Pero en realidad fue de las técnicas de reconstrucción facial de las que habló en primer lugar, calificándolas como `fundamentales´ y deteniéndose en la explicación del denominado método de cuantificación de la profundidad del tejido blando. Se refirió más tarde a la reconstrucción del cuerpo completo como algo más complicado. "Por ejemplo -dijo- existía una imagen canónica del hombre de Neardental, que se representó al principio como cheposo, renqueante, patizambo... en base al esqueleto hallado en la Chepelle aux Sants, pero luego se descubrió que pertenecía a un anciano encorvado por la edad y con problemas de artritis".

Antón habló de esos elementos que hoy se utilizaban para la reconstrucción, como la fotografía, disección, scanner laser... que permitían conocer con exactitud la relación entre tejido blando y hueso. E incluso se refirió a la existencia de eslabones perdidos en el registro antropológico, citando a los australopitecos, homínidos erectos pero con extremidades superiores más aptas para colgarse de los árboles.