04 de marzo de 2010
04.03.2010

Vigo acoge la mayor retrospectiva de Catalá-Roca, el "fotógrafo del instante"

La exposición de la Fundación Barrié de la Maza reúne las 150 mejores imágenes del artista catalán, 30 inéditas, además de un documental sobre su vida y varios instrumentos de trabajo

04.03.2010 | 07:30
Gitanilla en Montjuic, Barcelona (1950). // Francesc Catalá-Roca

El fotógrafo del instante preciso. El genio autodidacta. El profesional sencillo que no se consideraba un artista. El tipo divertido e irónico. Eliminador de lo superfluo. Francesc Català-Roca en estado puro, por primera vez.
La sede viguesa de la Fundación Barrié de la Maza inaugura hoy la mayor retrospectiva realizada hasta ahora del prestigioso fotógrafo catalán; una cuidada selección de 150 imágenes en blanco y negro –de las cuales 30 son inéditas– que recorren el trabajo de uno de los grandes renovadores de la fotografía española, imprescindible en el documentalismo en España y referente imprescindible para las nuevas generaciones.
La muestra –coproducida por la Fundación y La Fabrica y que se puede visitar hasta el 30 de mayo– se completa con un documental sobre su vida y su obra, una muestra de sus instrumentos de trabajo y el magnífico libro "Català-Roca. Obras maestras", que investiga el procedimiento de trabajo del fotógrafo e incluye 300 de sus obras.
Además, la Fundación ha preparado un completo programa didáctico, paralelo a la exposición, con talleres para centros educativos, talleres para familias y visitas guiadas. "La faceta didáctica sigue siendo para nosotros muy importante para fomentar la cultura en la sociedad", indicó Javier López Martínez . director general de la Fundación Barrié.
La exposición viajará durante este año a Madrid y Barcelona y después esperan llevarla fuera de España.
El comisario de la muestra, el renombrado fotógrafo Chema Conesa, ha seleccionado dentro de la inmensa obra del catalán lo que consideraba más representativo. Para ello ha buceado en el impresionante archivo del fotógrafo, del que están catalogados unos 200.000 negativos, "todos ellos impecables, porque los que no le convencían siempre los destruía", apunta Conesa.
Conesa incidió, además, en que este fotógrafo que consiguió "una renovación total en la forma de contar" se consideraba a sí mismo un "profesional" y actuaba según los encargos, manteniéndose alejado de cualquier corriente y consideración artística.

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