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De Baler a la eternidad

Entre la treintena de supervivientes que habían hecho frente a la rebelión tagala, los llamados últimos de Filipinas, figuraban un ourensano, un coruñés y un lucense

Plano final del filme "Los últimos de Filipinas" (1945).

"Cinco mil filipinos, cuatro cañones; una bandera al viento, treinta españoles. Treinta españoles, niña, treinta españoles; una bandera al viento y sus riñones". Con esta singular coplilla se daban ánimos, superados ya los seis meses de asedio, los soldados de la guarnición española de Baler, atrincherados en la iglesia del pueblo, en la película "Los últimos de Filipinas" (1945), de Antonio Román. Un filme que relata la heroica resistencia de aquel grupo de españoles que, durante casi un año, contuvo el avance de los revolucionarios filipinos que lideraba Teodorico Luna Novicio. Un sitio mítico que comenzó aquel 27 de junio de 1898, hace hoy 120 años, en el que el destacamento español, bajo las órdenes del capitán Enrique de las Morenas, se atrincheró en la iglesia del pueblo. Entre ellos, tres gallegos que resultaron supervivientes, Vicente Pedrosa (Ourense), José Martínez Santos (Almeiras, A Coruña) y Bernardino Sánchez Caínzos (Guitiriz, Lugo).

Cuando llegó aquel verano de 1898, las Filipinas llevaban dos años convertidas en polvorín. La revolución ganaba adeptos día tras día, y la presencia española en las islas tenía las horas contadas. Todo eso lo sabían los soldados de Baler, atentos a cada señal que pudiese anticipar un ataque.

En la mañana del 27 de junio, los españoles amanecieron en un pueblo desierto. Era un indicio definitivo, y De las Morenas decidió trasladarse al único edificio de Baler que podía servir de parapeto a sus hombres: la iglesia.

Los días siguientes serían de una actividad febril para los españoles, que se afanaron en trasladar víveres, reforzar el templo y cavar trincheras para convertir la modesta iglesia en una fortaleza. El 1 de julio, los muros fueron puestos por vez primera a prueba: era el ataque inicial de los tagalos, que durante los siguientes once meses asediaron sin descanso el enclave.

Aislados del mundo, los soldados no se enteraron de que el Imperio Español había sido alcanzado por el destino. El 10 de diciembre de 1898, España firmó el Tratado de París, por el que entregaba Filipinas, Guam y Puerto Rico a los Estados Unidos, además de renunciar a su dominio sobre Cuba. La noticia llegó a Baler, pero la guarnición, muerto De las Morenas y con el teniente Martín Cerezo al mando, desconfiaba de su veracidad, creyéndola una estratagema tagala.

Aquella tropa, diezmada y mal alimentada, apenas se sostenía en pie. En diciembre del 98, una epidemia de beriberi estuvo a punto de acabar con los sitiados, pero el buen hacer del médico del destacamento logró contener la enfermedad: era Rogelio Vigil de Quiñones.

La improbable resistencia de los españoles llegó a su fin el 2 de junio de 1899, cuando un hallazgo casual de Martín Cerezo en un periódico madrileño que le habían entregado los filipinos le hizo comprender que no se trataba de una estratagema: era la referencia al nuevo destino de un antiguo compañero. Cuando capitularon, las tropas españolas estaban compuestas únicamente por 38 hombres enfermos, desnutridos y agotados. Así acababa la historia de la presencia española en Filipinas, y empezaba la leyenda del sitio de Baler.

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