04 de septiembre de 2011
04.09.2011

Un modelo cultural a seguir

La Casa da Música de Oporto destaca por su diseño y por la oferta de actividades

04.09.2011 | 11:26
Aspecto del exterior de la Casa da Música de Oporto. // MessiasDelmar

La Casa da Música de Oporto es un icono de la ciudad y un punto de referencia de la vanguardia cultural portuguesa, pero sigue luchando contra el desconocimiento que existe entre el público. Fue inaugurada en 2005 con motivo del nombramiento de Oporto como capital de la cultura europea en 2001.

La construcción de la Casa da Cultura supuso una de las mayores transformaciones para la vida cultural en Oporto desde su nombramiento como Capital Europea de la Cultura en el año 2001. Ya a simple vista, el edificio realizado por el arquitecto Rem Koolhaas conforma una de las estampas más representativas y singulares de la Oporto contemporánea y su paisaje urbano, de lo que dan fe las aproximadamente 500.000 visitas que recibe anualmente el recinto desde su apertura. Lo que sin embargo no salta tanto a la vista para el turista es una ambición por influir en la vida musical de la zona que ultrapasa lo llamativo del edificio, de ese especie de meteorito plantado en la Avenida de Boa Vista.
La ambición de la institución salta a la vista hojeando su programación en el mamotreto que informa de la actividad anual de la Casa. Ambición ciclópea, como la de Wagner. Precisamente el compositor alemán es el protagonista de uno de los mayores atractivos de lo que queda de año. Será la representación de las cuatro óperas que conforman la saga de El anillo de los Nibelungos durante el maratoniano fin de semana que empieza el 16 de septiembre. Esta producción conjunta de A Casa da Música y T&M-Paris que cuenta con la dirección musical de Peter Rundel y la puesta en escena de Antoine Gindt, es una versión reducida a un tiempo total de nueve horas y a una plantilla orquestal de dieciocho músicos que sigue la adaptación realizada a principios de los 90 por Jonathan Dove y Graham Vick.
En muchos aspectos, la Casa da Música no tiene parangón. Uno de esos aspectos, según el director de esta casa, Jorge Pacheco, es que posibilita atender su diversa oferta musical son sus cuatro orquestas residentes: una orquesta y un coro sinfónicos, un ensemble de música barroca y otro de música contemporánea. Cubriendo el arco que se extiende desde la antigüedad, con citas como el festival de música barroca que empieza el 15 de octubre, hasta la música contemporánea, con el protagonismo a lo largo de este año de las obras de los compositores Steve Reich y Wolfgang Rihm (sin descuidar la atención a jóvenes promesas como Àngela Ponte), cuenta con directores residentes de la talla de Paul Hillier, Laurence Cummings o Christoph König.
La prioridad adjudicada a las músicas minoritarias como la contemporánea, y a la música tradicional parte de la premisa de "invertir en patrimonio cultural", según palabras de Pacheco, lo cual no priva de la aparición en el programa de festivales de jazz y de world music (como el festival Ollin Kan hace un par de semanas), o de artistas como el mito funk George Clinton o la indie Cocorosie a lo largo del mes pasado
"Era una vez una casa que nació para que la música tuviese espacio". Así se describe en las notas de presentación de la Casa da Música. Como el inicio de un cuento. Un cuento que propone un modelo de comunidad y una manera de hacer política a través de la arquitectura del sonido. Porque la política, tal y como constata el filósofo francés Jacques Rancière, no tiene tanto que ver con el ejercicio del poder como de una configuración del espacio común, de dar voz a quien no la tiene, de establecer una división de lo sensible y redistribuir espacios e identidades. Por ello es por lo que el filósofo estima que en el fondo arte y política tratan de lo mismo. Y es desde esta perspectiva que Jorge Pacheco destaca la palabra "democratización" a la hora de explicar el impacto de la Casa da Música en la vida de Oporto. Esta ejercicio de "democratización" a través de la música se concreta en programas de acción social que incluyen conciertos en cárceles y proyectos musicales en los que se les da participación a la gente sin hogar, sesiones de musicoterapia y conciertos didácticos para los más pequeños, precios y descuentos que no hagan prohibitiva la asistencia a los conciertos -consiguiendo que Christoph König, director de la Orquesta Sinfónica do Porto, se sorprenda de la "poca ceniza que hay en las cabezas del público que asiste regularmente"-. Y todo ello tiene su traducción arquitectónica en una reconfiguración del espacio que no limita la actividad musical a las dos salas de concierto de las que consta el edificio: se realizan conciertos prácticamente en cada esquina de la casa, desde el restaurante de la última planta hasta el garaje (como las obras Terretektorh e Nomos Gamma del compositor Lannis Xenakis que se interpretarán el 10 de septiembre), proponiendo bajar del púlpito escénico a la música para abolir simbólicamente las jerarquías entre músicos y público, o incluso convirtiendo la Casa da Música en un local de marcha en sus sesiones de Clubbing.
Pacheco declaró la intención de la Orquesta Sinfónica do Porto de abrirse al norte peninsular estrechando relaciones con las sinfónicas de Euskadi y Valladolid y, más especialmente, con Galicia. "Por todo lo que nos une: la proximidad, la historia, la lengua y los afectos nos gustaría extendernos hacia Galicia", según Pacheco. El proyecto se llevaría a cabo a través de la colaboración con la Orquesta Sinfónica y con la Real Filharmonía de Galica. Junto con el atractivo que supone la programación de la Casa da Cultura, ya son más las excusas para conocer Oporto por algo más que el Sá Carneiro y el Ikea.

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