Cuando contaba con 18 años, Enrique González decidió ir al Miño a pescar. Eran los años cincuenta y Arbo y los arbenses "venían de matar el hambre" de los tiempos duros de la guerra y la postguerra a base de lamprea verde o escalada.

"Meirol", apodo con el que lo bautizaron mientras trabajaba en una obra en una parroquia de Mondariz, es hoy, con 75 años, el segundo pescador más antiguo de la localidad porque José Alonso Novoa le gana en edad -tiene 80 años- pero quizás estén a la par en aventuras y lampreas sacadas del Miño.

El día que por vez primera colocó una "nasoura" -nombre que recibe la red cónica utilizada- en la pesqueira, desconocía que aquellas paredes llevaban allí en el Miño más de mil años -de tiempos de los romanos dicen las leyendas- y que la red era un artilugio muy antiguo, tanto que los arbenses habían perdido la noción de los siglos que pasaron echando la red para coger al dinosaurio del Miño, porque la lamprea conserva la forma prehistórica de los peces y se dice que es el vertebrado más primitivo.

Recuerda que un día llegó a pescar 150 lampreas en dos pesqueiras. "Aqueles eran tempos de fame, pero de fartura no río... Cento cincuenta nunha noite, ¿Quén o ve hoxe?.", afirma. En la actualidad las noches quedan en diez o en veinte lampreas, aunque recuerda que hace dos años "chegaron a pescarse cincoenta".

Propiedad familiar

Las pesqueiras, como los molinos de herdeiros, han pasado de padres a hijos, generación tras generación, y las explotan generalmente las mismas familias que lo hicieron hace siglos. "Agora e meu sobriño Julio e o que vai, porque eu ando moi pouco", asegura Meirol. Hay otra red que se utiliza también en Arbo y que dicen los mayores era extraordinaria para pescar sábalos.

La "pesqueira", dos gruesas pareces construidas en dirección a la corriente, es una parte fundamental para la pesca, ya que las lampreas que suben a contracorriente se introducen en la misma. Sin embargo, la red debe estar perfectamente situada en el fondo y colocada de tal forma que pueda ser extraída con facilidad una vez el animal está en su interior. "Hai a moitos que se lles atranca porque pensan que saben e non... iso ten a súa cencia", añade Enrique.

La pesca de lamprea fue para numerosos vecinos de Arbo un complemento durante años en la temporada de febrero a mayo. "Sacabase máis cartos que traballando todo ano", dice. Ahora, los jóvenes mantienen la afición a la pesca del ciclóstomo -recibe ese nombre por su boca redonda- "e iso que non pescan nin a cuarta parte do que se pescaban antes".

Meirol no entra a valorar si ha sido la contaminación la causante de la reducción de capturas, pero indica que a pesar del cambio de los tiempos "a lamprea prepárase en Arbo como en ningún sitio da terra". Su hermana Amelia es para él una de las mejores cocineras de la zona. El secreto es saber cocinar pero también que la lamprea sea buena lo que sólo garantiza un ejemplar del Miño.