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CINE

Como una ola

Jason Momoa.

Jason Momoa.

Aquaman es un proyecto con tanto oleaje delirante en el fondo que era necesario recurrir a un gestor de formas frenéticas ajenas a cualquier lógica narrativa. Alguien como James Wan, por ejemplo, que otra cosa no sabrá pero sacudir la pantalla a trallazos se le da de miedo. Sin avergonzarse lo más mínimo del material cómico que tiene entre planos, Wan se entrega a la causa con indudable entusiasmo, y sería injusto no reconocer que esta sopa de pescado y marisco con tropezones de carne tatuada y salsas variadas proporciona un entretenimiento aceptable y a veces brillante.

Wan no intenta camuflar (ni corregir) los elementos más horteras del universo acuático por el que navega a toda pastilla, convirtiendo a veces la pantalla en una gigantesca pecera de colorines rapaces, y acepta sin rechistar las palabrotas épicas sin perder el tiempo con elucubraciones solemnes en plan Kenneth Branagh. Incluso parece divertirse rejuveneciendo a Nicole Kidman (que aparece en escena cual sirena de Splash) y Willem Dafoe como mentor de frases sentenciosas y mirada incisiva. Con unos vínculos nada disimulados con Thor (cambiando el martillo por un tridente) y sus conflictos fraternales, Aquaman nada entre dos aguas claramente definidas: la aventura de acción pura y dura en la que no se hace ascos a la violencia expeditiva y se echa mano sin rubor de los efectos digitales para animar el cotarro (en ocasiones le sirven para escenas muy chulas, como la fusión de un faro de decoración con otro real o el ataque del tiburón en el acuario), y la batalla de sexos en clave de comedia, con unas salerosas pugnas dialécticas entre Amber Heard y Jason Momoa en distintos escenarios, incluido un vistoso y acalorado desierto tragahumanos.

Con un Momoa al que el papel le viene como anillo al dedo y una despreocupada falta de sentido del ridículo, Aquaman se chotea de sí misma y juega sus bazas entre grúas y planos aéreos a tutiplén para que la espectacularidad camufle los socavones de un guion que no hay por dónde pescarlo.

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