Fundadora de la editorial Lumen, ahora en manos de Mondadori, y autora de una decena de títulos, Esther Tusquets (Barcelona, 1936) prepara junto a su hermano Óscar, arquitecto, un volumen de memorias a cuatro manos. Promete que es lo último que escribirá del género, “porque es más divertida la ficción”. Le apasiona el juego, le indigna la injusticia y no cree en el matrimonio. Éstas son las ‘Confesiones de una vieja dama indigna’. Esther Tusquets acaba de participar en los encuentros literarios de Formentor.

-Ha cerrado Bruguera y con ello ha caído su amiga Ana María Moix, que estaba al frente. ¿Qué ha perdido la edición española con esta baja?

-Ana María es una persona inteligente y con el instinto literario mejor que conozco. La venta de libros está difícil ahora. Cada vez se promocionan y se venden libros menos interesantes. La única ventaja que veo es que Ana podrá dedicar más tiempo a la escritura. Y ése sí que sería un buen negocio. Aún tengo que publicar con ellos un libro que me propusieron para mejorar la educación de la gente, Catálogo de pequeños delitos abominables.

-¿Educar a la gente?

-Sí, allí cuento situaciones cotidianas que me molestan especialmente. Por ejemplo, la típica señora mayor y pelmaza que coge la carta en un restaurante y está tres horas para pedir. O, en el club de cartas al que voy, la típica pesada que siempre tiene frío cuando los demás nos asamos. Ah, y una que me molesta mucho, que es cuando las mujeres guapas montan el numerito de que no lo son y dicen que la guapa era su tatarabuela. O cuando una pareja habla usando el nosotros. Una vez un amigo mío me dijo que él y su mujer aquel día no iban a ir a la playa. ¿Por qué?, le pregunté yo. Porque tenemos la regla, me contestó.

-Algunas parecen manías personales.

-Sí, sé que hay cosas indefendibles. Me molestan los viejos que se quejan y dicen que no pueden dormir porque el bar de abajo cierra dos horas más tarde porque es fin de semana. Todos hemos sido jóvenes, por favor. Hay que dejarles que se diviertan. Yo creo que tienen envidia. Tengo mi propia teoría sobre la vida: la gente no quiere que seas feliz, le gusta chinchar.

-¿Por qué su padre compró la editorial de su tío? ¿Pensaban ya entre todos darle un giro antifranquista a la empresa?

-Mi padre llegó un día a casa y nos soltó que había comprado la editorial de un tío nuestro, Juan Tusquets, un señor que colaboró mucho con el franquismo. Pero en esos momentos la llevaba otro tío nuestro, Carlos, que optó por los perfumes. Lumen en aquellos momentos editaba libros de religión para los colegios. Pero nuestro tío nos dijo que de vez en cuando podíamos editar algún librito que nos gustara. En menos de quince días, sólo vivíamos y hablábamos de la editorial en casa. Creo que Lumen fue bien de milagro. El único criterio que teníamos era editar lo que nos gustaba. Todo aquello era invendible. Pero llegaron Umberto Eco y Mafalda y conseguimos ser la editorial más rentable de España.

-Usted formaba parte de la burguesía catalana, ¿de dónde le viene esa conciencia social tan marcada?

-Hay un momento en la vida que comienzas a ver cosas que son raras. En mi cuento Orquesta de verano cuento algo que me pasó. Yo era pequeña y estaba en s´Agaró, en un hotel de lujo, con mis padres. Allí había una orquesta y un músico tenía una niña de cuatro años. Yo salía con ella a veces. Y recuerdo que un día fuimos a una fiesta de gente bien y a ella no la dejaron entrar. Aquel día hubiera sacado la pistola inmediatamente. Hay cosas que ya no entendí: por qué unos lo tienen todo y por qué otros no tienen nada. Nunca he tenido sentido de la propiedad.

-¿Por qué vendió Lumen?

-Murió mi padre y la parte económica no me divertía. Una editorial es un negocio con mucho riesgo y ya no tenía ganas con sesenta años. Lo que pasa es que me prejubilaron cuando me faltaba un año. Lumen la compró Rowohlt, una multinacional donde las decisiones se toman en un despacho de Hong Kong o Nueva York. Algo totalmente impersonal. La empresa tenía mala conciencia por aquello que me hicieron y me regalaron un Rolex de los buenos.

-¿Le dolió mucho aquello?

-No. Otras cosas me han dolido más.

-La califican como la editora más importante de España. ¿Se reconoce en esas palabras?

-No lo sé. No me importa mucho. No soy tan ambiciosa ni tan trabajadora como otras. Cuando creció Lumen dejó de interesarme. Vivo dispersa en cosas diferentes. Mi vida nunca ha sido Lumen. Están mis libros, mis hijos, el juego, mis amantes. -¿Cree en el matrimonio?

-Creo que no sirvo para el matrimonio. No me veo compartiendo con alguien todos los aspectos de mi vida. Cuando una relación pierde intensidad y se convierte en algo amable y educado, el precio que pagas es demasiado caro por lo que te dan a cambio. El matrimonio es la gran garantía contra la soledad.

-¿Por qué juega? ¿Acaso ve la vida como un juego?

-Juego porque me aburro. Si estuviéramos haciendo algo para cambiar el mundo o formando un nuevo partido político totalmente diferente de lo que hay, no iría al club de juego.

-¿Ha hecho usted alguna vez huelga?

-Sí, hice una vez huelga, hace muchos años. Pero luego me fui al despacho porque tenía que hacer unas cosas. Al llegar a la editorial vi que todos estaban trabajando. Ahora no sé si haría, me has creado un problema con esto de la huelga. Creo que las medidas económicas en este país deberían tomarlas técnicos especializados y no políticos y sindicalistas. No me quejaré si me rebajan la pensión. Y no sé, ahora que lo pienso, igual ya me la han rebajado.

-¿Qué escritor le dio más problemas?

-Cela. Sus intereses personales estaban por encima del respeto a los demás. Me mandó una carta diciéndome que no me haría un tercer libro que habíamos convenido, y que si yo le obligaba a hacerlo, iba a demandarme de algo tan absurdo como no pagar los derechos de autor. Bastaba que me hubiera dicho que quería publicar con Alfaguara.

-¿Son muy amigos los escritores?

-Sí. Y los más inseguros son los más susceptibles. Los seguros de sí mismos son fáciles de tratar. Ésta es una profesión de riesgo.

-Prefiero ser mujer, ¿por qué?

-Porque supuestamente en la historia de la humanidad no hemos hecho nada. Estamos en desventaja. Siempre he creído que las mujeres somos más sabias que ellos. Las niñas a los cinco años son mucho más listas que los niños. ¿Por qué nos atontan después?

-¿Burka sí o burka no en espacios públicos?

-Burka no. A las mujeres hay que destaparlas. Eso es represivo y oscurantista, no tiene nada que ver con la cultura. Si los musulmanes viven entre nosotros, deben seguir muchas de nuestras reglas sociales.