Muchos investigadores quisieron situar los versos de esta composición -los datos más antiguos del occidente europeo que se conocen- en Suecia, Dinamarca, Irlanda o Gran Bretaña, pero para el escritor marinense Xoán Bernárdez no hay duda de que la costa descrita en la "Ora Maritima" se corresponde con Galicia. En su tesis doctoral "El extraordinario mundo de la Ora Maritima" -que acaba de ser publicada- Bernárdez desglosa sus más cuatro décadas de estudio de la composición.

"El poema recoge un viaje por mar desde algún punto incierto de la fachada occidental europea hasta lo que hoy en día es Marsella. Se sabe que los versos acaban en esta ciudad, incógnita era de dónde partían", relata el historiador.

Bernárdez toma las referencias temporales y geográficas citadas en el poema para calcular la ubicación de los lugares mencionados. "Podemos seguir a través de los comentarios de la 'Ora Maritima' que las distancias que expresa en días se refieren a 24 horas de navegación, mientras que las que indica en soles se refieren a travesías diurnas", razona en su tesis. Así pues, calcula que cada jornada debía equivaler a unos 200 kilómetros en una embarcación ligera. Bernárdez aplica este parámetro al recorrido expuesto en los versos, saliendo de un punto final reconocido, Marsella, y retrocediendo en la singladura hasta ubicar el incio de la Ora Maritima en tierras gallegas.

Uno de los puntos claves para localizar la narración son las Columnas de Hércules, el estrecho de Gibraltar. "Había un viaje marítimo de 3 días desde las Columnas de Hércules hasta el Promontorio Ophiussa, es decir, unos 600 km, lo que nos lleva exactamente al cabo de Roca y la montaña de Sintra, muy próximas a Lisboa", argumenta en sus trabajo doctoral.

A continuación el poema reza que "desde el promontorio Ophiussa hasta la prominencia del Aryio hay una navegación de dos días", lo que equivaldría a 400 km. "A esa distancia se localiza Cabo Silleiro" sentencia Bernárdez, quien además de los datos geográficos sostiene su razonamiento en las características topográficas plasmadas en los versos: "con 197 m. de altura, que se alza hacia el áspero setentrión, tal como afirma Avieno, próximo a su vez al Monte de Venus donde el mar ruge alrededor de dos islas inhabitadas a causa de su pequeñez. Se trata de Monteferro y de las Estelas, rodeadas de arrecifes", concluye en su estudio.

Continuando con la navegación se llega la punto más conflictivo a la hora de ser identificado: el monte Oestrymnio. El poema dice: "cuya alta y pedregosa mola se vuelve hacia el templado Noto. Al pie del vértice de esta prominencia se abre el golfo Oestrymnino, en el que se descubren las ilas Oestrymnidas, bastante dispersas y ricas en materiales de estaño y plomo". Bernárdez identifica este punto con el cabo de Fisterra, y a partir de ahí vuelve a trazar una nueva ruta hasta llegar a la tierra de Albión, que sitúa en la frontera gallega con la asturiana: "Desde aquí hasta la Isla Sagrada, hay un viaje de dos soles para un barco. Ahí se extiende esta y un amplo territorio ocupado por los hiernos. Después se ofrece próxima la isla de los albiones".

Refrenda su premisa con un descubrimiento clave para situar los principales lugares descritos en la 'Ora Maritima': "la aparición hace ochenta años en la ribera asturiana del Eo de una estela funeraria dedicada al príncipe de Albión y datada en el siglo I". Una teoría sostenida hace tiempo por diversos investigadores que defienden que los albiones eran un pueblo del noroeste de la península ibérica que se expandiría por las islas británicas.

Comercio de estaño

¿Y cómo llegaron hasta estas latitudes griegos, cartagineses y tartesios? "Venían a comerciar. Buscaban materiales como el plomo, pero sobre todo el estaño. Según algunos escritos de la época este elemento llegó a cotizarse más que la plata", comenta Bernárdez. El historiador destaca que lo necesitaban para sus enseres pero especialmente para elaborar armas.

Se muestra escéptico sobre la posibilidad de asentamientos griegos en la costa gallega y deshecha la línea de investigación que sugería una posible fundación helénica de la ciudad de Vigo, la 'Vicus Helenis'. "Vicus es un nombre romano y de eso no hay duda. Hay muchos otros 'vicus' en el mediterráneo que hacen referencia a un lugar no demasiado grande. Los griegos eran más exploradores, venían a comerciar no a establecerse". Sin embargo, sí avala una mayor presencia de fenicios en la costa gallega: "no eran colonias, sino más bien asentamientos fruto del intercambio comercial. No hay que olvidar que donde hoy se encuentra el Museo do Mar se han hallado restos de un puerto fenicio", argumenta el escritor.

Un poema perdido

De la "Ora Maritima" se conservan 713 versos escritos por el procónsul romano Rufio Festo Avieno alrededor del año 400 d.C. El autor, un senador pagano y culto, tomó como referencia las descripciones realizadas por diversos literatos griegos y cartagineses desde el siglo VI a.C., que ya por entonces acudían a Oestrymnia (Galicia) en busca de materias como plomo, y especialmente estaño.

El poema era más extenso, y se sabe que su recorrido llegaba hasta el Mar Negro, pero ya no se conservan esos versos. Se trata de la más antigua descripción del occidente europeo conocida. En ella se ofrecen abundantes datos geográficos, etnográficos, históricos e incluso toponímicos de la península ibérica antes del primer milenio.