23 de agosto de 2014
23.08.2014

Verduras con 5.000 kilómetros a cuestas

»Científicos idean módulos domésticos para criar peces o cultivar vegetales en grandes urbes » Un informe de la Universidad de Vigo advierte del impacto ambiental de la importación

23.08.2014 | 02:34

Hasta 5.000 kilómetros recorren algunos alimentos como pescado, piezas de fruta como la piña, algunas verduras, legumbres y, sobre todo, cereales antes de llegar al plato. Esas inmensas distancias desde los países de origen no solo incrementan el precio de los productos, sino que provocan una honda huella ecológica a través de las emisión de CO2 derivadas del transporte. Son las conclusiones que recogían en el informe "Alimentos Kilométricos" las universidades de Vigo y Sevilla.

Las importaciones de alimentos a España aumentaron diez millones de toneladas en doce años, lo que supuso la emisión de cinco millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. Así lo aseguró el investigador del Grupo de Investigación en Economía Ecológica y Agroecología de la Universidad de Vigo, Damián Copena tras la elaboración del informe "Alimentos Kilométricos" promovido por la asociación Amigos da Terra en colaboración con las Universidades de Vigo y Sevilla en 2012.

Para este experto, el incremento en las cifras de importación de alimentos provoca una pérdida de autosuficiencia alimentaria, además de poner en riesgo el sistema tradicional de agricultura y ganadería del país. Amigos da Terra advierte además de que las importaciones siguen aumentando a pesar de la gran amenaza que representan para el cambio climático.

A raíz de estos datos y aunque la manera ideal de consumir fruta y verdura para muchos es recolectarla directamente de un huerto ecológico naturalmente iluminado y regado, la realidad es que ni todo el mundo puede contar con un espacio para cultivar ni vive cerca de él. Ciudades como Vigo viven un auge actualmente de los huertos ecológicos, impulsados incluso desde dependencias municipales.

Con esta misma premisa, varios equipos científicos del mundo prueban diferentes soluciones para que el 60 % de la población mundial que habita en grandes ciudades, como Madrid o Sao Paulo -que constituirán un 85% en 2030, según el Banco Mundial- pueda tomarse de postre unas fresas recién cogidas de su salón.

Uno de ellos es "Grove Labs", una empresa creada por dos recién licenciados del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), Jamie Byron y Gabriel Blanchet que cuenta con financiación de firmas de capital riesgo y un notable consejo de asesores científicos para desarrollar módulos caseros que permitan criar peces y cultivar verdura ecológica simultáneamente.

El invento, que nace con vocación de "descentralizar la producción de alimentos, lograr que las personas sientan una mayor conexión con la naturaleza, y coman de manera más saludable", puede ser instalado hasta en las habitaciones más oscuras ya que no necesita luz natural. Hemos creado un pequeño contenedor de ecosistemas listo para ser instalado en los hogares, basándonos en los principios de la ecoponía", la versión ecológica de la hidroponía (el cultivo de plantas en agua) y de la acuaponía, que combina esta última técnica con la cría de peces, aseguró.

El sistema aprovecha relaciones simbióticas entre peces, bacterias y plantas para producir alimentos ecológicos: de manera que el agua del pescado es "limpiada" por bacterias y plantas y permite ser reutilizada de nuevo para los peces.

Las plantas crecen sin necesidad de suelo a través de un sistema de recirculación de agua y nutrientes naturales diseñando para proporcionarles los nutrientes que necesitan durante su ciclo de vida; y realizan la fotosíntesis a través de la luz que les proporcionan luces LED de baja potencia, sin necesidad de iluminación natural, explica Blanchet.

Competir en precios

Grove Labs está probando sus módulos con verduras o condimentos especialmente caros en los supermercados americanos, de manera que en ellos crecen ya, entre otros, todo tipo de variedades de lechugas, tomates, pimientos, albahaca o cilantro.

Aunque Blanchet y Byron desconocen aún la fecha en la que su invento estará comercialmente disponible, se ven capaces de competir en precios con la agricultura convencional, y en pocos años ven sus módulos instalados en los apartamentos aportando hasta el 40% de las frutas y verduras que tomen sus inquilinos. Diseñando la comida del futuro está también la iniciativa CityFarm de MIT, que plantea cultivos en vertical para edificios altos iluminados por una combinación de luz natural y artificial a través de luces LED tuneadas para emitir la longitud de onda necesaria de luz roja y azul que las plantas requieren para hacer la fotosíntesis. Los vegetales de CityFarm crecen sin suelo sobre bases o bien hidropónicas o aeropónicas, en la que las raíces están suspendidas en una niebla que contiene todos los nutrientes. De momento, Google ya se ha interesado en el sistema CityFarm para sus cafeterías corporativas.

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