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'Estepas' llega a Vigo

Juan Uslé: "No pertenezco a la generación de artistas economistas o espectaculares"

"Para mí el arte tiene más que ver con el silencio, el aislamiento y una voz calmada"

El pintor Juan Uslé durante su visita a Vigo. // J. Santomé

El pintor Juan Uslé durante su visita a Vigo. // J. Santomé

El artista Juan Uslé (Santander, 1954) acaba de presentar en Vigo "Estepas", un trabajo en el que su obra plástica conjuga con seis poemas del escritor Enrique Juncosa, en la galería Lab-in. El creador, a caballo entre la populosa Nueva York y un pequeño pueblo de Cantabria, llegó a Galicia con su compañera de viaje y esposa, la también artista española Victoria Civera. El artista, que ya había visitado Pontevedra en 1994 para exponer en una Bienal, confiesa que entre sus amistades en EE UU están Francisco Leiro, que tiene estudio en Nueva York y Manolo Paz, ambos escultores y de Cambados. Uslé también entabló amistad con el pintor gallego Antonio Murado, aunque se vean poco en la Gran Manzana.

-Las obras no fueron concebidas en común, pero dialogan.

-Ha sido una historia curiosa, distinta, accidental y simpática. Mi iconografía no es ilustrativa ni voy a representar lo que ya dicen las palabras. Es imposible tratar de traducir un lenguaje a otro en la plástica, pero creo en la interpretación: he leído los poemas de Enrique Juncosa y he cogido una idea atmosférica de ese viaje a la Patagonia, donde no he estado nunca.

-¿Cómo ve en mundo del arte contemporáneo en España?

-Me da la impresión de que en los últimos años, con la crisis, al mundo del arte no se le ha favorecido. Por lo que me cuentan colegas, con el IVA del 21% y la actitud prepotente del exministro de Cultura, han generado pánico. Y los coleccionistas con solvencia desaparecieron. Son años muy difíciles para los artistas. Yo tengo suerte porque no dependo del mercado interior español, pero me da impresión de que es un momento duro. El arte contemporáneo está en un lugar en expansión, digamos difícil de limitar porque está muy vinculado a la especulación y al dinero. Me parece una pena, aunque yo viva del dinero no es mi destino ni mi foco. Lo importante es que el eco interno de una obra pueda convertirse en una voz que tenga una repercusión internacional como para que sea atendida.

-¿Y cómo se ve el arte de España fuera de las fronteras?

-Lamento que el papel de España a nivel internacional es muy pobre. Creo que no existe una ligazón entre la producción artística y la difusión, las casas de subastas y grandes galerías. De vez en cuando hay casos puntuales que destellan. Pero creo que el nivel del arte español es mucho más alto de lo que se entiende y se respeta internacionalmente. Esa es mi tesis. Y la culpa probablemente sea de todos.

-El déficit se remonta hasta el floreciente siglo de oro, quizás.

-Creo que si, porque hay artistas de primerísimo nivel que siempre se han tenido que ir de España. Picasso es la referencia mundial del arte español y si vas a Francia se empeñan en decir que era francés.

-¿Y el futuro?

-Hay cosas del arte difíciles de prevenir. Es cierto que ahora funciona más buscar el éxito fácil, la atención y ser por un tiempo los nuevos Picasso. Hay artistas que buscan esa llamada de atención: una iconografía fácil de reconocer . Es el caso de Jeff Koons y su taller. Yo no pertenezco a la generación de artistas economistas o espectaculares. Para mí el arte tiene mas que ver con el silencio, el aislamiento y esa voz calmada e interior. A veces con el grito o el desgarro, pero no con el marketing.

-El año pasado expuso en el CGAC.

-Fue una exposición organizada para el museo de Bonn, Alemania. Mi pintura es bastante poliédrica, toma varias direcciones. Creo que intento cambiar desde el principio. La retrospectiva "Open Rooms" organizada en el Museo Reina Sofía, viajó al SMAK de Gante o al Irish Museum of Modern Art, en Dublín.

-¿Cambiar desde el principio?

