20 de marzo de 2014
20.03.2014

Las catedrales del bosque

Pontevedra encabeza, con 50 ejemplares, el ranking del Catálogo de Árbores Senlleiras, que incluye 147

20.03.2014 | 17:42

No hay quien pueda con "O Avó" de Chavín. Pese a que, hace cuatro años, el botánico australiano Dean Nicole, un experto medidor de eucaliptos, intentó arrebatarle el liderazgo de "árbol más alto de España y de toda la Península Ibérica" -por cierto,en favor de otro ejemplar que pertenece al mismo bosque, el Souto da Retorta-, el "viejo" ha conseguido superar su crisis de crecimiento y con sus 71,4 metros de altura continúa encabezando no ya solo el ranking español de altura, sino también el de perímetro (11 metros) y el de volumen (75,2 metros cúbicos). El "Abuelo" forma parte de una familia de eucaliptos, resultado de las sucesivas plantaciones que realizaron en la zona el empresario catalán Jaime Basols (1884-1886), Diego Baliña Montenegro y el doctor Durán Vallarnovo (1895) y la familia Barro Rebellón (1912). El mismísimo Rosendo Salvado, introductor del eucalipto en España, se hubiese asombrado del tamaño de estos árboles que crecen a orillas del río Landro, a 11 kilómetros de Viveiro (Lugo), en conjunto, los más grandes de Europa, aunque sin llegar a alcanzar las proporciones de su tierra de origen, Australia, donde incluso superan los 100 metros de altura.

El "Avó" de Chavín es uno de los 147 ejemplares incluídos en el Catálogo Galego de Árbores Senlleiras que comenzó a elaborar la consellería de Medio Ambiente desde 2007 y que abarca, además de árboles, formaciones forestales, que a día de hoy suman un total de 31. Cada año se incorporan y descubren "senlleiros nuevos" y el catálogo pasa la prueba de confirmar que en él "son todos los que están", pero no están (ni mucho menos) todos los que son.

Entre los olvidos más patentes figuran la laurisilva de la isla de Cortegada (el más extenso bosque de estas características de toda Europa), las secuoyas de Beluso (las más altas del continente) o el magnolio de O Rosal (uno de los más grandes magnolios europeos). Los tres, no obstante, sí cumplen los criterios exigidos para formar parte del catálogo, unos que criterios que, según el decreto de confección de la lista, "tienen como objetivo evaluar características como edad de los ejemplares, relevancia cultural, valor estético, rareza en situación o distribución..." que son examinados por un Comité de Árbores Senlleiras cuya creación procede del citado decreto de 2007.

Figurar en la lista de "árbores senlleiras" no es una cuestión baladí pues supone, para los árboles catalogados, convertirse en "especies protegidas a todos los efectos, lo que implica la prohibición de cualquier acción que pueda afectar negativamente a su integridad, a su salud y a su apariencia: "Estos ejemplares -se manifiesta desde la consellería- serán poseedores de una protección legal que también afectará a su ámbito inmediato, y los propietarios, en caso de haberlos, tendrán ayuda oficial para cuidarlos. Esta línea de conservación supera en su ámbito de acción el campo estrictamente biológico, al incorporar el valor antropológico desde el punto de vista de la estética y la sensibilidad del pueblo a su contorno".

Para figurar en el Catálogo de Árbores e Formacións Senlleiras se sigue un procedimiento que consiste en la presentación de una solitud que puede correr a cargo tanto de los propietarios como de administraciones públicas, centros de investigación o asociaciones de entidades públicas o privadas que tengan entre sus fines estatutarios la protección de la naturaleza. En esa solicitud debe confirmarse que el candidato cumple todas las condiciones que se exigen, aunque el visto bueno final corre a cargo del comité de expertos.

Árboles y formaciones

Según los datos del catálogo, Pontevedra es la provincia con mayor flora singular (59), seguida de A Coruña (55), Lugo (38) y Ourense (26), aunque si se analizan las categorías por separado, A Coruña es la que tiene más formaciones senlleiras (39), aunque Pontevedra lidera la lista en árboles singulares: 50 frente a los 42 coruñeses.

Pese a su, por otra parte, comprensibles ausencias, el CAFS sirve de excelente guía para comprobar cuáles son las especies más características e identificativas de nuestros bosques, cuáles las que mejor se desarrollan en Galicia, y cuáles las que sorprendentemente han superado unas condiciones climáticas y medioambientales teóricamente muy distintas a las que se daban en sus países de procedencia. En el primero de los casos, no cabe duda de que el carballo (roble) sería el árbol gallego por excelencia, seguido muy de cerca por el castaño. La introducción del eucalipto, no obstante, es abrumadora: solo en su país originario, Australia, se conoce tan extensa proliferación de ejemplares.

Particular mención merecen los camelios. Nativos de China, Japón e Indochina y traídos a Europa por misioneros jesuitas y comerciantes portugueses, holandeses e ingleses, el grado de desarrollo, belleza, e incluso sofistificación alcanzado en Galicia por los cultivadores de estos especímenes, cuyo legado se estima en torno a principios del siglo XVIII, les ha hecho competir con los que lo hacen en sus mismísimos países de origen.

