Del mismo modo que la Guerra Civil española sirvió al III Reich como campo de pruebas de la eficiencia de su incipiente poderío militar, para el propio Führer el conflicto bélico en España derivó también en la ocasión propicia para mostrar las imágenes de las primeras victorias de su ejército, esto es, la base de un aparato propagandístico muy bien estudiado que, si con el blanco y negro, era ya de por sí rotundo y contundente, a todo color exhibía una espectacularidad casi inédita en la época, pues no olvidemos que, en 1936, eran muy escasos todavía los fotógrafos que se atrevían a experimentar con el color, y mucho menos en exteriores .

Seguramente fue esa la razón por la que, de entre sus tres fotógrafos de confianza, Adolf Hitler eligió a Hugo Jaeger (los otros dos eran Heinrich Hoffman y Hans Erlt) para retratar los homenajes que, tras el triunfo de Franco, se le tributaron en nuestro país a la Legión Cóndor.Cuando la prestigiosa revista norteamericana "Life" procedió a clasificar las fotos que había adquirido, en 1965, a Jaeger, creyó que la instantánea del desfile de falangistas correspondía a los actos celebrados en la capital de España cuando, en realidad, pertenecía a los fastos de despedida de las tropas alemanas que tuvieron lugar el 24 de mayo de 1939 en la ciudad de Vigo, tal y como explica en la página siguiente Xoán Ignacio Herrero.

Lo que a estas alturas no ha podido ser contrastado es si Hugo Jaeger acompañó a la Legión Cóndor desde su mismo viaje de partida a España, al inicio de la guerra, o lo hizo al final. Todo parece indicar que ocurrió esto último, pues no se conserva ninguna foto de Jaeger en primera línea del frente y sí, en cambio, decenas de ellas en actos públicos organizados "a mayor gloria" del Führer .

La Legión Cóndor

Legión Cóndor fue el nombre con que se bautizó a la fuerza de intervención alemana en España en favor del bando franquista. Surtida, mayormente, por aviones y pilotos de la Luftwaffe, a medida que fue avanzado la guerra incorporó a sus filas a soldados de la Wehrmacht, las fuerzas armadas bajo cuyo peso cayó precisamente tres meses después la invasión de Polonia, es decir, el capítulo inicial de la Segunda Guerra Mundial.

Constituida en su primera fase por 3.800 hombres al mando del coronel Von Richtofen, al final de la guerra el contingente de soldados de la Cóndor que se había movilizado en España ascendía a alrededor de 5.000. Aviones, tanques de combate, artillería antitanque y antiaérea y varias secciones de vehículos de combate constituían el material de guerra de esta unidad que, en aquel momento, no era precisamente de las que en Alemania se consideraban más modernas.Frente a ella, el armamento soviético que había recibido como suministro la Segunda República era mucho más avanzando desde del punto de vista tecnológico.

Protagonista de numerosas ofensivas del ejército "nacional" sobre el territorio en manos del adversario, los aviones de la Cóndor pasaron tristemente a la Historia por ser los artífices del bombardeo indiscriminado que sufrió la ciudad vasca de Guernica -plasmado por Pablo Picasso en su famoso cuadro-, una operación que incluso los propios franquistas atribuyeron a una "iniciativa personal" de Richtofen (hijo del legendario Barón Rojo, de la Primera Guerra Mundial). De lo que no cabe duda es de que aquella vanguardia militar del III Reich estaba compuesta por soldados durísimos, bien preparados y dispuestos siempre para cualquier operación que se les encomendase. Tal vez Hitler había regateado a Franco la calidad del armamento suministrado, pero la "valía" de aquellos hombres quedaba fuera de toda sospecha, sobre todo la destreza de los aviadores, forjados en una escuela alemana de aviación de la que había surgido el progenitor del propio Richtofen.

Finalizada la contienda, cuando se supo que Vigo iba a protagonizar el "acto de despedida" a aquellos alemanes, las nuevas autoridades de la ciudad, emanadas de la victoria fascista, se dispusieron a convertir la del 24 de mayo de 1939 en una jornada histórica. Eso sí, los fastos se engalanaron como de "homenaje al general Aranda".

El propio editorialista de FARO DE VIGO se embargó del fervor del bando victorioso y, en la víspera de los desfiles, arrancaba su llamamiento a una participación masiva de la ciudadanía que se sumase a las " Vibraciones de entusiasmo jubiloso que atraviesan en estos días las campiñas y las montañas gallegas".

"Eran las diez de la noche -relata la periodista Patricia Álvarez- y los soldados y aviadores alemanes desfilaban portando antorchas y bengalas con paso seguro y firme mientras, el inmenso gentío que abarrotaba las aceras, les saludaba brazo en alto o agitando banderas con la cruz gamada. Las ensordecededoras salvas de aplausos apenas dejaban oir los himnos que entonaban las bandas de música".

Dos días después, el 26 de mayo de 1939, los cinco trasatlánticos que trasladaban a los alemanes de regreso a su patria zarpaban del puerto vigués, y también ese día "fue apoteósico", según Patricia Álvarez, aunque en esta ocasión los vigueses tuvieron que agolparse en los muelles y algunos marineros no dudaron en utilizar sus embarcaciones para despedir a los aliados de Franco en la mismísima boca de la ría.

A este respecto, y matizando la participación popular, escribe Eduardo Rolland en Galicia en guerra (Edicións Xerais) que "En aquella masa humana que vitoreaba a los ejércitos de Hitler por las calles de Vigo se unían, por un lado, la fe y, por el otro, el miedo. Y más después del llamamiento realizado por el alcalde, Suárez Llanos, que publicó un bando llamando a los ciudadanos a participar, por decreto, en el desfile: Los vigueses, que tienen el honor de poder testimoniar por última vez la gratitud de España a la noble Nación Alemana, acudirán todos a despedirlos. De manera que, en apreciación de Rolland, "quedarse en casa y no honrar a los nazis no parecía una buena idea".

Fuentes a las que tuvo acceso el mencionado Rolland sostienen que, en agradecimiento al trato recibido, el alcalde vigués fue agasajado por los alemanes con un retrato de Adolf Hitler que había sido enviado expresamente por Herman Göering y que le fue entregado por el coronel Richtofen, pero el caso es que el rastro de dicha obra se perdió para siempre y ni siquiera en los archivos del Ayuntamiento de Vigo se conserva documentación alguna que avale su paso por las dependencias municipales, un hecho muy raro teniendo en cuenta que se trataba de un regalo de Alemania a Vigo, que no de una dádiva personal a Suárez Llanos. ¿Cabría la posibilidad de que aquel retrato fuese una fotografía en color del Führer?