Kirchner, gran expresionista cuya obra confiscaron los nazis
Mapfre presenta hasta el 2 de septiembre en Madrid un recorrido único por las pinturas del artista miembro de Die Brücke

"El juicio de Paris" (1912-1913).
Joaquín RÁBAGO
Cofundador y figura dominante del grupo Die Brücke (El Puente), Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938) está considerado como una de las figuras más destacadas del expresionismo alemán, a su vez uno de los grandes movimientos de vanguardia de inicios del S. XX. Gracias a la colaboración de 26 museos y colecciones privadas de Europa y EE UU, desde el que lleva su nombre en Davos (Suiza) hasta el Städel de Fráncfort, el Centre Pompidou de París, la National Gallery de Washington, e instituciones de Hamburgo, Berlín, Berna y Ludwigshafen, la Fundación Mapfre de Madrid ofrece un recorrido único por su obra, que el régimen nazi confiscó en parte en 1937 al considerarla "arte degenerado". La exposición, que podrá visitarse hasta el 2 de septiembre y no viajará a ninguna otra ciudad, la integran 153 obras de las distintas etapas de su labor creativa, desde óleos, esculturas, grabados y dibujos hasta 35 copias modernas de fotografías en blanco y negro con las que el propio artista documentó su vida, su ambiente de trabajo y su proceso creativo. Estudiante de arquitectura, Kirchner conoció en Dresde a otros artistas como Erich Heckel, Fritz Bleyl y Karl Schmidt-Rottluf, con quienes fundaría Die Brücke, grupo que más tarde se ampliaría con la presencia de otras figuras como los también alemanes Max Pechstein, Otto Müller, el suizo Cuno Amiet, el holandés Kees van Dongen y, aunque sólo temporalmente, Emil Nolde.
Hasta desarrollar el estilo propio que caracteriza a su etapa más conocida, la de sus escenas urbanas berlinesas, Kirchner sufrió la influencia de Van Gogh, muy clara por ejemplo en el retrato de su colega Heckel; la de Matisse, en su elección de colores vivos y contrastantes, aunque su estilo es siempre más impetuoso y directo que el de los fauves, y la del noruego Edvard Munch, especialmente evidente en muchas de sus litografías. Como es también evidente su interés por Gauguin, así como por el arte polinesio y africano que pudo estudiar en el departamento etnográfico del Museo Zwinger de Dresde, pero también su admiración por el arte gótico, que se refleja en las formas angulosas de sus figuras, así como en sus esculturas en madera.
Los años berlineses (1911-1915) muestran al Kirchner más expresionista: el artista supo captar con pinceladas nerviosas y mediante perspectivas distorsionadas el ambiente electrizante de la metrópoli, la iluminación artificial de sus calles, el anonimato de los transeúntes, el erotismo de los encuentros casuales o bien el interior de los abundantes burdeles, como en el cuadro "El juicio de Paris", donde las tres diosas son otras tantas prostitutas. Durante esos años pasa largas temporadas en la isla de Fehmarn, en el Báltico, que se convierte para él en una especie de paraíso terrenal donde entra en contacto directo con la naturaleza y realiza pinturas, dibujos y grabados en los que predomina el desnudo al aire libre, un tema recurrente en su producción y en el que se observa la huella del Cézanne de las "grandes baigneuses". Los años de 1915 a 1917 son años difíciles: el consumo excesivo de drogas, la falta de sueño y la excesiva carga de trabajo hacen mella en él. Kirchner es movilizado para la guerra, pero sufre las primeras crisis con parálisis de brazos y piernas, le declaran inútil para el servicio militar y a partir de entonces comenzará su paso por distintos sanatorios de Alemania y Suiza, donde retratará a médicos, cuidadores, pacientes y visitantes y realizará autorretratos en los que queda reflejada su crisis personal. En 1917 llega por primera vez a la pequeña localidad suiza de Davos, donde el novelista Thomas Mann situó su Montaña Mágica, y al año siguiente establecerá allí definitivamente su residencia. Kirchner deja atrás su etapa de urbanita y manifiesta su nueva fascinación por la vida campesina de los Alpes, donde, según dejó escrito, "se aprende a valorar la verdadera dimensión del color".
Dominan en los cuadros de esa etapa los rosas y los violetas, y el trazo nervioso de sus años berlineses deja paso a composiciones más planas. Kirchner se inspira entonces en técnicas populares de bordado y tejido y construye sus composiciones a base de manchas de color yuxtapuestas, algo que ha pasado a conocerse como su "estilo tapiz". Su última fase, que dura desde 1925 hasta su suicidio en 1938, desesperado por la anexión de Austria por Hitler y ante el miedo de que el Führer se decida a invadir Suiza, se caracteriza por un nuevo estilo, mucho más abstracto, de formas simples a la vez que monumentales, influidas por Picasso, Léger y Le Corbusier, con grandes planos de color y formas ameboides que rodean algunas de las figuras.
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