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Publica "Ultramar" sobre la Conquista de América

Pilar de Arístegui: "Las mujeres indias preferían a los españoles"

"Los ingleses se inventaron la Leyenda Negra para quitar el dominio del mar a España", afirma

Pilar de Arístegui. // Pilar Abella de Arístegui

Pilar de Arístegui. // Pilar Abella de Arístegui

Pilar de Arístegui (Bruselas, 1945), hija, esposa, madre y hermana de diplomáticos, nacida en plenos bombardeos sobre la embajada de España en Bruselas durante la II Guerra Mundial, pintora y escritora formada en Madrid, París, Londres y Nueva York, ha creado a Micaela casi como un heterónimo suyo, una mujer culta, cosmopolita y enamorada de la belleza y del arte en su novela "Ultramar" (Ediciones B) donde viaja al siglo XVI para desgranar la Conquista de América. Su hermano Perico falleció en el atentado a la embajada española en Líbano. El pasado mes de agosto Pilar de Arístegui perdió a su marido Carlos Abella, nombrado por Juan Pablo II gentilhombre del Papa por sus servicios como embajador de España en El Vaticano.

- ¿Qué hay de autobiográfico en la vida de Micaela, la diamantista de "Ultramar", una mujer viajada, cosmopolita, culta y enamorada de la belleza del arte que participa en la Conquista de América?

- Sí que hay connotaciones entre Micaela y yo. Viajar ha sido mi vida y eso me ha permitido tener una gran amplitud de miras, conocer a mucha gente y disfrutar de muchas culturas. A Micaela la mandé a los reinos itálicos primero y luego quise que viajase hasta las Indias.Ese viaje nació a instancias de Gonzalo Anes cuando era presidente de la Real Academia de la Historia de España. Me pareció una idea muy buena escribir sobre el siglo XVI en Indias y mandar a Micaela y a toda su familia al Nuevo Mundo.

- ¿Ha influido en su vida tan viajera haber nacido en la embajada de España en Bruselas?

- Mi madre me decía siempre que se puede tener miedo pero no ser cobarde y me recordaba que yo nací durante los bombardeos que sufrió Bruselas durante la Segunda Guerra Mundial, así que no tenía que tener miedo a nada.

- ¡Menuda forma de llegar al mundo!

- Fue en febrero de 1945. Cuando empezaron los bombardeos en Bélgica, lo primero que hizo el Gobierno español fue recoger los tapices de la embajada y dejar a mis padres con sus cinco hijos en la embajada bajo el ruido de las bombas. En abril, afortunadamente, se acabó la guerra.

- Después viajó con su marido, el embajador Carlos Abella, por casi todo el mundo. ¿Cuál es la embajada que recuerda con mayor cariño?

- Donde me he sentido más en casa ha sido en Italia. Allí tuve el privilegio de conocer y tratar al Papa Juan Pablo II. Era un comunicador nato que te hacía sentir muy a gusto. En 1999, el Vaticano me encargó un cuadro por el año dedicado a Jesucristo Evangelizador que a un monseñor no le gustó mucho.

- ¿Y qué pasó?

- Que al Papa Juan Pablo II le gustó.

- ¿Qué le dijo?

- Es un cuadro muy bueno. Le bendigo a usted y a su pintura.

- ¿Y cuál es el destino que le produjo más zozobra?

- No tiene nada que ver con el país, pero lo pasé muy mal en Kenia. Fue una época trágica porque en 1989 mataron a mi hermano, Perico, mientras estaba de embajador en Líbano. Mi cuñada, que es un ejemplo de todo, se quedó con dos niños pequeños a los que ha educado para que se valgan por sí mismos.

- ¿Pero no es la vida de los embajadores una vida de lujo y boato?

- En mi familia siempre he visto el servicio a España tanto en mi padre, como en mi hermano y en mi marido. Mi padre gastó su vida y su hacienda por España y mi marido Carlos siempre pensó en su profesión como un servicio a su país.

- A pesar de haber vivido en tantos países, ¿por qué siente tanta predilección por América?

- América es mágica y necesitamos un poco más de magia en nuestras vidas. Yo que he perdido ya a tantos seres queridos necesito de esa magia que te regala América.

- Dibuja en "Ultramar" una Conquista con personajes nobles que llevaron a América la religión del amor y que deseaban la igualdad, pero hubo de todo, ¿verdad?

