27 de octubre de 2012
27.10.2012
Faro de Vigo
CLUB FARO

Alvar: "Carlos V se casó por dinero y por tener una buena regente en España"

El historiador destacó las virtudes de Isabel de Portugal, gobernadora en los viajes del emperador por Europa - Fue "una reina con opiniones propias, no un títere", aseguró

27.10.2012 | 02:00

"Carlos V se casó por dinero y por tener una buena regente en España", explicó ayer en el Club FARO el historiador Alfredo Alvar, que centró su conferencia en la esposa del emperador, Isabel de Portugal, la mujer que mayor poder ha ejercido en la historia de España. Para el investigador del CSIC y académico de la Historia, Isabel de Portugal no fue una simple consorte, sino que gobernó España con acierto durante los viajes de Carlos V por Europa, contribuyendo decisivamente a la consolidación de la dinastía de los Austrias y a que España se convirtiese en un Estado moderno. "No fue un títere ni ajena a la gestión política, ni tampoco ejecutora a pies juntillas de todas las órdenes de Carlos V. Fue una reina con opiniones propias", subrayó.

Como destacó la médico y diplomada en Historia Mª Teresa Cendón en su presentación, Alfredo Alvar Ezquerra (Granada, 1960) es un investigador histórico de prestigio, especialista en el Siglo de Oro, que ya visitó el Club FARO en tres ocasiones, para hablar de Isabel la Católica (2002), Cervantes (2004) y el Duque de Lerma (2010). En esta ocasión, glosó la figura de Isabel de Portugal, nieta, como su esposo Carlos V, de los Reyes Católicos; nacida en Lisboa el 24 de octubre de 1503 y muerta en Toledo el 1 de mayo de 1539. Sobre la corta y trágica vida de este personaje ha escrito "La emperatriz" (La Esfera de los libros), amor y gobierno en la corte española del Renacimiento.

Como todos los enlaces regios de la época, el de Carlos V e Isabel de Portugal fue un matrimonio de Estado. La reina -recordó el historiador- tenía como función social darle descendencia al emperador. De hecho, antes de morir, en su "memorial de descargos" (una especie de testamento), Isabel suplica al emperador que sus hijos -incluido el que sería en el futuro Felipe II- fuesen "criados y enseñados en el temor de Dios y hechos tan cristianos y virtuosos que sean dignos de gobernar los reinos y señoríos en que Dios los pusiere".

Pero, además de asegurar el futuro de la dinastía, Isabel de Portugal cumplió otras funciones. Carlos de Austria, nacido en Gante (actual Bélgica) había desembarcado en España en 1517 "sin generar ningún afecto y más bien bastante rechazo", como recordó Alvar. Sin embargo, había derrotado a los insurgentes castellanos en Villalar de los Comuneros, a Francisco I de Francia en Pavía y a Moctezuma en México. A sus 25 años, Carlos I de España acababa de ser elegido emperador: "Era un partidazo, aunque algo doliente en sus finanzas", apuntó Alvar.

Con su vista puesta en la conquista de Italia, Carlos V señaló como inconvenientes la escasez de dinero y la falta de regencia de la nación. Por ello accedió a las presiones de sus súbditos y políticos cercanos para casarse con la hija del rey de Portugal, Isabel, de 23 años. Era una de las jóvenes más bellas de la época, aseguraba la unión ibérica y conllevaba, además, una sustanciosa dote.

Los desposados, como era habitual, no se conocían salvo por carta, pero cuando se vieron por primera vez, en los Reales Alcázares de Sevilla, donde se celebró el enlace (1526), surgió la atracción. "Hubo un flechazo, aunque sea poco académico decirlo -concedió el historiador-, y los cuerpos pronto se aplicaron a cumplir su función social".

Hubo amor en el matrimonio, como confirmaba un embajador: "La emperatriz duerme cada noche con su marido en brazos". Fruto de ese amor nació, el 21 de mayo de 1527, Felipe, el único hijo varón que sobrevivió a la niñez y reinó como Felipe II.

Sin embargo, los continuos viajes de Carlos V -sumados a las muertes de dos hijos siendo prácticamente bebés- terminaron sumiendo a la emperatriz en una depresión.

En 1528, Carlos V la nombra gobernadora de Castilla porque viaja a Aragón. Al año siguiente se marcha y no vuelve en cuatro años, en los que se cruzan 500 cartas. Después Monzón, la conquista de Túnez, de nuevo Aragón... A la cuarta salida, Isabel deja de ser feliz. "Llevaban 11 años casados y solo estuvieron juntos la mitad -recordó Alfredo Alvar-, pero en esas ausencias no pasó nada, salvo que sus súbditos estaban encantados con ella. Isabel fue siempre responsable de las cuestiones de Estado".

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