De hecho, sólo 244 locales de la "Gran Manzana", una ínfima parte de los locales de ocio de la ciudad, están autorizados para el baile según esta ley, que surgió como un intento de evitar las relaciones interraciales y el ´escándalo público´.

Ello supone que los millones de personas que cada noche mueven sus caderas al son de la música en las discotecas, bares y locales de la "ciudad que nunca duerme", se exponen a una multa o lo que es peor, a provocar el cierre del local, según ha denunciado un grupo de activistas, conocidos como "Metropolis in Motion".

La ley de 1926, que nunca fue derogada aunque durante años quedó en el olvido, fue recuperada por el anterior alcalde de la ciudad, Rudolph Giuliani, para cerrar decenas de bares y clubes nocturnos, como parte de su proyecto de mejorar la "calidad de vida" y la seguridad de la ciudad.

Por ello, este colectivo ha convocado para hoy una gran concentración de ciudadanos, activistas, bailarines, raperos y artistas callejeros frente a la casa del alcalde, con la intención de hacer lo que no pueden realizar en un club: bailar.

"Unete a nosotros y baila al aire libre para llamar la atención sobre la antigua y restrictiva Ley de Cabarets de la Ciudad de Nueva York", asegura en su convocatoria los activistas de "Metropolis in Motion", que esperan convertir los aledaños de la residencia oficial en una gran pista de baile.

Tras una derrota el pasado mes de abril en la Corte Suprema de Manhattan, el grupo planea presentar una apelación el próximo mes de septiembre, con el argumento de que esta ley viola la libertad de expresión.

"Creo que el baile social es una actividad expresiva que debe estar protegida por la constitución del Estado de Nueva York", dijo Norman Siegel, antiguo presidente de la Unión de Libertades Civiles, al diario Village Voice.

Siegel culpa de la revitalización de esta ley al anterior alcalde, Rudolf Giuliani, que se ganó una fama internacional por los logros que obtuvo en los años 90 por reducir la criminalidad y el porcentaje de vagabundos.

Convertido en el "alcalde de América" por su actuación en los atentados del 11 de septiembre de 2001, Giuliani no solo redujo el numero de locales nocturnos, sino que ejerció una dura batalla contra los locales de streaptease y sexshops que poblaban la ciudad.

Además, los activistas acusan al Departamento de Consumo, que emite las licencias de baile, de haber consolidado este instrumento como una herramienta legítima para controlar la proliferación de locales en la ciudad.