25 de abril de 2008
25.04.2008

El retablo gigante de Leiro

Retaule se enmarca en el centenario del Palau de la Música de Barcelona

25.04.2008 | 13:06
Buzo y esquiador, dos de las esculturas gigantes del retablo de Leiro.

Un astronauta gravitando en el vacío, dos buzos nadando por el espacio, un músico tocando la gaita, un esquiador y dos hombres agachados son algunas de las esculturas gigantes del “retablo barroco” que el escultor cambadés Francisco Leiro ha proyectado para el Palau de la Música de Barcelona, un trabajo que, confiesa, ha sido “un reto” para él.

El escultor Francisco Leiro (Cambados, 1957) ha proyectado para el Palau de la Música de Barcelona un retablo de doce esculturas gigantescas, realizadas con diversos materiales, repartidas por el muro de vidrio de la fachada lateral, obra de Óscar Tusquets, la plaza y el interior del edificio, que pueden verse desde ayer y el día 29 de junio. El artista cambadés han colocado dos de estas figuras en el suelo, como si se hubiesen caído de la pared y una tercera, un híbrido de centauro y ratón, en la entrada del Petit Palau, sorprendiendo a los visitantes.

El trabajo de Leiro, que lleva por título "Retauler", es un encargo de hace tres años que cuenta con el patrocinio de Caixa Girona y la colaboración de la Galería Marlborough y está expresamente ideado para este edificio, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991 y que este año conmemora su primer centenario.

Siguiendo el viejo ideal de la integración de las artes, el conjunto constituye, según su autor, una especie de retablo barroco actualizado, en el que los episodios sagrados han sido sustituidos por una serie de personajes insólitos, desde un astronauta que gravita en el vacío, a un robusto músico que toca la gaita, o a un esquiador que se precipita a gran velocidad. Por otra parte, dos buzos nadan a través del espacio, unos hombres agachados se esconden en un extremo y un "alter ego" monstruoso del artista trepa buscando una salida.

Leiro, conocido especialmente por sus trabajos en madera, reconoció ayer que este trabajo era un reto para él y que la colocación de las esculturas "fue como meter un barco en una botella".

Comentó que se tuvo que cortar una de las calles cercanas al Palau, utilizar una grúa telescópica y bajar las esculturas del tejado por un agujero de acceso a la fachada con la ayuda de un equipo de expertos en trabajos verticales en edificios. Sobre su concepción de las piezas, dijo que cuando recibió el encargo era para colocar unas piezas en el interior, pero creyó "que eso era muy difícil", por lo que se le ocurrió que debía trabajar en una instalación para la fachada, que veía "como un gran acuario".

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