- No faltan en "Ultramar" personajes abyectos llenos de codicia y lujuria que iban impulsados por la avaricia y que pisaban a quien tuviesen que pisar para conseguir sus propósitos y calmar sus ansias de poder y de dinero. ¡Eso sí! No nos podemos olvidar de otros personajes, los que más, que viajaron hasta las Indias y que dieron su vida por ayudar a los demás y construir un Nuevo Mundo.

- ¿Por qué cree usted que los nativos de la Nueva España aceptaron tan pronto a los conquistadores?

- Aunque parezca mentira con los criterios del siglo XXI, el régimen de los conquistadores era mucho mejor que el de los aztecas. A Hernán Cortés le ayudaron los pueblos sometidos por los aztecas que obligaban, por ejemplo, a pagar tributos en forma de sacrificios humanos. Las mujeres indias aceptaban de buen grado a los españoles porque mejoraban su situación. Los maridos españoles eran para las indias mejores maridos que los indios aunque, de nuevo, hubo abusos que llegó a denunciar el obispo Zumárraga, quien atacó con dureza a los criollos y españoles que no respetaban a las nativas.

- ¿Se empobreció la sociedad hispana del siglo XVI con la marcha a Las Indias de aquellos coetáneos que buscaban un Nuevo Mundo?

- Mucho, porque se fueron grandes hombres y mujeres deseosos de crear un Nuevo Mundo.

- Así que la primera fuga de cerebros se produjo durante la Conquista,

- Sí. La primera fuga de cerebros españoles se produjo durante la Conquista. Eran personas audaces, decididas y segundones de casas buenas que buscaron una oportunidad en otra parte. No hay que tener miedo a buscarse la vida fuera de tu tierra.

- ¿Qué papel protagonizaron los franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas que se fueron a América?

- Los franciscanos llegaron desde el primer momento de la Conquista a América y fueron fundamentales en la educación del país tanto para nativos, como para criollos y españoles. Fueron además los grandes defensores de los derechos de los indios y los inventores de la sanidad universal. Tampoco hay que olvidar que todas esas órdenes religiosas hicieron un trabajo portentoso en el campo de la arquitectura con la construcción de conventos, asilos y hospitales.

- ¿Por qué entonces esa leyenda negra de España?

- Porque a Inglaterra le convenía. Los ingleses querían quitar el dominio del mar a España y primero se valieron de bucaneros, piratas y corsarios. Más tarde crearon su propia marina y comenzó a propagarse la Leyenda Negra sobre los supuestos abusos de los españoles en las Indias. Justificaban esa leyenda diciendo que atacaban a un poder del mal, pero lo que realmente querían era el dinero.

- ¿Por qué ha durado tanto esa leyenda?

- La historia anglosajona ha tenido un fortísimo aliado en el cine, que siempre presentaba a una reina Isabel I velando por sus súbditos y luchando contra las fuerzas españolas del mal.

- La leyenda negra nos la estamos creando ahora nosotros mismos con la corrupción, ¿no?

- La corrupción ya existía en el siglo XVI y es algo inherente al ser humano. Siempre hay alguien que se quiere aprovechar a costa de la pobreza del prójimo, pero siempre hay alguien también dispuesto a ayudar. Lo que estamos viendo ahora en España es una vergüenza fruto de una decadencia de valores que han sido sustituidos por el todo vale. En la hora de la muerte se nos analizará por nuestros actos y no veo mucho amor en hacerse una fortuna de la miseria de los otros.

- La reivindicación del indio está calando en Sudamérica en los últimos años. ¿A qué cree que se debe?

- No me parece mal tener presentes las raíces de uno, pero creo que hay que huir de los nacionalismos exacerbados que tergiversan la realidad. Me parece que en América se han dado en las últimas décadas unos movimientos populistas que han cambiado la realidad de la historia en beneficio propio.

- ¿Cuánta culpa tiene España en ese sentimiento antiespañol?

- Mucha. Para empezar, España se ha olvidado de que la historia de América es también su historia y no veo que sea parte importante en los planes de estudio. Deberíamos buscar en el cine al aliado perfecto para acercar la historia a las personas de forma clara y rigurosa.

- Señora Arístegui, ¿ha logrado ya el sueño de poder vivir sin una maleta al lado para viajar de uno al otro lado del Planeta?

- No. Tengo a mis hijos repartidos por el mundo y los voy a ver en cuanto puedo. Ahora estoy preparando un viaje para conocer a mi nieto Carlos Abella, el pequeño que no pudo conocer mi marido.

- ¿Echa mucho de menos a su marido?

- Sí, nunca me imaginé que su pérdida iba a ser tan dura.

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