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Los claroscuros de la nueva temporada de 'Black Mirror'

La producción británica alterna episodios brillantes con otros fallidos y redundantes

Los protagonistas de Black Mirror.  // FdV

Los protagonistas de Black Mirror. // FdV

Black Mirror es una serie que se cree más inteligente de lo que realmente es. No pasa nada: se agradecen las ambiciones y son más nutritivas que el conformismo. Sus temporadas siempre se movieron entre dos aguas: plantean buenas ideas en algunos capítulos que se van diluyendo en lo previsible y otros menos originales brillan a a gran altura. USS Callister, el primer episodio de la última temporada es elocuente: un comienzo impecable en el que la realidad y la virtualidad se entrelazan con maestría y hay momentos tan inquietantes como el que surge cuando el dios de la tecnología somete a sus prisioneros a torturas tales como borrarles la boca o el sexo. Pero luego el guión no sabe dónde meterse y se desinfla hasta quedar reducido a una parodia sin gracia ni chispa.

Con el capítulo de las parejas que van por ahí con un medallón de compatibilidad pasa algo parecido: una idea prometedora que, poco a poco, se arrima a lugares comunes en los que cuesta encontrar reflexiones tentadoras sobre el futuro que nos espera. Por contra, un episodio en principio escasamente llamativo se convierte en una pequeña joya del desasosiego: una madre implanta una cámara a su hija para controlarla en todo momento, una invasión absoluta de la intimidad que incorpora la censura automática de la violencia. El guión dosifica muy bien la intriga, merodea con acierto tanto las preocupaciones de la madre obsesionada con vigilar/proteger a su hija como las peripecias confusas y dolientes de la chica, hasta llegar a un final perfecto. La dirección de Jodie Foster es tan precisa como perspicaz al exponer las razones de una maternidad obsesiva y manipuladora: puede ocurrir ahora o dentro de cien años.

¿Estamos condenados a un futuro cercano donde nos agobien los dilemas de la conciencia digital y los clones virtuales se conviertan en presencia cotidiana? Lo curioso en esta nueva temporada es que el pesimismo y la amargura que destilaban las anteriores ha dejado paso a un cauto optimismo, incluso a algunos toques de emotividad que cierran el paso a las sombras que aguardan en el calendario.

Black Museum fue el episodio que más divisiones creó entre los espectadores: hay quien lo ensalza y hay quien lo despelleja.

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