-Cuando hacía "Los últimos sueños del capitán Nemo", sufrí un pinzamiento. Hice un viaje a Nepal y viví una anécdota que me ayudó muchísimo: le pregunté a un nepalí qué significaba para el 'Namaste', que es un saludo como para nosotros decir buenos días. Y me respondió que significaba justo lo contrario, porque cuando él dice 'Namaste' saluda a lo diferente que hay en ti, en el interior, justo lo que es diferente del otro... Y me hizo pensar. El proceso de la pintura es lento, te obliga a digerir más lentamente y fundir las ideas con los sentimientos.

-¿En qué se tradujo?

-Pensé en hacer formatos únicos, siempre iguales. Pero pintando lo mismo, quería que cada cuadro fuera distinto. De ahí salió esa familia. Llamo familias a las series, porque las hago de forma anacrónica. Fue una reapertura del lenguaje pictórico, una reinvención: tenía que situarme para aprender ante la tela, esperar a lo que tenía que decirme. Fue una experiencia nueva, como conocer a una persona. .

-Leí que se encerró por las noches sellando las ventanas, para pintar siguiendo sus latidos.

-Luego de mucho trabajo me di cuenta de que, cuando estaba haciendo la obra era casi automático, que estaba siguiendo el ritmo del corazón. Ahí me planteé hacer una serie bajo la idea de la repetición. Antes la idea era que no se parecieran; ahora la de hacer siempre el mismo cuadro. El primer año hice uno; los hacía caprichosamente cuando necesitaba volver a ese punto cero. Con el tercero comencé a cerrar las ventanas, esperar el momento de la calma, de sentir el pulso y guiarme por él. Con los años, llegué a juntar hasta 50 obras, hasta el año pasado. Desde la idea de intentar repetir un cuadro, vi que la estrategia fallaba por un lado y acertaba por el otro: es imposible repetir un cuadro, obviamente. Aunque tratemos de llevarnos por el propio pulso, no es siempre el mismo: la cadencia y la pincelada es distinta. Pero los cuadros se hilaban con riqueza.

"Artista es alguien que tiene un monstruo que le abre las entrañas para decir lo más mínimo"

  • -¿Las crisis generan arte?-Creo que siempre es duro el momento artístico, y el arte no desaparece, mejora ni empeora con las épocas de esplendor o depresión. Quizás cambia el espíritu, el nivel de amargura o gracia pero el artista va a seguir haciendo obra porque lo necesita. El artista es alguien que tiene un monstruo dentro que le abre las entrañas para decir aunque sea lo más mínimo. Necesitas seguir haciendo tu obra, si no puedes comprar material, buscarás otros medios.-¿Cómo conviven las formas clásicas del arte y el mundo de los tuits?-El problema no lo dan las formas, porque en el arte de la calle y de internet puedes ver una variedad de posibilidades formales enorme. La tecnología no es enemiga del arte; lo que cambia es el tiempo, la velocidad. Nosotros nacimos al arte en una generación en la que nos cogió por sorpresa la apertura de España a Europa. Comenzó ARCO y cuando vivimos la cultura del presente nos dimos cuenta de tantos años que llevábamos mirando al pasado, desde el franquismo. Todos estos medios telemáticos, así como Twitter provocan una desinformación por sobreinformación. Falta pensamiento, meditación, el tiempo lento que ha sido la esencia y característica de la pintura. Yo voy al Prado a ver ciertos cuadros porque nos siguen hablando de problemas comunes que han traspasado momentos sociales y fronteras. Hablan a nuestro interior.-¿Qué obras sigue visitando?-Cuando voy al Metropolitan Museum voy siempre a Vermeer, a Rembrandt y cuando voy al Prado me acerco a las Meninas de Velázquez y acabo en el Greco y Goya. Hay gente que hace cosas tan maravillosas o sutiles que no se pueden explicar, es la magia del arte. Decir algo más a veces no es solo nombrar las cosas. Hay artistas que te gustan aunque la sintaxis no sea la tuya. Luego están los mercados. En España hay gente que trabaja muy bien y personas muy inteligentes.-¿Cómo ve a Grecia, cuna de la civilización occidental?-Los griegos están logrando llamar mucho la atención, pero también eso ocurre en el mal arte. Habrá gente asustada en Grecia, pero también en el FMI. Ha sido una estrategia clara para la siguiente negociación.-¿Un cuadro que podría presidir la negociación final?-No lo sé. Tampoco creo que "La Rendición de Breda" sea el mejor cuadro de Velázquez. Es más representativo un estudio como el de "Las Meninas".

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