06 de noviembre de 2012
06.11.2012
JAVIER BAULUZ - Fotoperiodista

"En España nunca se respetó el trabajo del fotoperiodista"

"Los reportajes sobre las guerras se han banalizado: salen unos señores posando; no hay acción ni víctimas. Eso es una mierda"

06.11.2012 | 08:35
El arma de guerra de Javier Bauluz (1960), el único español que ha ganado un premio Pulitzer, es ahora un iPhone. Con él ha fotografiado las últimas revueltas de los mineros españoles o algunas de las manifestaciones del movimiento del 15-M. Bauluz dirige desde Gijón el periódico digital "Periodismo Humano" y acaba de estar en Galicia para participar en el ciclo "Ráfagas de fotoperiodismo".

–¿Nunca ha estado tan mal el oficio de fotoperiodista?

–En este país nunca fue fácil. En comparación con Francia, Inglaterra o Alemania, el trato ha sido brutal. En España, hasta hace poco, ni siquiera en los grandes medios existía la figura del editor de fotografía.

–¿Por eso suelen trabajar con las grandes agencias extranjeras?

–Los fotoperiodistas españoles acabamos teniendo que trabajar con agencias extranjeras porque aquí, prácticamente, no pintamos nada.

–¿La crisis lo ha empeorado?

–En España nunca se respetó este trabajo y, ahora, cuando el mundo del periodismo que conocimos se cae a pedazos... Incluso para los periódicos más importantes, el fotoperiodismo ha sido un hermano menor. Y ahora, como todo el mundo puede hacer fotos...

–Las nuevas tecnologías...

–Sí, pero también han permitido grandes avances. Es un chollo poder hacer una fotografía con tu propio teléfono en medio de una barricada de mineros y enviarla inmediatamente a "Periodismo Humano". Hace treinta años era impensable. Ahora soy feliz con esto [señala su iPhone], da una calidad excelente.

–¿Prefiere el blanco y negro?

–Siempre he hecho las fotos en blanco y negro, aunque fuera en mi cabeza; creo que captas mucho mejor las cosas esenciales de la fotografía en blanco y negro.

–Sin embargo, sus fotos más famosas –la de Ruanda, por la que le dieron el Pulizter, o la del cadáver del inmigrante tendido en la playa– son en color.

–La de Ruanda es en color pero yo siempre la pongo en blanco y negro, como hago con la mayoría.

–Le han llamado "el fotógrafo del dolor", ¿es apropiado?

–Del dolor, no. Me he especializado en conflictos y, sobre todo, en derechos humanos, en ver el mundo desde ese punto de vista; en ir a sitios donde he creído que mi trabajo podía aportar algo.

–¿Su último trabajo?

–Las revueltas de los mineros. Llevo tres años y pico con "Periodismo Humano", que por una parte es maravilloso pero que significa trabajar 18 horas todos los días y no me queda tiempo para estar en la calle.

–¿Cómo funciona?

–Tenemos una infraestructura mínima: un equipo de corresponsales por el mundo, colaboradores y un equipo central. Los periodistas, mejor que estén donde suceden las cosas y no secuestrados en las redacciones.

–¿Cómo se financian?

–En estos tiempos ya no de crisis sino de estafa, en los que todo vale por la pasta y se puede mentir, manipular y actuar de forma corrupta, en "Periodismo Humano" pretendemos que los periodistas recuperen el control del periodismo y financiarnos con aportaciones de socios para ser independientes. No lo conseguimos aún; en España no hay la costumbre de la filantropía. Y luego tenemos otra, que es luchar contra la idea de que en internet sea todo gratis por definición.

–El Gobierno pretende que no se fotografíen cargas policiales.

–Pues que me detengan ya.

–¿Dónde pondría hoy el foco?

–En los desahucios, en el 15-M y sus secuelas, en los recortes sociales. Y fuera de España, en el nuevo escenario de Líbano, contagiado por la carnicería de Siria.

–La playa de Zahara estaba llena, pero usted solo vio al inmigrante muerto y a una pareja, indiferente bajo su sombrilla.

–Estaba llena, pero cuando miré más, lo que entró en mi campo de visión fue exactamente eso y fue lo primero que fotografié. La realidad es que había no solo esa pareja sino mucha otra gente tomando el sol con el cadáver de un inmigrante que había intentado llegar buscando una vida mejor y se había muerto a la orilla del paraíso.

–La foto desató una polémica.

–Nunca entré en eso.

–¿Lo que vio en Ruanda le causó una depresión?

–Fue lo que ahora se conoce como síndrome de estrés postraumático. Y eso que venía de Sarajevo, de la guerra de los Balcanes, que era todavía más fuerte. Pero encontrarte con un millón de personas tiradas en el suelo muriéndose de hambre ante tu cámara... Fue uno de esos lugares en que te das cuenta del poder del periodismo porque a los pocos días llegó ayuda humanitaria.

–El reportaje en profundidad de los conflictos tiende a desaparecer de los medios tradicionales.

–Y tiende a banalizarse. Hay dominicales con reportajes sobre una guerra que son señores posando. No hay acción, no hay víctimas. No quieren molestar a las firmas de lujo que se anuncian al lado. Eso no es fotoperiodismo ni nada, es una mierda. Es una de las razones por la que creamos "Periodismo Humano", para contar lo que sucede.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook