16 de junio de 2012
16.06.2012
Eduardo Souto de Moura - Premio Pritzker de Arquitectura 2011

"Veo mucha hipocresía en el intento de mejorar la relación entre España y Portugal"

"De niño, venía con mis padres a por Coca Cola a Tui; y, después, a por vaqueros"

16.06.2012 | 08:40
Souto de Moura, recostado en un banco de madera diseñador por él mismo, ayer, en Vigo. // Ricardo Grobas

Como arquitecto, gateó en el ´laboratorio de formas´ del también portugués Álvaro Siza. Llegado el momento, el discípulo partió para iniciar su carrera con su nombre en solitario. No le ha ido mal, el pasado año se hacía con el Premio Pritzker, considerado el Nobel de la arquitectura, amén del RIBA. El galardón ha coincidido con el motor de la construcción en Portugal y España –sus principales escenarios– al ralentí, casi apagado. Si Jean Nouvel es conocido como ´el hedonista´, Eduardo Souto de Moura debería ser considerado ´El Campechano´. Al francés, le gustan la buena mesa, el buen vino tinto y la conversación con los amigos. Al luso, de Oporto, las personas, aunque hay que aclarar que cuesta –y mucho– separarle del cigarrillo que chupa casi compulsivamente. Ayer, llegaba a Vigo una hora después de lo previsto para impartir una conferencia en el Espacio Sirvent, abarrotado por 300 personas que lo recibieron como si fuese un ídolo del star-system.

–¿Recuerda su primer viaje a Vigo?

–Ocurría entonces que en Portugal no había cosas que sí se vendían en España como, por ejemplo, la Coca-Cola que iba con mis padres a comprarla a Tui. Cuando ya no era tan niño, cuando comenzábamos el curso escolar también veníamos aquí para comprar las cosas para ir al colegio. Aquí eran más baratas que allí. Una cosa por la que veníamos eran los vaqueros, sobre todo, los Levi´s que eran los que estaban más en boga, aunque también comprábamos los Lois, que eran más baratos. Comprar aquí el anorak, las botas y los jeans significaba empezar el curso escolar en Portugal. Eran viajes en los que parábamos en el Parador...de...

– ¿De Baiona?

– Baiona. También veníamos a comprar libros a Vigo porque no había muchos en Portugal. España tenía tradición de tener obras de editores argentinos que no se encontraban en mi país. Recuerdo una librería, Cervantes.

– ¿Cómo ve usted las trabas para mejorar las relaciones económicas y de comunicación en la Eurorregión?

– Voy a decir una cosa aunque no sea políticamente correcta. Veo mucha hipocresía en esta cuestión de intentar mejorar las relaciones entre españoles y portugueses porque la historia de Portugal es la historia de su guerra contra los españoles. Si Portugal quería ganar territorio, ¿hacia dónde se tenía que mover? Y al contrario. Nosotros aprendimos en la escuela que nuestro rival era España. Después, hay otra cuestión. Hay dos tierras muy cercanas, con una lengua parecida, el galaico-portugués, que invita a tener una relación económica, lo que entra dentro de la lógica pero no acaba de ser una realidad. Se dan discursos, se organizan congresos donde se habla y se habla pero no se hace mucho.

–A su juicio, ¿qué es lo que debe tener en cuenta un arquitecto a la hora de diseñar?

–(silencio) Lo primero es que le guste. Si al arquitecto le gusta, entonces la obra le puede gustar a los demás.

–Usted también ha creado mobiliario, (como el banco de madera donde realizó la sesión de fotos). ¿Qué busca en él, belleza, utilidad...)?

–No soy diseñador ni nada de eso. Los muebles que diseñé fue para adaptarlos a determinadas circunstancias. De nada sirve que sea original si es incómodo.

–Por último, de todo lo que hay en el mundo, ¿qué es lo que más le gusta a usted?

–(Silencio; alguien en la estancia ajeno a la entrevista plantea ´disfrutar de la comida´, Souto de Moura mira de reojo a la persona y niega con la cabeza, dispuesto ya a responder) Las personas.

"Siento tristeza al ver algunos edificios de Oporto"
–Oporto cuenta con nuevos edificios emblemáticos reconocidos entre los mejores del mundo como es el caso de la Casa da Música (premio RIBA) o el edificio Vodafone. Por otro lado, hay una herencia arquitectónica del pasado que se degrada año a año, ¿qué siente cuando ve estos edificios antiguos?

–Tristeza. Cuando yo estaba en el colegio, Oporto tenía medio millón de habitantes, ahora ronda los 230.000. La ciudad se ha ido vaciando, ha aumentado la inseguridad... la gente se ha mudado a la periferia donde la vida es más cómoda y fácil, tienen ascensor, garaje... Eso no lo hay en el centro donde si vives en un piso alto tienes que subir las escaleras día a día. Es una cuestión de las personas, no de falta de interés.

–Meses atrás, se quejaba de que el Pritzker no le había supuesto más trabajo en Portugal...

– No hay trabajo en Portugal, tampoco lo hay en España. La industria de la construcción se acabó. Se va haciendo algo presentándose en concursos y logrando los premios si ganas.

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