12 de septiembre de 2010
12.09.2010
Crítica

Carlos Núñez, ese chico que logró crear un pequeño caos en el Obradoiro

Concierto de Carlos Núñez, The Chieftains y la Orquesta Sinfónica de Galicia

12.09.2010 | 11:51
Un momento del espectáculo que dieron anoche en la Praza do Obradoiro Carlos Núñez, The Chieftains y la Sinfónica de Galicia. // Jorge Leal

El concierto empezaba a las 20.30. Media hora antes, acceder a la Praza do Obradoiro para asistir al concierto de Carlos Nuñez, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Galicia y por The Chieftains, resultaba casi imposible por una reducción de aforo. Accesos como los de la rúa do Franco o la rúa de Raxoi, se acumulaban de gente que no se conformaba con disfrutar del concierto a ciegas y que optó, en algunos casos y a pesar de la participación de Zapatones (personaje popular de Compostela disfrazado de apóstol Santiago a jornada completa) para intentar poner calma, por intentar saltar la valla. Aunque al cabo de un rato ya no hubo problema para colarse en la Praza do Obradoiro, los primeros tres cuartos de hora del concierto se lo perdieron desde algunos fans que venían expresamente desde Bruselas, hasta la curiosa algo despistada que iba a ver tocar "a la orquesta sinfónica con€el chico ese".
El discurso de Carlos Nuñez sobre la universalidad de la música y el hecho de que "os gobernos e os políticos van pasando, quédanos a música (€), somos todos humanos, somos todos galegos, ¡viva Galicia!", se amoldó para intentar enfriar los ánimos de parte del público que coreaba "¡Dimisión!" a la organización del concierto que dejó temporalmente en la entrada a un número importante de asistentes. Quizá no entendiendo desde el escenario el objeto de las críticas del público, el gaitero vigués aclaró "esto é música, esto non ten nada que ver coa política". El concierto empezó con "Non te namores meniña", tema popular gallego que devino célebre en gran medida gracias a las versiones de Milladoiro o, ya más tarde, del propio Carlos Nuñez. A la flauta de pico, el gaitero vigués empezaba de manera emotiva un concierto con tintes de banda sonora gracias al apoyo orquestal de la Sinfónica de Galicia. Precisamente el repertorio del disco "Cinema do mar", dedicado a la música cinematográfica tanto propia (de la película "Mar adentro", compuesta por Carlos Nuñez) como ajena (homenaje a Ennio Morricone), fue de los más beneficiados con la participación de la orquesta. La hiperactividad digital de Nuñez en el "Concierto de Aranjuez", o la música de los títulos finales de "Mar adentro", fueron algunos de los temas de ese disco –"Cinema do mar"– que se escucharon a los pies de la catedral y ante el zig-zag de la cámara aérea de la TVG. Temas clásicos del repertorio de Carlos Nuñez como "Amanecer" , "Villancico para la Navidad de 1829" o "Marcha do entrelazado de Allariz" fueron arreglados especialmente para la ocasión.
Después del villancico, la banda al completo de The Chieftains saltó al escenario para tocar algunos temas de su último disco, "San Patricio". Paddy Moloney, líder del grupo que ya había salido anteriormente con su Uillean Pipe para acompañar a Carlos Nuñez, obtuvo los agradecimientos del vigués por haber conseguido los primeros premios Grammy para la música gallega por el disco "Santiago" (1996). La pieza "San Campio" que empezaron tocando, transportó al público del ensimismado fondo musical de película en la que se encontraba postergada hasta entonces la plaza, hasta el ambiente animado y el olor a lúpulo de un pub. Con "March to battle" y "Galician Overture" se volvió a la burbuja paisajística, rota al compás del baile bretón del "An Dro".
Carlos Nuñez con The Chieftains, la banda que lo condujo al éxito, y a ser considerado "Jimmy Hendrix de la gaitar" y el gaiteiro más universal, acompañados por la OSG atrajo a un gran número de público hasta el punto de llenar la Praza do Obradoiro y crear un pequeño caos que se acabaría resolviendo pasada la media hora. La propuesta orquestal, que hacía "más bonito" el espectáculo según una fan, tanto hacía sonar la música de Nuñez como una especie de bagad sinfónica (en los mejores momentos del concierto), como un fondo instrumental contemplativo que tanto podía evocar un ambiente de cine como de sesión dominical de banda (El Concierto de Aranjuez).

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