El Papa dijo ayer que en el mundo actual hay un fuerte sentimiento de frustración y convive "un extraño olvido de Dios junto a un boom de lo religioso" y advirtió que "si se exagera demasiado, la religión se convierte en un producto de consumo".

"En numerosas partes del mundo existe hoy un extraño olvido de Dios. Parece que toda marcha sin él. Pero al mismo tiempo existe un sentimiento de frustración, de insatisfacción de todo y de todos. Dan ganas de exclamar: ¡No es posible que la vida sea así!" afirmó Benedicto XVI en la multitudinaria misa celebrada en la explanada de Marienfeld, a 27 kilómetros de Colonia.

El Pontífice se despidió ayer de su patria alemana expresando la esperanza de que la Jornada Mundial de la Juventud haya dado a conocer una Alemania de valores, muy distinta de la que causó tanto mal en el siglo XX. "Todos somos conscientes del mal producido por nuestra patria en el siglo XX y lo reconocemos con vergüenza y dolor", dijo el Obispo de Roma en el discurso de despedida a autoridades civiles y religiosas de Alemania, pronunciado antes de tomar el avión.

Con anterioridad, y durante la misa, Joseph Ratzinger advirtió que junto al olvido de Dios "existe como un boom de lo religioso".

"Se escoge aquello que place y algunos saben sacarle también provecho. Pero la religión buscada a la medida de cada uno a la postre no nos ayuda. Es cómoda, pero en el momento de crisis nos abandona a nuestra suerte", subrayó el Papa.

En su alocución animó a los fieles a ayudar a los hombres a descubrir la verdadera estrella que lleva a Jesucristo y a conocer la fe de la Iglesia. A este respecto destacó que Juan Pablo II ha dejado a los católicos una gran obra, el Catecismo de la Iglesia Católica, y que él ha presentado recientemente el Compedio de ese catecismo, "dos libros fundamentales que os recomiendo".

Este año la Iglesia celebra el Año de la Eucaristía y el Papa animó a los fieles a acudir a la misa dominical. Benedicto XVI dijo que este sacramento tiene que ser el centro de la vida de los hombres.

Se refirió también a los movimientos y comunidades cristianas, afirmando que la espontaneidad de las nuevas comunidades es importante, pero que también muy importante conservar la comunión con el Papa y con los obispos, "ya que son ellos los que garantizan que no se está buscando senderos particulares, sino que se vive en una gran familia".

Benedicto XVI pidió a los jóvenes que sean sensibles hacia las necesidades de los demás, que ejerzan el voluntariado, del que la sociedad tiene tanta necesidad. "No debemos abandonar, por ejemplo, a los ancianos en su soledad, no debemos pasar de largo ante los que sufren. Es mucho más bello ser útiles y estar a disposición de los demás que preocuparse sólo de las comunidades que se nos ofrecen".

Después se despidió de los jóvenes en nueve idiomas, entre ellos español, en el que dijo: "Queridos jóvenes, habéis venido para adorar a Cristo, ahora que lo habéis encontrado continuad a adorarlo en vuestro corazón".