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PREMIOS PRINCESA 2017

Adam Zagajewski: "Estoy en contra del nacionalismo"

"La poesía nace de la soledad, pero de una soledad compartida; el diálogo forma parte integral de ella"

Adam Zagajewski, tras la entrevista. / Luisma Murias

Adam Zagajewski, tras la entrevista. / Luisma Murias

Adam Zagajewski (Lwow, perteneciente hoy a Ucrania, 1945) es uno de los grandes poetas europeos vivos. Quizás, por eso, al premio "Princesa de Asturias" de las Letras no le son ajenas las tensiones nacionalistas y populistas que vive Europa. Tampoco las de Cataluña: "El nacionalismo es como un incendio forestal que puede descontrolarse, por eso estoy en contra, aunque no quiero herir a mis amigos catalanes; puedo entender sus emociones, pero rechazo la separación.". Continuador de la gran tradición lírica polaca (de Herbert a los Nobel Milosz y Szymbosrka), ayer apostó por el proyecto de la Unión Europea (UE). "No soy político", dijo, "pero hay que continuar la unión política con la diversidad cultural". "Viví con el comunismo y, entonces, mirábamos con respeto y envidia hacia la Europa unida; nuestro sueño era formar parte de eso, y ahora se ha cumplido", señaló.

-Usted ha escrito: "Pobre del escritor que antepone la belleza a la verdad". ¿No son lo mismo, según el célebre dictamen de Keats?

-Admiro a Keats, pero me cuesta admitir que belleza y verdad sean equivalentes. Un poema no es un tratado de filosofía, más bien refleja esa tensión entre belleza y verdad.

-En su juventud escribió una poesía de tipo social. A partir de su exilio en París, en 1982, eso cambió. ¿Qué sucedió?

-Cambió incluso antes, nada tuvo que ver la geografía. Fue consecuencia de cierto cansancio con la jerga de aquella poesía social. Keats, precisamente, fue uno de los que me abrió los ojos hacia la complejidad de la poesía. Tampoco quería olvidarme de las calamidades, así que he intentado mantener un equilibrio entre belleza y verdad.

-Usted entiende la poesía como reflexión y búsqueda personal, pero también como espacio de fraternidad. ¿Cómo conjuga esos dos espacios?

-Supongo que hay una parte empírica. De hecho, encuentro a lectores que se acercan y me dicen que han encontrado alivio con mis poemas. La poesía nace de la soledad, pero de una soledad compartida. Y el diálogo es parte integral de la poesía.

-¿Por qué cree, sin embargo, que hay tanta gente ilustrada, culta, que da la espalda a la poesía?

-En parte es culpa de la misma poesía. Hay muchos poetas a quienes lo que más les interesa son las aproximaciones técnicas. Pasa, por ejemplo, con buena parte de la poesía francesa. Se ha convertido en algo hermético.

-¿El fervor, del que usted ha hablado, ha sido sustituido en las sociedades posmodernas e hipercapitalistas por la ironía destructiva?

-En cierta medida, sí. Se piensa que la ironía de motivación filosófica sería la respuesta más sencilla a los difíciles problemas que nos encontramos. Yo, en cambio, me río de quienes insisten en decir que no hay respuestas.

-Ha subrayado en alguna ocasión la necesidad de tener una vida privada frente a la Historia. ¿Por qué es necesaria?

-Me gusta una reflexión del filósofo Charles M. Taylor: en el mundo moderno vivimos una situación extraña, al estar gobernado por normas de la Ilustración que se combinan con situaciones propias del Romanticismo. La poesía tiene más que ver, claro, con esa otra parte romántica, pero los gobiernos no deberían ser románticos.

-No sé si sucede también en Polonia, pero veo como si se levantara una gran barrera entre los poetas que ahora triunfan en las redes sociales y los que vienen de una sólida tradición...

-Es algo que no sigo muy de cerca, pero es cierto que hay una generación de poetas que ya trabaja tan sólo con internet; opinan que es una mejor manera de socializar. Yo no estoy presente en las redes sociales y poco en televisión; tengo lectores. Supongo que no es una brecha tan profunda entre unos poetas y otros; algunos de esos autores lo que quieren, en realidad, es tener un libro bien editado. Y es que la idea de libro no ha desaparecido. Esa tensión de la que se habla se irá aligerando.

-Usted fue un opositor, en la línea de Czeslaw Milosz, al totalitarismo de signo comunista. ¿Cómo ve la deriva derechista en la que parece estar inmersa Polonia? ¿Teme una involución democrática en su país?

-Sí que la temo. Tenemos un gobierno de derecha radical, con una energía basculada hacia la destrucción de lo que existe. Quieren una nación con una sola idea fija, lo que supone una vuelta al Estado que dicta las opiniones que han de tener los ciudadanos. Y lo hacen a partir de una mezcla de nacionalismo y catolicismo, caracterizada por la pobreza intelectual y la religiosidad. La democracia consiste en abrir el espacio a las opiniones que son diferentes, respetar al que discrepa y mantener este principio.

-En alguna ocasión ha hablado de su admiración por Antonio Machado. ¿Conoce la tradición poética española? ¿Qué otros poetas le interesan?

-Sí, está Antonio Machado. Y también Lorca, que es, en mi opinión, un poeta importante. Estos dos autores españoles, a los que he leído, están entre mis admiraciones. Me cuesta más seguir a los poetas contemporáneos debido a que continuo sin hablar español. Tendría que aprenderlo.

-Se acaban de publicar en España el libro de poemas "Asimetría" y el ensayo "Releer a Rilke", ambos en Acantilado. Rilke parece, en un principio, un poeta alejado de su manera de entender la poesía: la suya es de tonos más cordiales y abierta a las historias cotidianas.

-Bueno, Rilke es muy metafísico, muy filosófico. Me atrae. Lo que intento es tender un puente entre la vida diaria y esas otras cuestiones metafísicas. Aunque se puede ser crítico, en Rilke hay mucho que admirar. Es, posiblemente, el representante de la última generación que ignoró la historia. En su obra, no hay referencias a la I Guerra Mundial, pese a que le tocó vivir en esa época. Nosotros, después de la segunda gran contienda, ya no podemos mantenernos en esa ignorancia. Le tengo una gran admiración.

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