26 de diciembre de 2014
26.12.2014

Encrucijada en el Camino de Santiago

La ruta jacobea atraviesa momentos de alta ocupación y afronta la masificación para obtener la "Compostela"

27.12.2014 | 12:02
El barcelonés, Antonio Pérez, posa con su "Compostela" // Lavandeira jr

El Camino de Santiago se encuentra en una encrucijada entre quienes promueven el aumento de peregrinos y los que sugieren cambiar las normas de atribución de la "Compostela", el documento que acredita haber efectuado el último tramo hasta la capital gallega, puesto que éstos últimos denuncian la masificación y la degradación.

La Xunta promociona que este año, con una cifra de 237.000, se ha batido un nuevo récord en lo referente a los peregrinos que han obtenido el documento que libra la Iglesia católica y que demuestra haber recorrido los últimos cien kilómetros a pie o doscientos en bicicleta o a caballo, lo que supone un 10% más que el año pasado.

En las últimas dos décadas, el número de personas que transitan por las rutas de peregrinación que discurren hacia la capital gallega se han multiplicado por quince, según los datos de la Iglesia, que no son exhaustivos ya que no todos los peregrinos acuden a solicitar la "Compostela" y algunos consideran que el Camino culmina en Finisterre.

El politólogo Xosé Luis Barreiro, el otrora conselleiro de Turismo Roberto Varela, el expresidente de la Federación de asociaciones de amigos del Camino de Santiago Fernando Imaz, el hispanista y galleguista británico John Rutherford o la investigadora italiana Carmen Pugliese han alertado, por separado, de los problemas de la masificación de caminantes.

También asociaciones de peregrinos de doce países y expertos jacobeos denunciaron recientemente en un foro la "masificación, comercialización, explotación y banalización del peregrino y el abandono del patrimonio cultural y artístico" y reclamaron incluso poner el Camino en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco "en peligro".

El Camino de Santiago, incluido en diciembre de 1993 en esa lista de la Unesco que agrupa los principales monumentos del mundo, ha atraído en dos décadas a cientos de miles de personas de diversos países ansiosas de recorrer ese sendero histórico.

Las citadas asociaciones critican a las autoridades civiles por "propiciar la invasión turística" y a las religiosas por el "impacto negativo" que tiene atribuir la "Compostela" solo a quienes efectúen el tramo final hasta la capital gallega.

En un reciente libro publicado en inglés por el instituto de investigación gallego Padre Sarmiento, la historiadora Linda Kay Davidson analiza precisamente la "reformulación del peregrinaje a Santiago de Compostela" y señala que los tres pilares de ese fenómeno -Iglesia, Administración e individuos- han modificado esa definición durante los últimos siglos.

En el siglo XI la Iglesia católica "orquestó incentivos para los peregrinos, ofreciendo indulgencias a los peregrinos a Tierra Santa y a Compostela, y con el poder de concederles indulgencia plenaria", según la historiadora. A partir del siglo XII, la Iglesia "ofreció trascendentales recompensas para recorrer" el Camino, tales como "absolución, indulgencias y esperanza de milagros".

Sin embargo, la Reforma protestante cuestionó tales alicientes hasta el punto de considerarlos "nada más que una fuente de ingresos para la Iglesia", lo que llevó a una caída del número de peregrinos. En el siglo XIX había entre 90 y 150 personas que recorrían el Camino hasta Santiago, y hasta 600 en años jacobeos.

Las autoridades religiosas comenzaron entonces a utilizar el término "peregrino" para quien recorriera "cortas distancias en poco tiempo" y acudiera a la Catedral, "como si se tratara de una romería", apunta Davidson, y señala que en 1909 contabilizaron hasta 140.000, una cifra que también fue alcanzada en 1948, propiciada en esta ocasión por el régimen de Franco, aunque "la mayoría llegaron en tren y autobús".

A principios de la década de 1990, la Iglesia comenzó a emitir un pasaporte para los peregrinos en el que debían incluir dos sellos por localidad en los cien últimos kilómetros del Camino de Santiago o el doble para los ciclistas o caballeros, para así poder conseguir la "Compostela", lo que ha llevado, para algunos, a una "masiva ola" de caminantes, los cuales empiezan a ser vistos como "turigrinos".

En el siglo XI el historiador musulmán Ibn Hayyan comparaba que la afluencia al santuario de Compostela por los cristianos de Al Andalus y los vecinos del resto de Europa equivalía "a la veneración de los musulmanes a la Kaaba en la Meca".

La directora de Turismo de Galicia, Nava Castro, confesó recientemente que le "gustaría" equipar el Camino de Santiago con la peregrinación a la Meca, a Benarés. Las asociaciones de peregrinos y expertos jacobeos reclaman, sin embargo, cambiar la fórmula de la Iglesia para evitar que el tramo final del Camino de Santiago se convierta en un embudo, al advertir de que la masificación pude desvirtuar esa esencia de soledad y encuentro con uno mismo o de espiritualidad que durante siglos ha atraído a caminantes de muy distintos lugares.

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