Pocos personajes principales han tenido la suerte, o la desgracia, de figurar en los dos grandes "leaks" (filtraciones) de los últimos años: "Wikileaks" (2010) y "Vatileaks" (2012), es decir, las sendas revelaciones de documentos confidenciales correspondientes, respectivamente, al espacio internacional de EE UU y al Vaticano. Pero Benedicto XVI y el cardenal Tarcisio Bertone sí figuran en ambas fugas de documentación. Respecto al Papa Ratzinger, "Wikileaks" reveló que el Departamento de Estado norteamericano había calificado de "sorpresa" su elección en 2005, pero al mismo tiempo los mensajes remitidos a Washington por la diplomacia estadounidense en el Vaticano le retrataban como persona "sorprendentemente humilde, espiritual y fácil de tratar". "Wikileaks" también recogió multitud de informes de dicha diplomacia acerca de la postura de la Iglesia católica en zonas calientes del planeta: Oriente Medio, India, Cuba, Corea del Norte, Venezuela, etcétera, siendo la conclusión de todo ello que los intereses de EE UU y los del Vaticano eran coincidentes en gran parte de los puntos.

Pero sobre Bertone las opiniones yanquis reveladas por "Wikileaks" eran más amargas. Los cables confidenciales de la embajada de EE UU definían al cardenal secretario de Estado como un "yes man" ("hombre sí", sumiso, se entiende que al Papa), que protegía a Benedicto XVI de las malas noticias y de los puntos de vista discrepantes, y sobre el que había en la curia vaticana diferencias de opinión, algunas de las cuales reclamaban su "removal" (remoción).

En cuanto al "Watileaks", sobre Benedicto XVI se filtró aquel delirante documento de que estaba en marcha un complot pseudomafioso para asesinarle en otoño de 2012 (atención, trama conspiranoica: la Mafia tiene dineros en el "Banco Vaticano", y si éste acepta las normas de transparencia que se le requieren, quedarán al aire numeroso capos, luego hay que asesinar al Papa y al enterarse Ratzinger de ello comienza a meditar en su dimisión; nota: que la Mafia tenga dinero en las arcas del Vaticano, al igual que la logia masónica P2, es una historia antigua, de los tiempos del Mazinkus).

Aparte de dicho documento sobre el asesinato papal, el resto de papeles del "Vatileaks" parecían talmente escogidos y revelados para poner en evidencia al cardenal Bertone. Era el caso de la carta dirigida al Papa, con copia a Bertone, por el arzobispo Carlo Maria Viganò, denunciando presuntos escándalos en la Santa Sede, como robos en las villas pontificias, facturas falsas emitidas por el director de los Museos Vaticanos, fraudes y otras ilegalidades. Viganò era entonces secretario general del Governatorato del Vaticano, la gobernación del pequeño Estado del Papa. Tiempo después, el denunciante fue removido de la Santa Sede mediante promoción como Nuncio en EE UU. En una segunda carta, también filtrada, Viganò imploraba al Papa que no le degradase de ese modo e insinuaba que Bertone era el culpable de sus males.

Hacedor

Marco Tosatti, vaticanista de "La Stampa", señaló entonces que probablemente hubo un tiempo anterior en el que Viganò esperaba de Bertone que lograra su promoción a cardenal con un puesto importante en la curia. El Bertone hacedor de cardenales es algo admitido en el Vaticano. De los 18 cardenales electores que Benedicto XVI creó a comienzos de 2012, 6 italianos estaban bajo la tutela de Bertone, y habían sido no menos de una docena los afines suyos nombrados en el consistorio del año anterior.

¿A qué apuntaban en definitiva las filtraciones de "Wikileaks"? A que Bertone trabajaba para sí mismo y no ayudaba al Papa a gobernar la Iglesia, sostenía el vaticanista Sandro Magister, del semanario "L'Expresso". Otros críticos con el Secretario de Estado señalaban en aquella época que desde su nombramiento en 2006 se había equivocado en la elección de colaboradores o se habían deteriorado sus relaciones con otros (así, el Sustituto de la Secretaría de Estado, Fernando Filoni, fue removido a la prefectura de Propaganda Fide). Magister, por su parte, también habló del desastroso plan de Bertone para crear una gran estructura hospitalaria de la Iglesia en Italia comprando el hospital San Raffaele de Milán y fusionándolo con otros centros médicos de titularidad católica. El citado vaticanista añadía que fue en ese caso el propio Benedicto XVI quien indicó a Bertone que diera marcha atrás, como así sucedió.

