El cerebro es una potente farmacia que nos puede prevenir de múltiples enfermedades o todo lo contrario. Nosotros mismos somos generadores de enfermedades, y ahí hay un problema que se llama responsabilidad, disciplina, para dejar de fumar, para dejar de beber, para dar un paseo, para aligerar la mochila de tantas y tantas preocupaciones que no tienen límite y que no son preocupaciones, pero si no las tenemos, las generamos. Y las preocupaciones generan un gasto energético impresionante en nuestro cerebro. Tenemos que tener mucho más cuidado con las pseudopreocupaciones que estamos generando en nuestro cerebro, y que generan a su vez alteraciones del estrés, del sueño, insomnio persistente... Por lo tanto, hay que estar muy atentos a las preocupaciones que terminan en obsesiones, que hacen que el cerebro sea altamente infeliz y disfuncional. Un cerebro feliz es un cerebro agradecido, y no olvidemos que casi todo lo resuelve el amor.

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