08 de noviembre de 2008
08.11.2008
Pequeño reino

Bután: un país con indicador de Felicidad Nacional Bruta

08.11.2008 | 20:13

Desde la fidelidad a los principios budistas, el pequeño reino de Bután, que acaba de coronar a su nuevo monarca, "planifica" el bienestar de sus ciudadanos a través de un insólito indicador: la Felicidad Nacional Bruta.

"Un país no es bueno o está desarrollado porque tenga mucho dinero, sino porque la gente viva feliz unida y se preocupe por los demás", expone a Efe el secretario butanés de Salud, Gado Tshering.

El GNH, siglas en inglés de este original indicador, tiene "cuatro pilares", según Tshering: la conservación de las costumbres locales, el cuidado por el medio ambiente, el buen gobierno y el crecimiento económico.

Para velar por su correcto desarrollo, el Gobierno ha creado un organismo específico: la "comisión planificadora" del GNH.

El secretario de Salud subraya que, aunque la felicidad no se puede medir en términos cuantitativos, la comisión evalúa el crecimiento de la Felicidad Nacional Bruta en virtud de la evolución de estas cuatro bases.

"Un país tiene que apreciar más el concepto de felicidad que el concepto financiero o económico", abunda Tshering, quien lamenta irónicamente la importancia que se le da "al típico Producto Interior Bruto".

El Gobierno cree que principios como "vivir con los animales", evitar la "tala de árboles" y "mantener las bases de la sociedad intactas" están por encima de los datos macroeconómicos.

"Éstos son los verdaderos indicadores", zanja el secretario de Salud.

El concepto de Felicidad Nacional Bruta fue acuñado por el cuarto "dragón" de la dinastía Wangchuck, Jigme Singye, padre del rey recién coronado.

Los lugareños lo saben y por ello repiten a pies juntillas en qué consiste la felicidad para el pueblo butanés con las ideas de la monarquía de fondo.

"El pueblo ha alcanzado los objetivos de la Felicidad Nacional Bruta", proclamó ayer en su discurso Jigme Khesar Wangchuck un día después de recibir la corona de su padre.

Y nada parece alterar la complacencia de los apenas 600.000 habitantes del reino del Himalaya, que se deshacen continuamente en elogios hacia su rey.

Pero en el terreno de las libertades civiles, Bután es aún muy joven, ya que celebró sus primeras elecciones democráticas en marzo de este año y se halla inmerso en una lenta apertura.

El jueves pasado vio la luz el "Bután Hoy", el primer periódico que se publicará a diario en el remoto país surasiático, que tan sólo cuenta con otros dos rotativos en manos privadas, de carácter semanal o quincenal.

No en vano, Bután es una inexperta democracia que tiene en su anómala cámara baja un partido fiel al rey con 45 de los 47 escaños.

Y este régimen parlamentario fue "traído" por el monarca y "no por el pueblo", tal y como recordó el pasado día 5 en rueda de prensa el primer ministro, Jigme Thinley.

Además de la felicidad, una de las constantes en los mensajes de la monarquía es la homogeneidad cultural: las autoridades han instado históricamente a los ciudadanos a que vistan el tradicional "go", una especie de quimono hasta las rodillas típico de las etnias del centro y el norte de Bután, en especial de la dominante, drukpa o "dragón".

A finales de la década de 1980, el Gobierno, integrado por la elite drukpa, emprendió una violenta campaña que empujó a unos 100.000 butaneses de origen nepalí al exilio en el país vecino.

En eventos como la coronación del rey se hace más visible la intervención de las autoridades, que llamaron durante varios días en la televisión pública a celebrar el advenimiento oficial del nuevo monarca con "paz, armonía y felicidad" y cortaron las redes de conexión móvil durante varios días por motivos de "seguridad".

Pero miles de lugareños se acercaron el pasado día 6 al Fuerte de Thimbu para recibir la bendición del rey de Bután, país con un peculiar modelo cultural moldeado por la mano "feliz" del Estado.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
 
Enlaces recomendados: Premios Cine