24 de julio de 2008
24.07.2008

Un viaje al pasado por la Costa da Morte

24.07.2008 | 12:36
José Ricardo Lago, industrial: "Tener un vehículo antiguo era mi sueño desde niño" Lo que más anhelaba José era tener un coche "con puertas en forma de media luna", por ello se decidió a adquirir este Morgan Plus 4 de 1964 que, por mediación de unos amigos, compró en Estados Unidos.

Los integrantes del Club Gallego de Automóviles partieron ayer desde Samil hacia Santiago de Compostela para realizar una ofrenda al Apóstol

Hombres mayores de 45 años cuya pasión son los coches de edad longeva. Éste es el perfil general de los integrantes del Club Gallego de Automóviles Antiguos, propietarios todos de coches del género, cuyos motores ponen a prueba en la peculiar "Vuelta Galicia" que cada año organizan con motivo del día dedicado a la comunidad gallega.

A las doce del mediodía de ayer, partían desde Samil 25 coches de diversas épocas dispuestos a hacer la "Ruta Vigo- Costa da Morte- Santiago" con el objetivo de desembarcar el domingo en la capital compostelana para hacerle una ofrenda al Apóstol. Durante los cinco días de aventura, a los que se sumarán en carretera otros veinte automóviles, están previstas exposiciones en los distintos puntos de sus etapas, como Caión, Laxe, Carballo o Muxía. Aunque, sin duda, el plato fuerte es el programado para las 20.00 horas del sábado en la Plaza de Platerías de Santiago donde, conductores y acompañantes, lucirán trajes acordes con la época de su coche para intentar ganarse a un jurado elegido para la ocasión.

El verdadero propósito de la iniciativa es "intentar conservar un patrimonio que, de no ser por este evento, se perdería", afirma José Luís Blanco, presidente del Club. Al igual que el resto de participantes, Luís exhibe con orgullo su coche, un Mercedes 220 del año 1953. Algunos, incluso, tienen tantos que les resulta difícil precisar el número. Es el caso de Luís Lorenzo, propietario de "catorce o quince", aunque señala, "sólo tengo restaurado 6 ó 7". Y es que el arreglo cuesta tanto o más que el propio automóvil, que ronda los 60.000 euros. Sin embargo, el precio es lo de menos cuando se trata de cumplir un sueño de la infancia.

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