Alberto Ruiz De Samaniego, comisario del pabellón de España en la Bienal de Venecia 2007: "El arte vive bajo el espectáculo del horror, cerca del Apocalipsis"

Alberto Ruiz de Samaniego, profesor de la Universidad de Vigo, escritor y crítico de arte.
Alberto Quian / VIGO
Acaba de llegar de Venecia, donde ha estado supervisando el pabellón con el que cuenta España en la famosa Bienal de la ciudad italiana. Encantado con la ubicación y las condiciones de la construcción, le toca ahora llevar a la práctica sus ideas para este encuentro internacional. Alberto Ruiz de Samaniego (Fene, 1966) tiene claros tres ejes sobre los que desarrollará su labor como comisario: hibridación de los distintos lenguajes artísticos, relectura de Venecia más allá de la melancolía, y superación del tremebundismo que domina al arte contemporáneo. A la par que ejerce su trabajo en la Universidad de Vigo como docente de Estética y Teoría de las Artes, este crítico está inmerso ya en la búsqueda de los artistas que representarán a España en la Bienal veneciana. Lo que sí es seguro es que apostará por crear un diálogo entre autores de distintas Comunidades autónomas, rompiendo con la tendencia de anteriores ediciones en las que el pabellón español dio cobijo a un único artista.
-¿Cuándo le comunicaron su asignación como comisario del pabellón español y qué impresión le causó la decisión?
-Me lo comunicó hace unas tres semanas Alfons Martinell, director general de Relaciones Culturales y Científicas del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. El comité de asesores optó por mí como respuesta a su deseo de descentralizar la elección de los comisarios, pues hasta ahora generalmente han designado a profesionales de Madrid o Barcelona.
-¿Puso alguna condición para aceptar el encargo?
-La única condición que puse es que requería autonomía plena para desarrollar el proyecto y para decidir el número de artistas, pues la dinámica en las últimas ediciones era llevar a un solo creador, además, consagrado, y no se ofrecía nada novedoso. Y aceptaron este proyecto soberano, autónomo.
-¿Y en qué momento se encuentra?
-Estoy elaborando la propuesta teórica, con tres grandes vías que espero que converjan: la primera, la idea de que las artes hoy funcionan por las hibridaciones de sus signos, por las conexiones entre plástica, fotografía, vídeo...; en segundo lugar, me gustaría hacer una relectura de lo que significa Venecia y romper con esa idea melancólica o triste de la ciudad, y en ese sentido hay autores como Nietzsche, Proust o Pound que encuentran una Venecia positiva, con ritmos, luz y música que estimulan sus proyectos; y la tercera vía coincidiría con Venecia en el sentido de que el arte contemporáneo, cuando no está sumido en una orgullosa banalidad, lo está en la dramatización, en la incertidumbre, en el espectáculo del final, del Apocalipsis, de lo tremendo, y yo prefiero frente a esa insignificancia paralizante, la afirmación de la vida, los modelos del paraíso, y en eso Venecia es paradigma como milagro que aparece en el mar.
-Pero en tiempos tremebundos es normal que el arte refleje incertidumbres...
-Es cierto que vivimos bajo el espectáculo del horror. La situación geopolítica y bélica que nos rodea nos lleva a todos a pensar que vivimos cerca del Apocalipsis, pero creo que el arte debería rescatar en medio del terror acontecimientos positivos.
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