20 de enero de 2013
20.01.2013

Medio siglo de la primera astrónoma gallega

Antonia Ferrín presentaba, hace 50 años, la primera tesis de Matemáticas y Astronomía en Galicia - Fue la mejor discípula de Ramón María Aller y se licenció en cuatro carreras

20.01.2013 | 01:00

El primer observatorio astronómico de Galicia se abría a los misterios del universo el 27 de septiembre de 1943, hace 70 años. El edificio, con la mágica cúpula blanca entre el verde de lo que ahora se conoce como Campus Sur de Compostela, había sido un logro de Ramón María Aller, el astrónomo aficionado de O Deza del que heredó su nombre. En los primeros años de su puesta en marcha, una mujer que superaba los 30 se asomaba al vasto espacio desde los telescopios del lugar absorbiendo el conocimiento del mentor. Era Antoñita, Antonia Ferrín Moreiras (O Carballiño, 1914-Santiago, 2009), la que sería "la colaboradora más fiel, disciplinada y meticulosa" de Aller. Fue ella una estudiante y profesora universitaria que acabaría firmando un hito para las ciencias en Galicia: realizar hace 50 años la primera tesis que se leyó en la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Santiago.

Dicha tesis -la primera sobre Matemáticas y Astronomía en Galicia- versaba sobre las observaciones de pasos de estrellas por dos verticales, lo que la convirtió en la primera astrónoma de Galicia, recuerda José Angel Docobo, actual director del Observatorio compostelano, quien destaca su lucidez y memoria. El propio María Aller, quien la había introducido en la astronomía en los años 40 recién abierto el Observatorio Astronómico, dirigió el doctorado de Ferrín.

Estrellas dobles

"Pronto el manejo de instrumentos astronómicos como el telescopio refractor de 12 centímetros o el anteojo de pasos no tuvieron secretos para ella, lo que la llevó a efectuar desde medidas micrométricas de estrellas dobles hasta pasos de estrellas por dos verticales y ocultaciones de estrellas por la Luna", recogió en su día Josefina Ling Ling, antigua alumna de Ferrín Moreiras.

Toñita destacó en un tiempo en el que los manuales de comportamiento femeninos dictaban que el lugar de la mujer era la casa al servicio de la limpieza y la familia. Frente a esta orientación, Antonia Ferrín corría hacia el frío Observatorio compostelano. Eso sí, respetando el dictamen de la moda femenina de la época a su pesar. "Una anécdota que solía recordar Doña Antonia era el intenso frío padecido bajo la cúpula las noches de invierno sin la posibilidad de abrigarse con unos pantalones, pieza que por aquel entonces no se consideraba femenina y que solamente las actrices de cine más atrevidas osaban lucir en la gran pantalla", recuerda Ling Ling en un esbozo biográfico que preparó por el 50 aniversario de la Licenciatura de Matemáticas, celebrado en 2008, justo un año antes de la defunción de Toñita, que tampoco vestía pantys bajo la falda ya que entonces se comercializaban poco y no eran populares.

Los logros académicos de Antonia Ferrín no se redujeron a su doctorado en Matemáticas. A esta carrera, también hay que sumar sus licenciaturas en Químicas, Farmacia y Ciencias Exactas; su trabajo como docente en la Universidade de Santiago antes y después de la Guerra Civil -incluso trabajando gratis los primeros años- así como en la Universidad Complutense de Madrid.

Si Antonia Ferrín logró todo este currículo fue a su tesón y deseos de conocer alimentados desde muy pequeña por su padre, un profesor que mudó a su familia desde una pequeña localidad de Ourense a Santiago con un fin novedoso en aquellos tiempos: que sus hijas cursaran una carrera universitaria.

Gracias a esta visión, Toñita escribió su nombre en la historia de la Astronomía en Galicia pero también en España. No obstante, su condición de mujer le pesó en algunos momentos. Uno de ellos fue cuando Ramón María Aller enfermó en 1964. Él ostentaba la cátedra de Astronomía en el Observatorio. Para que este continuase, se precisaba una persona sustituta. Antonia Ferrín se presentó a la oposición pero a pesar de su gran currículo la excluyeron como aspirante. Tras una queja, la admitieron para finalmente declarar desierta la cátedra lo que provocó que el Observatorio languideciese durante años.

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