27 de diciembre de 2013
27.12.2013

Eduardo Lago: "La gente tiene el gusto envenenado y lee basura"

"El mundo de las novelas ya no tiene lugar, estamos en otra fase de la cultura", asegura el autor gallego

27.12.2013 | 10:06
El escritor Eduardo Lago. / I.B.

Tras "Llámame Brooklyn", Premio Nadal y de la Crítica, el escritor gallego Eduardo Lago (1954) afincado en Nueva York vuelve con "Siempre supe que volvería a verte, Aurora Lee", un irónico e intencionado juego literario que presenta mañana en Vigo.

– "... Cuando aún había novelas...", ¿es que ya no hay?
– El mundo de las novelas ya no tiene lugar, pasó, estamos en otra fase de la cultura, de la comunicación, de la narratividad. Lo digo en el libro al comienzo para colocar, y también descolocar, al lector.

– "El realismo es una falacia".
– Sí y desde hace muchísimo tiempo: el Ulises es de 1922. Los modos de representación han variado hace siglos y me parece alarmante que todavía haya una cultura anclada en la expresión realista.

– Si no es novela ni metaliteratura, como dice Vila-Matas, ¿qué es, cuál era su intención?
– No se trata de mi intención. El arte de novelar exige otra manera, y esa manera se está investigando en muchos lugares del mundo, aunque tal vez con más potencia entre los nuevos narradores norteamericanos. La novela es un género que pertenece a otra época. Hoy la gente se comunica por whatsapp o internet y la novela no puede ser lo que era. Lo que ocurre es que los escritores experimentales posmodernos han hecho una serie de juegos vacuos y los críticos más torpes identificaron mi novela como metaliteratura, pero los más agudos, como Vila-Matas, han visto que también me quería cargar la metaliteratura, que no va a ningún lado.

– Siempre supe... parte de El original de Laura, una novela que Nabokov dejó solo esbozada. ¿Por qué Nabokov?
– Por casualidad. En principio, no me interesaba gran cosa, pero un día Vila-Matas me presentó en París a una artista, y me pidió un texto para una exposición. Cuando se lo di y lo leyó, me dijo que le recordaba mucho a la última novela de Nabokov, un autor que me parece muy interesante y admiro pero que no me caía bien. El original de Laura me intrigó mucho porque estaba sin acabar y pude ver qué tenía en la cabeza él y qué se proponía. Nabokov es un genio pero no tenía que ser necesariamente él. Foster Wallace, muy importante para mí, también dejó una novela inacabada, El rey pálido. Cualquier obra inacabada me hubiera sido útil para reflexionar sobre qué se puede hacer ahora con la literatura.

– No osó reescribirla ni en la ficción, se lo encargó a un negro.
– Yo lo que hago es crear personajes para que lleven a cabo la farsa de la literatura. No tendría sentido, dentro del juego de la novela, encargarle a un escritor que terminara la obra de Nabokov porque escribiría una obra suya, no de Nabokov. La figura del escritor fantasma es muy interesante porque no puede tener imaginación, hace el trabajo sin poner nada suyo.

– ¿Ha sido escritor fantasma?
– Me encantaría. Tuve en una ocasión un encargo pero no salió. Es un trabajo muy interesante. Imagina que me llama Carlos de Inglaterra y me cuenta todas sus trastadas para que escriba su vida.

– Entrevista [para El País] a grandes autores norteamericanos. ¿Sufre como entrevistado?
– El secreto de una buena entrevista consiste en entrar a fondo en el mundo del escritor, leer sus obras y establecer una buena conversación. A veces el escritor es antipático y no ayuda nada; tiene que haber una cierta empatía. Prefiero ser entrevistador a entrevistado.

– Usted puede preparar las entrevistas con meses de antelación.
– Sí, hay una gran diferencia de España con Estados Unidos; una persona puede estar trabajando seis meses en un reportaje para el New Yorker y le pagan los seis meses.

– Reclama escritores ajenos a las directrices del marketing.
– Se ha llegado muy lejos; el gusto de la gente está totalmente envenenado, lee basura. El panorama está tan mal debido a la angustia de las editoriales por vender. Rebajan la calidad, entronan a famosillos de otras áreas para convertirlos en escritores y les dan premios más o menos apañados, y siguen sin vender. A lo mejor es que sobra la propia industria editorial

– Su editor ahora es Malcoln Otero Barral, de Malpaso. Como usted, viene de Destino.
– Nos une una amistad profunda, él sacó una editorial nueva y necesitaba un título. Le enseñé el manuscrito de la novela creyendo que la iba a publicar Destino, pero nadie la entendió como él allí y se llegó a este arreglo. Está haciendo una apuesta editorial interesante. Él no vende el alma al diablo, cree en la literatura de verdad, no comercial.

– Nabokov tuvo que cambiar de país y de lengua. Usted lleva 30 años en Estados Unidos y sigue siendo un escritor español.
– Después de haber estado trabajando sobre Nabokov me di cuenta de que compartimos la pérdida de la patria, aunque en mi caso sea elegido, y eso conlleva una posible migración del idioma. Quizá mi próxima novela sea en inglés. Soy un satélite entre dos tradiciones.

– ¿Sus obras se traducen allí?
– Después de siete años y 14 idiomas se traduce ahora Llámame Brooklyn. Siempre es el último; hay una total incomunicación entre la literatura norteamericana y la española. Salen muy pocos títulos y la mayoría con escasa repercusión.

– Ve la literatura americana espléndida, ¿y la española?
– No quiero resultar arrogante y antipático pero está años luz de la salud narrativa norteamericana, salvo contadas excepciones.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook