"Hemos decidido educar al pueblo y convencer a muchos padres incluso aquellos con creencias muy tradicionales y arraigadas, de que circuncidar a las niñas no es un requisito del Islam", explicó el jeque Harun Rashid, de la mezquita de Rahma en la localidad de Isiolo.

"Nuestra primera tarea es informar a los padres de que el libro santo (Corán) enseña que este acto doloroso no es una obligación, es una tradición y no una obligación religiosa", señaló el imán a la agencia de noticias de la ONU, IRIN.

Esta campaña, que comenzó a muy pequeña escala hace una década, se ha extendido ahora por voluntad del Consejo de Imanes y Oradores Musulmanes de Kenia. En gran medida, la expansión de estos conocimientos al norte de Kenia depende de las enseñanzas de las oraciones del viernes, día festivo en el Islam.

"Nuestra forma de abordarlo es diferente y barata, no como esos talleres realizados en hoteles", criticó Rashid. "Nuestras campañas simples por parte de los imanes y profesores de escuelas islámicas se producen principalmente los viernes, cuando una gran número de musulmanes atiende a las oraciones semanales, por lo que convencemos a muchos", explicó.

Según fuentes del Consejo Musulmán, la campaña se ha ampliado ahora por todo el noreste y las provincias del este, donde reside la mayor parte de la población africana musulmán y árabe.

"El Islam es muy claro: ninguna parte de nuestro cuerpo debe quitarse o cambiarse. Sólo los niños se supone que deben ser circuncidados", explicó el jeque Mohamed Abdi en la localidad de Garissa, la ciudad con mayor número de musulmanes en la región noreste.

"Los padres de las tribus somalíes y boranas exponen a sus hijas a estos actos crueles porque fueron engañados en la creencia de que es una obligación religiosa", añadió. "La práctica ha causado mucho daño a nuestras chicas, privando a muchas de ellas de interés en el sexo, una actividad importante que Alá dio a todos los seres humanos", puntualizó. La mutilación genital además está relacionada con muchos divorcios como consecuencia del descontento sexual", explicó Abdi.

Los clérigos son conscientes de que su campaña se enfrenta a numerosos retos, incluido el de cambiar las fuertes creencias tradicionales que apoyan la mutilación genital femenina en las comunidades de la región. A esta dificultad se añaden los recursos limitados e inadecuados con los que los clérigos cuentan, lo que limita sus movimientos entre mezquitas.

Otros grupos contrarios a la ablación afirman que es necesario que se apoye a los líderes religiosos en este trabajo porque pueden salvar a muchas niñas de ser sometidas a esta tortura, y de los problemas asociados a la ablación.

La ablación implica el corte o extirpación del clítoris y la membrana vaginal, generalmente practicada en condiciones antihigiénicas. Se practica en 28 países y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia estima que más de 140 millones de niñas y mujeres en todo el mundo han sido sometidas a ella.

MAYOR INCIDENCIA EN AFRICA.

El lugar de mayor incidencia mundial de la ablación es Africa, incluido Kenia. Por el momento, la presión de los activistas de Derechos Humanos y defensa de la infancia ha logrado que 16 naciones de este continente legislen contra la ablación, en cumplimiento con el Protocolo de Maputo de 2005, un documento regional que explícitamente prohíbe y condena la mutilación.

Kenia ha firmado este protocolo y prohibido la mutilación genital femenina en una ley de 2001, que protegen a las niñas de los matrimonios tempranos o forzosos, la ablación, y juzga a los que sean culpables de practicarla, aunque se ha demostrado que por el momento su aplicación es difícil.

Los activistas estiman que al 32 por ciento de las mujeres entre 15 y 49 años en más de la mitad de los distritos de Kenia se les ha practicado la ablación. Los números más altos se encuentran entre las etnias Kisii, Maasai, Kalenjin, Taita/Taveta y Meru/Embu.

Las estimaciones además son más altas en el noreste del país, donde el 98 por ciento de las mujeres han sido sometidas al peor de los tipos de ablación, la infibulación, que consiste en la retirada de los genitales externos y el cierre de la vagina cosiéndolo, y dejando únicamente un pequeño orificio para la orina y el flujo menstrual.

Los expertos sanitarios han confirmado que las complicaciones que derivan de la ablación son muy comunes porque la mayoría de las veces se realiza sin anestesia, usando utensilios rudimentarios y en condiciones antihigiénicas. Además aumenta el riesgo de expansión del VIH/sida.

Según al Organización Mundial de la Salud (OMS), los estudios sobre la práctica han mostrado que las mujeres que son sometidas a esta mutilación son más vulnerables al parto y sus bebés son más proclives a fallecer durante el alumbramiento.