En suma, con Bertone al frente de la Secretaría de Estado, se producía cierto desgobierno y, al mismo tiempo, no se ponían los medios para que el Papa no incurriera en errores, por ejemplo, cuando levantó la excomunión a los cuatro obispos lefebvrianos y uno de ellos, el inglés Williamson, se descubrió acto seguido como pertinaz negacionista del Holocausto judío. El escándalo alcanzó tales dimensiones que la propia canciller Merkel, como entonces trascendió, telefoneó un domingo por la tarde al Papa y en un perfecto alemán hablaron del caso. Días después, Benedicto XVI pedía disculpas en una carta pública y venía a reconocer que un dato como el negacionismo de Williamson, que circulaba incluso por todos los blogs de internet, no había sido captado pese a toda la maquinaria del Vaticano (y en particular de la Secretaría de Estado).

Pero las críticas a Bertone, especialmente recogidas por Tosatti o Magister, o el propio "Vatileaks", no han hecho que decaiga la confianza de Benedicto XVI en el cardenal que de 1995 a 2002, bajo su prefectura, fue secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y existe un dato significativo al respecto datado en los últimos días. Benedicto XVI comunica su renuncia al papado el lunes 11 de febrero y justo a los cuatro días, y con el visto bueno del Pontífice, la Comisión Cardenalicia de Vigilancia del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el "Banco Vaticano", nombraba al nuevo presidente del Consejo de Superintendencia: el abogado alemán Ernst von Freyberg. Pues bien, el propio Sandro Magister, durísimo en sus críticas a Bertone, ha reconocido que el nuevo presidente teutón de IOR es "un protegido de Bertone". Además, agrega el vaticanista, "Benedicto XVI renovaba por un quinquenio la Comisión Cardenalicia de Vigilancia del IOR, confirmando al cardenal Bertone como presidente". Pero ha habido más: de dicha comisión ha salido el cardenal Attilio Nicora, presidente de la Autoridad de Información Financiera (AIF), que no coincidía totalmente con Bertone en cómo el "Banco Vaticano" ha de alcanzar la transparencia que le reclaman las autoridades de la UE. Y este mismo viernes era comunicado el nombramiento de Antoine Camilleri como subsecretario de la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado del Vaticano, en sustitución de Ettore Balestrero, colaborador de Bertone y particularmente en las relaciones con el "Banco Vaticano". Balestrero se va de nuncio a Colombia, como en su día se fue Viganò a Washington. Es decir, que corre el riesgo de equivocarse quien interprete estos movimientos como ajustes que Benedicto XVI está operando sobre Bertone antes de bajarse del trono de Pedro, el próximo jueves 28. Más bien sucede todo lo contrario.

Jubilación

El 2 de diciembre de 2009, Tarcisio Bertone cumplía 75 años (edad canónica de jubilación eclesiástica) y escribía al Papa su carta de renuncia. Benedicto XVI no la aceptó y le contestó por carta: "Siempre he admirado su 'sensus fidei' (sentido de la fe, inteligencia espiritual) , su preparación doctrinal y canónica y su "humanitas", que nos ha ayudado mucho a vivir en la Doctrina de la Fe un clima de auténtica familiaridad, unida a una decidida y determinada disciplina de trabajo. Todas estas cualidades son el motivo que me llevó, en el verano de 2006, a nombrarlo mi Secretario de Estado y son la razón por la cual en el futuro tampoco quiero renunciar a su valiosa colaboración".

Aquellas frases se mantienen incólumes en la relación de Benedicto XVI con el cardenal Bertone. Otra cosa sería que el nuevo Papa, si no fuera de la órbita de Bertone, hacedor de cardenales, aceptase su renuncia por edad al cabo de unos meses y que removiera los nombramientos de estos últimos días o los de colaboradores que el Secretario de Estado se ha quitado de en medio. Pero a día de hoy, estos son los poderes del "yes man" de Benedicto XVI.