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La vaca presa en Baiona da la vuelta al mundo 25 años después

Tal día como hoy, el Concello devolvía a su dueño la "Pinta", a los cuatro años de hacerla prisionera por pastar en un jardín público

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neli pillado - Baiona

Ni siquiera se llamaba "Pinta", pero fue rebautizada con este "nombre artístico" por decenas de periodistas del mundo entero. Quizás por la gran mancha negra que cubría gran parte de su cuerpo bovino, o en homenaje a la carabela de la expedición colombina que arribó a su lugar de origen, la localidad pontevedresa de Baiona, con la noticia del Descubrimiento de América en 1493. Los hijos de su dueño ya no recuerdan el apelativo que José Costas Martínez utilizaba cariñosamente para dirigirse a una de sus tres vacas antes de que el capricho del entonces alcalde, Benigno Rodríguez Quintas, la hiciese famosa.

Y es que al animal le sobrevino la popularidad sin querer, pero no "sin comerlo, ni beberlo". Precisamente por alimentarse en un prado público –aunque en el juicio quedó demostrado que no había sobrepasado una finca privada–, el regidor dio la orden de arrestarla y trasladarla al mercado provisional de la villa –curiosamente también en la calle Carabela La Pinta–, que fue su prisión durante quince días. Cuentan las hemerotecas que el propietario trató de recuperarla, pero el alcalde le exigía una multa de 30.000 pesetas y que la cantidad solicitada por el mandatario se incrementaba conforme pasaban los días, a razón de los gastos de manutención del animal.

No hubo acuerdo y el alcalde confió el cuidado de la vaca a una familia de la parroquia baionesa de Belesar, donde permaneció durante cuatro años y cuatro meses hasta que llegó el proceso judicial. El Ayuntamiento quiso mediar sin éxito entre el propietario y la mujer que guardó a "Pinta", que también requería los costes de la alimentación de la vaca.

El dueño optó por demandar al Ayuntamiento para que le devolviese la res y le exigía casi un millón y medio de pesetas por los beneficios que le habría generado la venta de la leche y los terneros durante su cautiverio. El tribunal le dio la razón y condenó al Concello a pagarle 483.300 pesetas y a restituirle el animal. "Fue una historia con final feliz que ahora recordamos con humor, pero aquellos momentos fueron tensos, por los disgustos que ocasionaron a mi padre y porque el teléfono de casa echaba humo. Nos llamaban periodistas de todas partes", rememora José Costas Miniño, hijo del perjudicado, quien ha vuelto a revivir el episodio esta semana, contestando a medios de todo el territorio nacional e incluso a la emisora Radio Mar del Plata de Argentina para explicar los detalles del juicio que ha cumplido un cuarto de siglo. Tal día como hoy, el 12 de febrero de 1988, el Concello devolvía a su progenitor a "Pinta" y zanjaba aquel disparatado capítulo de la historia de Baiona, que bien podría haber sido extraído de una película de Berlanga. En ocasiones, la realidad supera a la ficción.

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