Árboles con historia, religión y literatura

"Figueiriñas que eu prantei", escribió Rosalía de Castro en su poema "Adiós ríos, adiós fontes" del libro "Cantares Gallegos". La higuera que se conserva en los jardines de la Casa Museo de la poeta en Padrón debe su categoría de senlleira a la literatura, porque fue en gran parte la poesía la que la rescató de un deterioro que fue denunciado en su día Filgueira Valverde.

Sin embargo, tal vez no sea, desde el punto de vista estético o histórico, el ejemplar más destacado del jardín, pues allí podemos localizar el Quercus rubur, un descendiente del árbol de Guernica, así como unos interesantes ejemplares de camelia japónica, uno de los cuales lleva precisamente el nombre de la escritora.

Interesante, y peculiar, es la historia del castaño de Baamonde ( Lugo), de más de 400 años de edad, que se salvó de convertirse en astillas gracias al escultor Víctor Corral ( Baamonde, 1937), quien se encerró dentro de un hueco que albergaba el ejemplar, al enterarse de su inminente corta. Cuando el artista salió de su encierro, dejó plasmado en el interior un altar dedicado a la Virgen del Rosario. Su hazaña, reflejada por los medios de comunicación, evitó el trágico destino del castaño y, hoy, Corral no solo se dedica a cuidarlo, sino también a esculpir en sus arrugas pequeñas imágenes de animales del bosque.

Con respecto al "carballo" de Santa Margarida, la leyenda cuenta que es el único vestigio de un antiguo bosque que los druidas consideraban sagrado, y la Historia confirma que es el único superviviente de los árboles de la zona que fueron talados para leña y construcción de barcos, entre ellos la carabela "Santa María" de Colón.

Con una edad estimada entre los 700 y 800 años, por su cercanía a la denominada Fonte dos Milagres, se le consideró un árbol divino. Se cuenta, asimismo, que en 1740, cuando un ladrón quiso talarlo, los vecinos se lo impidieron de forma violenta, y solo la intervención de un sacerdote, que pasaba por allí, impidió el linchamiento. Refiere el historiador Rodríguez Dacal que, en 1846, el infante Enrique de Borbón y dirigentes progresistas gallegos se reunieron bajo su copa en conspiración contra la reina Isabel II.

El Padre Sarmiento y Castelao (que dibujó una ilustración del árbol en" Cousas") también están vinculados con este senlleiro junto al que, durante la guerra civil, se efectuaron no escasas ejecuciones.


Magnolio de O Rosal, belleza sin catalogar

  • Considerado uno de los más grandes de Europa en su especie (soulangeana) este árbol con una antigüedad estimada en 200 años y cuya belleza resulta espectacular en época de floración, es una de las ausencias más patentes del Catálogo de Senlleiros.

Vigo y Soutomaior rivalizan por el decanato de los camelios

  • El llamado "Matusalén" del vigués Parque Quiñones de León(a la izquierda) y el camelio del castilo de Soutomaior (a la derecha) disputan su antigüedad en España sin que los expertos se hayan puesto de acuerdo en el veredicto. Al camelio vigués se le atribuyen 150 años de edad y se cree que fue plantado por orden del Marqués de Loureiro, quien en la década de 1870 fue el gran introductor de esta especie en Galicia. Por su parte, del de Soutomaior se dice tener constancia de su existencia en ilustraciones que datan de principios del siglo XIX, sin especificar año, lo cual da lugar a que los cultivadores vigueses de camelias sigan atribuyendo el decanato a su "Matusalén".

Cortegada, la más extensa laurisilva de Europa


  • La laurisilva de Cortegada no aparece en el catálogo de senlleiros, pero es la más extensa de Europa. Se trata de un tipo de bosque nuboso, con grandes árboles, bejucos y lianas cuyas hojas se parecen a las del laurel, del cual toma el nombre. Cortegada es, de hecho, el único lugar de Europa donde se puede estudiar la recuperación de esta comunidad de foresta de forma natural.

Los árboles más viejos de Galicia

  • De izquierda a derecha, la Sobreira de Valboa (A Estrada) y el Castiñeiro de Pumbariños (Cabeza de Manzaneda- Peña Trevinca). Ambos compiten, con el ciprés del monasterio de Samos (siglo IX), por ser el árbol con mayor edad de Galicia.El estradense está reconocido como el más antiguo datado bibliográficamente, pues ya se conocía su existencia en tiempos de los Reyes Católicos. Pumbariño es todo un mito, pero su origen es objeto de debate: hay quien lo data en la época de los romanos y quien lo sitúa en un año incierto de la Edad Media.

Exóticos y raros, pero muy bien adaptados

  • De izquierda a derecha, secuoyas de Beluso, cedro del Líbano (Lourizán) y Metrosidero de A Coruña, unas especies exóticas donde las haya que, sin embargo, se han desarrollado con todo su esplendor en Galicia. Las secuoyas, las más altas de Europa (45 metros), fueron plantadas por Antonio Massó, quien se trajo sus semillas del parque de Yellowstone en 1932. La conservación y desarrolo del cedro, al que se calcula una edad de 190 años, es en gran parte producto de los cuidados recibidos en la estación pontevedresa de Lourizán. Por su parte, el Metrosidero es un extraño árbol originario de Nueva Zelanda al que se le atribuye una antigüedad de entre 150 y 300 años.
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